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-Pensar en aquellos que amamos… nos ayuda a tener las fuerzas para seguir adelante.
-compartió el niño, esmerándose para devolverle esa sonrisa, por más triste que pareciera realmente-
Margaret asintió, pensó que era una forma muy bonita de interpretar sus palabras, Phantom tenía una inteligencia emocional muy profunda que compensaba su falta de interacción social, era una lástima que una criatura tan hermosa tuviera que vivir encerrada en esos laboratorios, pero al mismo tiempo era mejor que no se relacionara con personas que solo podrían corromper la luz que emanaba de él, quizás lo mejor era que la belleza permaneciera lejos donde no pudiera ser alcanzada por la oscuridad de los pecadores.
-Así es, a veces tenemos la fuerza que necesitamos al pensar en aquellos en los que amamos.
Lo mejor que podemos hacer en este mundo es recordar a aquellos que nos aman, y decirles cuantos los amas tú también, decirles cuanto los quieres es lo que recordarán de nosotros cuando ya no estamos.
Muchas cosas definían a los humanos, tantos sentimientos que daban sentido a su estancia en la tierra, sin duda podía aprender mucho de cada persona que conocía, buena o mala, y Phantom mostró una sonrisa sincera al considerar que jamás dejaría de aprender sin importar cuanto tiempo pasara.
Asintió a las palabras de Margaret, mostrando que estaba de acuerdo con ese pensamiento tan bonito, algo que jamás olvidaría sería recordarles a sus seres queridos cuanto significaban para él, incluso si ellos a veces lo olvidaban, porque si en realidad llegaba a ser tan frágil y mortal como todos los demás, si Phantom llegaba a morir, entonces quería que recordaran cuanto amor podía sentir por ellos.
- ¿Tú amas a alguien, mi niño? -cuestionó con un interés sincero-
Él asintió conservando aquella sonrisa que lo hacía especial, expresando el sentimiento que tanto anhelaba y esperaba que fuera lo único que perdurara en su vida.
- ¿Y esa persona te ama a ti?
Phantom quedó en silencio por un momento ante la nueva incógnita, era algo que solía preguntarse a menudo, se cuestionaba si acaso su único amigo era capaz de amarlo de la misma manera, lo más gracioso y triste a la vez era que no tenía forma de responderse a sí mismo, no había manera de saberlo a ciencia cierta porque a veces ni siquiera estaba seguro de poder derribar ese muro de insensibilidad que separaba todos los corazones; no quería, no podía alejarse de los demás, porque él podía ver ese hermoso brillo carmesí dentro de sus cuerpos, podía ver como todos los corazones latían con un mismo sentimiento, latían con el mismo deseo de ser felices y hallar el anhelo de seguir con sus vidas, y al escucharlos podía entender que había algo bueno por lo que valía la pena seguir adelante.
-Eso espero.
-confesó con una sonrisa, siendo su propia esperanza lo único que podía compartir con Margaret en ese momento-.
Las personas son maravillosas cuando tienen la oportunidad, los humanos son hermosos en verdad.
Obviamente Margaret sabía que no todos eran buenos, probablemente era como se temía, ese niño nunca había salido de esos laboratorios por alguna razón que no podía entender, solo era una mujer de clase media sin muchos estudios, pero ver la alegría con la que se expresaba le rompía el corazón y no era capaz de quebrar sus ilusiones sobre las maravillas del mundo exterior… Lo mejor que pudo hacer para ese momento fue sonreír y asentir, darle la razón sobre cuan hermoso era todo en la vida, no le correspondía corregirlo pues la misma vida se encargaba de enseñarles a todos a buscar el equilibrio en un lugar donde ni la felicidad o la tristeza eran absolutas, todo era pasajero y tarde o temprano llegaba a su fin.
Dicho eso Phantom agradeció por haber conversado con él, al igual que con Sullivan, por primera vez se sentía genuinamente escuchado y sentía que podía mantener una conversación con alguien más, le habría gustado abrazar a la señora para demostrar su gratitud, pero le preocupó enormemente que sus propias emociones lo traicionaran y terminara por hacerle daño… Después de todo, eso era lo que la voz en las bocinas decía cada noche, quizás algún día podría abrazar a alguien, hasta entonces solo le quedaría servir para lo que lo había sido creado, pero, sobre todo, haría sentir orgulloso a quien más quería en la vida.
-Muy bien, no le quitaré más de su tiempo, ¿Quiere que comience? -preguntó Phantom, agradecido y conmovido por ese instante de calma-
-Claro, mi niño, lo que necesites.
-respondió Margaret, aunque en el fondo aún no confiaba plenamente en que ese tratamiento, cualquiera que fuera, tuviera resultado, pero hallaba cierta esperanza gracias a los ojos carmesíes que brillaban con cierto aprecio incomprensible para ella-
Tras eso, Crane vio la oportunidad perfecta, comenzaba a aburrirse y desesperarse por la plática entre ambos personajes, algo con lo que no todos los científicos estuvieron de acuerdo y algunos, por más extraño que parecieran, llegaron a sentirse conmovidos por el tiempo compartido entre Phantom y Margaret, era algo que no habrían esperado ver por parte de un niño que había convertido en sacos de carne a dos de sus camaradas, era algo extraño que un ser con esas capacidades tan perturbadoras pudiera llegar a sus corazones de una forma u otra, realmente esperaban que el resultado fuera desastroso para dejar de pensar en esa criatura como un niño del mismo modo que Sullivan lo hacía.
El doctor no pudo evitar soltar unas cuantas lágrimas, completamente en silencio, que se deslizaron por sus mejillas arrugadas, mientras observaba la pantalla y se preguntaba si estaba haciendo lo correcto al permitir que ese niño entrara en su corazón, sentía una profunda necesidad de pedirles disculpas a su esposa e hija por dejar de pensar en ellas, aunque fuera por un segundo, pero al percibir ese pensamiento Phantom también llegaba a su mente, y no podía sacarlo sin importar cuanto intentara insensibilizarse con sus propios trucos psicológicos.
El niño exhaló un gran suspiro, intentando disipar sus propios nervios, y procedió a quitarse sus guantes, siempre le habían dicho que nunca se los quitara sin importar nada, había pasado poco más de un año desde la última vez que pudo ver sus propias manos sin esa tela sobre ellas, pero al volver en sí podía verlas una vez más y apreciar su piel como la de cualquiera… Experimentó con flexionar cada uno de sus dedos, sintió como era volver a sentir sus palmas, y pudo percibir como la sangre corría con una velocidad impresionante ansiosa de estar en contacto con alguien, quien fuera, para obedecer sus necesidades.
-Tome mis manos, por favor.
-solicitó con una expresión bastante tímida tras extenderlas al centro de la mesa donde, por primera vez, tendría contacto directo con alguien más-
-Por supuesto.
-entonces ella hizo caso, reveló sus manos cubiertas por manchas negras como las del resto de su cuerpo, una señal bastante clara de la enfermedad que la carcomía por dentro-
“Activen los escáneres de las cámaras, revisen el pulso, encienden las lecturas de cáncer en el paciente”
ordenó Crane en cuanto Phantom hizo la petición, y de ese modo la gran pantalla fue intercalando periódicamente en aquellos sensores solicitados por el director, permitiendo que Sullivan pudiera ver que al principio Margaret contaba con una presencia muy alta de la enfermedad por todo su cuerpo, era como ver una persona enteramente consumida por esa enfermedad con una piel decadente que no le pertenecía, casi como ver a esos viejos no muertos de las películas antiguas de Romero, algo bastante deprimente a simple vista y tenían acceso a todo tipo de visión posible para remarcar esa situación conforme Phantom tenía contacto con ella.
En cuanto el niño tomó sus manos pudo notar muchas cosas; la mujer sentía mucho dolor, pudo compartir dicho dolor, su sangre estaba contaminada con algo monstruoso, era como escuchar el rugido de una bestia que la estaba devorando por dentro, era un depredador silencioso e invisible al ojo humano, y esa bestia notó su presencia como la de un invasor que amenaza con quitarle su comida.
Phantom cerró sus ojos para concentrarse, podía sentir su propia sangre ansiando por consumir todo lo que encontraba, ansiaba asimilar el cuerpo frente a él para aumentar sus fuerzas, o simplemente para satisfacer un hambre letal que ningún ser humano podía concebir en sus mentes tan pequeñas, incluso la voz en su cabeza notó esto y le habló mientras el niño luchaba por hacer el bien.
“Esta sensación, esta hambre, no puedes controlarla, necesitamos consumir, necesitamos deshacernos de todos para ser los únicos”
susurraba la tentadora voz que le recordaba que alguna vez, quizás en otra vida que no le pertenecía, llegó a comer cuerpos humanos.
No obstante, Phantom ignoró lo que su propia sangre le suplicaba y supo usar la conversación que habían tenido como la fuerza necesaria para marcar la diferencia había tomado sus manos con delicadeza y llamó la atención del monstruo que devoraba su cuerpo, tentó al virus para que lo consumiera a él en su lugar.
Toda esa forma de verlo solo existía ante los ojos de Phantom, quien podía ver cómo era padecer de algo tan nefasto, podía ver las consecuencias y todo lo que le depararía si no se hubieran conocido, de ese modo la piel de Margaret lentamente comenzó a sanar, las heridas se cerraron, la oscuridad se disipó y en su lugar quedó una tez limpia sin rastro de esa enfermedad, como si nunca la hubiera tenido en primer lugar.
Los ojos de Phantom brillaron momentáneamente con su típico carmesí, pudo sentir como la enfermedad pasaba a su cuerpo, pero en lugar consumirlo a él fue todo lo contrario, su sangre buscó y eliminó el virus antes de que pudiera siquiera hacerle algo, era sumamente delicioso acabar con el mal según llegó a creer y ver que Margaret sanó.