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Una vez en completa soledad, Phantom se quedó sentado cabizbaja a la espera de que los drones de siempre se lo llevaran a su habitación donde volvería a aguardar con la silenciosa soledad que lo acosaba cada amargo día, no se sintió especial o importante, pero agradeció que el sentimiento de haber hecho algo bueno por alguien se quedara, esa sensación de darle paz a quien la necesitaba perduró en su corazón de tal forma que al dormir abrazaría su almohada y tendría un mejor sueño, soñaría con ayudar a cuantos lo necesitaran, ¿Qué podía ser más hermoso que ayudar y salvar vidas para ver qué hacían con una segunda oportunidad?
Se guardaría ese sueño para sí mismo, aunque al guardar silencio su mente le gritaba y podía presenciar dos versiones de sí mismo que se reflejaban en un gran espejo para debatirse sobre quien tenía la razón; uno creía en todo lo que le decían, creía que solo lastimaría y dañaría, mientras que el otro quería aferrarse a pequeñas victorias como haber salvado la vida de la señora Potter para mantener viva la esperanza plantada por Sullivan, la esperanza de llegar a ser lo suficientemente bueno como para callar todas esas creencias compartidas por la voz en la bocina.
Ante su enorme soledad, todos los científicos, incluidos Crane y Sullivan, quedaron en silencio… No hubo celebración, no hubo gritos ni comentarios, apenas el frío aire de los ductos de ventilación podía percibirse en Genexis Sciences, la idea de festejar un gran avance del mismo modo en que lo hicieron cuando el sujeto dijo sus primeras palabras parecía lejana, claro que representaba una victoria para el mundo de la medicina y los tratamientos de enfermedades, pero, por alguna razón, un profundo vacío compartido se cernía en todos los corazones al mismo tiempo.
Sullivan sentía sus lágrimas en los bordes de sus parpados, intentaba mantenerse estoico e imparcial con sus emociones, luchaba por usar los mismos trucos psicológicos como crear barreras entre él y todas esas cosas que lo afectaban, pero resultaba inútil para ese punto en que había tanto de su propia vida en ese lugar que por primera vez en mucho tiempo se permitió llorar en presencia de otros.
Crane, por su parte, aunque sentía una gran satisfacción de ver cómo había logrado su objetivo, una parte le era indudablemente dolorosa y solo sentía deseos de estar a solas con sus pensamientos, una idea aterradora cuando pensaba en cuanto podría recordar solo con haber visto el milagro de una enfermedad incurable siendo curada con propiedad sin dejar ninguna secuela, sabía lo que era y se había propuesto llegar a esa meta, sin embargo, tenía la misma pregunta que Sullivan y los científicos: ¿Por qué percibían una gran melancolía después de ver que alguien podía curar su enfermedad?
A veces la ciencia no se trataba del ¿Por qué? Sino del ¿Por qué no? Pero, era muy extraño que alguien se detuviera a reconsiderar si realmente querían saber las respuestas, la ciencia no era buena o mala, era lo que la humanidad se proponía con ella, pero sus resultados llegaban a ser, entre tantas palabras que podrían usarse para describirlos, un recordatorio de sus propios límites como seres mortales; ver como Phantom curaba una enfermedad, que por años arrebató la vida de tantos seres amados como si para él no fuera más que una costra, era como volver a ser niños en frente de sus familiares enfermos: abuelos, padres, madres y hermanos, todos los que alguna vez estuvieron postrados en una cama esforzándose por respirar pasaron por sus mentes, se presentaron en forma de espectros silenciosos frente a sus ojos cuando miraron de frente la cámara que revelaba al niño de cabello carmesí.
Se hicieron tantas preguntas: ¿Por qué tuvieron que tardar tanto? ¿Por qué no pudieron hacer más por sus familias? Todos esos hombres y mujeres de ciencia, esos eruditos en distintas áreas del conocimiento, se volvieron niños solo por un instante, niños que intentaban salvar a los que ya habían muerto, eran criaturas trágicas que lamentaban profundamente no haber tenido el poder de hacer más de lo que ya podían… El silencio predominó en todos, no hubo ni habría celebración, se concentrarían en sus trabajos para ignorar esa sensación que los carcomía como el hecho de haber tenido éxito a expensas de cientos de fracasos que seguían lamentando.
-Vaya a descansar, señor Sullivan, estoy seguro de que todos lo necesitamos ahora mismo.
-permitió Crane con una voz tranquila, bastante pacifica, demostrando haber sido afectado por el avance tanto como el doctor y los otros científicos-
Y él se desplazó en silencio como el alma errante que era, completamente sumiso, aceptando el hecho de que seguía actuando como una víctima de la vida, culpando las circunstancias, buscando a quien señalar además de sí mismo para confesar todo el dolor por el que su corazón había pasado, era algo que lo había lastimado por dentro en el pasado para que en el presente se arrodillara a buscar los fragmentos de su propio espíritu.
Cuando Sullivan volvió a su habitación se quedó por largo tiempo mirando la fotografía de su familia, estaba tan inmerso en su propia melancolía que ni siquiera pudo notar al dron que extendía sus brazos para tomar su maleta y ropa para lavar, la pobre criatura metálica se quedó por mucho tiempo en la misma postura esperando a que su amo le entregara sus cosas, algo que tardaría en lograr porque el doctor seguía abstraído en sus propios sentimientos.
“Si tan solo hubiera tenido la oportunidad…”