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Ella describiría en la posterior entrevista que la sensación era como si todas las hormigas de una colmena recorriesen su cuerpo comenzando por su pecho, cosquilleaba y arrastraban algo por su piel, algo que podría jurar que Phantom recibió en su cuerpo, dejando ese espacio vacío en la mujer, y por donde iba pasando el hormigueo su piel iba sanando, permitiendo que volviera a recuperar su tez.
No tardó mucho para que Crane y sus científicos detectaran como el virus fue desapareciendo del paciente, no lo detectaron con ninguna lente de las cámaras, el cuerpo de la mujer sanó sus heridas con una regeneración casi instantánea con la que ningún humano podría contar, Phantom había purgado aquella enfermedad de todo su cuerpo y, aunque ninguno lo esperaba, había cumplido su objetivo de sanar a su primera paciente: el sujeto de pruebas era capaz de curar hasta la enfermedad más letal de todas.
-Está hecho.
-confesó Phantom, retirando sus manos para volver a colocarse sus guantes, la voz guardó silencio después de eso y no fue tentado con hacer nada tan malo.
Simplemente se limitó a devolver la mirada al rostro recuperado y sonriente de Margaret que estaba perpleja por lo sucedido, tanto por la sensación como por el hecho de que el dolor se había esfumado-. También curé sus heridas, no creo que nadie merezca tener algo así, ¿Como se siente?
Margaret no lo podía creer, miraba sus manos para descubrir cómo sus venas poseían un leve rastro de resplandor carmesí después de haber tocado a Phantom, poco después ese brillo se desvaneció y solo quedó su propia piel recuperada después de tanto tiempo padeciendo por la enfermedad que consumía su carne.
Ya no temblaba, no se sentía como si ese vil espectro invisible siguiera dentro de su cuerpo, seguía sin creer que realmente hubiera sanado como por arte de magia… no, no era magia, sino un milagro, se dijo a sí misma al devolverle la mirada al niño que sonreía con gentileza y esperaba una respuesta, y al mirarlo no pensaba en brujería, ni en un monstruo ni mucho menos en un arma, lo veía como lo que pocos habrían hecho: un ser todopoderoso.
Las ojeras de su rostro habían desaparecido, probablemente su cabello podría crecer al ya no tener que volver a las quimioterapias, ya no parecía cansada como antes, todo ese tiempo de sufrimiento parecía nunca haber sucedido tras su encuentro con Phantom; no pudo evitar llorar, el entusiasmo, la esperanza, todo parecía haber sido recompensado de tal manera que pensó que seguía dentro de uno de esos tantos sueños en el que se curaba milagrosamente por la mano de dios, pero cuando se pellizcaba a sí misma se percataba de que estaba despierta, esa era la realidad y alguien le había salvado la vida como tanto deseaba.
- ¡Perdóneme, no quise hacerla llorar! -suplicó Phantom al colocar la cabeza contra la mesa, casi inclinándose ante ella, y esa emoción hizo que su collar pasara de verde a amarillo, provocando que un poco de electricidad lo recorriera aun con la cabeza contra la mesa-
-No, mi niño, no hiciste nada malo, estoy bien.
-confesó antes de tragar saliva para poder hablar-.
Es la primera vez en mucho tiempo que puedo decirlo.
Phantom comprendió que las personas también podían llorar por alegría, el alivio también podía provocar que su lagrimas fluyeran como un manantial, aquel rostro avejentado por la tristeza y el dolor se recuperaba, traía de vuelta las alegrías que en antaño creía olvidadas, provocando que el joven corazón de aquel niño que deseaba recibir amor se sintiera conmovido por la presencia de la mujer.
Pensó que era algo muy bueno porque había tenido la confianza y control suficiente para darle alivio a una pobre alma en busca de consuelo, había salvado la vida de una persona que tenía su propia historia para contar, era algo que adoraba por el hecho de que ahora la conocía, era un ser maravilloso tal y como él creía que eran todos los humanos, con algo que compartir y algo por lo cual apreciar lo hermosa que era la vida.
Margaret no pudo evitar caer de rodillas, con una mano cubría sus lágrimas que buscaban la manera de escapar de su rostro y con la otra se sostenía de la mesa, por un breve instante preocupó a Phantom, pero él entendió que no estaba adolorida ni sufría, su felicidad era tan grande y los latidos de su corazón tan rápidos que seguía sin creer que realmente hubiera encontrado ese milagro por el que tanto rogaba al cielo… El niño de ojos carmesíes era un ángel sobre la tierra, se dijo a sí misma, incluso podría llegar a creer que era la segunda visita del mesías que podía curar a los enfermos solo con tocarlos, era algo digno de un testimonio que nadie creería y renovaría su Fe solo con ver ese hermoso rostro sin pecados que mantenía una sonrisa.
-Gracias, gracias por existir, gracias por venir al mundo.
-alabó con palabras sinceras y deseos de abrazarlo, pero ni siquiera ella se sentía digna de acercarse a Phantom, creía que era un ser superior y que nadie merecía dirigirle la mirada.
Sin embargo, Margaret no sabía que a él le habría gustado solo recibir un abrazo y que le dijeran que había hecho un buen trabajo, le habría gustado ser tratado como un niño normal en lugar de que la señora lo viera como una especie de deidad era algo que le hizo sentirse triste a pesar de que ella había empezado a adorarlo-
-Es la primera vez que me agradecen solo por existir, pero no se preocupe, señora Margaret, solo hice lo correcto, no podría solo dejarla morir… No soy malo.
-confesó el niño, pero ella parecía no escucharlo, seguía de rodillas mientras lo alababa en silencio con rezos que él no entendía, dejando con un sentimiento de culpa a Phantom por sentir que le había dado una carga religiosa indebida cuando todo lo que él quiso fue ayudar-
No tomó demasiado para que los drones vinieran de vuelta para escoltar a la mujer una vez más, esta vez guiándola de vuelta al ascensor por el que había venido, y mientras ella se despedía alabando el nombre de Phantom como el de un mesías él simplemente se limitaba a despedirse con una sonrisa entristecida por el hecho de cargar con un papel que no le correspondía, no se sentía ni tan poderoso ni tan importante como Margaret le hacía creer, no sabía si era su propio desprecio a la idea de ser un mesías o si las voces del autodesprecio implantadas en él hacían que pensara cosas que no eran reales, pero los sentimientos estuvieron allí presentes hasta que la mujer salió de la habitación y dejó al niño a solas.