4 #2
La mujer no tuvo palabras para describir al niño cuando este levantó la mirada y le mostró una sonrisa tímida por debajo de sus hermosos ojos carmesíes, pues era un niño con facciones angelicales, sin ninguna imperfección que profanara su tez tan delicada como porcelana, pensó que quizás tenía lentes de contacto y el cabello teñido, pero su impresión fue más grande al descubrir que esa era su verdadera apariencia, era lo más normal que podía llegar a esperar de un ser tan extraño.
- ¿Hola? Creo que se confundieron de habitación.
-confesó la mujer, su voz ronca era más producto del dolor que de su edad, no era tan anciana realmente, sino que el mismo tormento de la enfermedad le arrebataba todo deseo de iniciar una conversación innecesaria, le habían arrebatado todos esos años que aún le quedaban de vida-
-No, es el lugar correcto, se lo aseguro.
-confesó el niño para luego levantarse y retirar la otra silla para permitirle que ella se sentara, un gesto muy caballeroso de su parte que había leído en los cuentos-.
Usted debe ser la señora Potter, mi nombre es Phantom.
-Sí, soy yo.
-dicho eso ella se acercó a la silla para descansar, dejando en la mesa frente a ellos su bastón conforme el pequeño dron que la había acompañado los dejaba a solas-.
¿Qué clase de nombre es Phantom?
El niño simplemente se limitó a encorvar lo hombros, admitiendo que ni él mismo estaba seguro de la respuesta, pero por los momentos era la mejor forma de llamarlo mientras se conocían y se preparaban para lo que tanto habían esperado.
Sullivan y Crane, así como los científicos en el piso superior, espectaban todo a través de la gran pantalla gracias a las cámaras, tenían varios ángulos de lo que estaba a punto de suceder, lo que más esperaban era que la mujer actuara con desesperación y le pidiera a Phantom por la cura, cosa que pondría nervioso al niño y terminaría por acabarla del mismo modo que lo había hecho con sus primeras víctimas, esa imagen que tenían del monstruo con forma de niño capaz de controlar la sangre y el genoma les hacía incapaces de ver más allá de su prejuicio, no podían creer que tuviera otras capacidades que no fueran las de lastimar a todo aquel con el que se cruzara, era algo que Sullivan odiaba pensar, pero creía que era el único resultado que podía esperar, a pesar de lo que le había dicho al niño el día anterior, pues en su corazón pensaba negativamente en todo.
Hubo un instante de silencio entre ambos, eran como un par de animales intentando reconocerse con la mirada, mientras que uno temblaba y actuaba como un manojo de nervios, preocupado por no ser lo suficientemente bueno como para salvarla, la otra lo admiraba como a una criatura perfecta, mirando en sus ojos carmesíes cierto atractivo indiscutible, era igual que ver una figura angelical por la extrema pureza que emanaba como si fuera su verdadera esencia.
Era esa misma perfección la que hacía que instintivamente sintiera rechazo hacia Phantom, porque no era posible que existiera una persona, aunque fuera un niño sin pecados, tan perfecta como ese pequeño de cabello rojo posiblemente era un espejismo causado por su propio dolor y en realidad le estaba hablando a un cuarto vacío.
-Los científicos me dijeron que me darían una cura para mi cáncer, ¿Tú me entregarás esa cura, mi niño? -cuestionó Margaret, sumamente intrigada por ese encuentro como para concentrarse en la belleza del pequeño frente a ella o para cuestionarse su naturaleza tan curiosa como la de un canino-
-Oh, pues ellos esperan que yo sea la cura, así que me encargaré de sanar su enfermedad.
-confesó Phantom con entusiasmo, sin mostrarse demasiado emocionado para no darle falsas esperanza, solo actuaba como solía hacerlo con Sullivan, aunque en el fondo estaba genuinamente interesado en ayudarla-
La reacción esperada por los científicos era de rechazo y desprecio, esperaban que esa revelación hiciera que la señora se enfureciera al creer que se trataba de un engaño, era la forma más lógica en que una persona a la que le fue prometida una cura podría reaccionar, y eso también podría desencadenar en esa situación tan complicada en la que él acabaría con su vida, pues eso era lo que esperaban ansiosamente para darles la razón de la verdadera naturaleza de un ser ligado a la sangre.
Sin embargo, la misma señora Potter desafió todo resultado esperado, aunque no lo sabía realmente, pues lo único que hizo fue mostrar una pequeña sonrisa para el niño mientras contenía su risa entre sus dientes, era una leve carcajada ahogada por el dolor que haría una abuela por los gestos tan tiernos de su nieto recién nacido.
Phantom también sonreía, sumamente alegre por ver cómo podía divertirse a pesar del dolor, era algo que querría aprender para ser feliz aun si llegaba a ser el día más triste de su vida o si llegaba a sufrir tanto como ella lo hacía; los científicos estuvieron algo desconcertados por su reacción, hasta el mismo Sullivan, quien no podía entender como alguien con una enfermedad tan letal podía mostrar ese rostro lleno de luz a pesar de lo sombría que era su realidad, entonces permitieron que la señora Potter dejara de carcajear de esa manera para revelar lo que le había causado tanta gracia.
-Ya veo, así que tú me curarás… -confesó, dejando escapar un leve suspiro bastante adolorido, pero seguía sonriendo a Phantom-.
No creo que puedas hacerlo, mi niño, he tenido esta enfermedad por más de un año, nada me ha podido salvar, pero intentarlo no puede ser peor que no hacer nada, ¿Cierto?
La sonrisa se Phantom iba desapareciendo conforme la señora compartía un poco de su historia, poco a poco fue entendiendo que su sonrisa no era de felicidad o diversión, sino de resignación, hacía mucho que había aceptado su propio destino que ni siquiera le molestaba intentar algo que podría matarla antes de tiempo, entendió que la enfermedad no era la peor parte de ese doloroso proceso, sino algo que provocaba que su corazón se rindiera a la fatalidad de la vida.
- ¿Te puedo contar algo, mi niño? Creo que hace mucho tiempo que no veo a un niño tan pequeño como tú, y si en verdad eres mi única esperanza, al menos puedo confesar mis últimos pensamientos antes de dejar este mundo.
-Claro, yo la escucharé, señora.
-confesó Phantom, con sus manos enguantadas sobre la mesa pasando una encima de la otra como gesto de nerviosismo-
Ella agradeció su comprensión, pensó que era un niño bastante maduro y amable para la edad que aparentaba, esperaba que no fuera algo muy triste o aburrido lo que estaba a punto de decir, todo en lo que podía pensar era que sería la última vez que alguien la escucharía como una persona normal y no como una enferma, era agradable pensar que debajo de todos esos hombres y mujeres de batas blancas con números, estadísticas y formulas, había un ser tan puro como un ángel que le permitía sentirse recibida en los reconfortantes brazos de una persona real.
-Mi esposo murió hace algún tiempo, me quedé sola con mi hijo, creo que tienes la misma edad que él, pero esta enfermedad me preocupa tanto porque siento que lo dejaré solo en este mundo.
-confesó, dejando salir un suspiro cansado a través de la triste sonrisa que adornaba su expresión-.
Es un lugar tan hermoso allá afuera, lleno de cosas buenas y malas a la vez, lleno de tantas personas y lugares a donde ir… y pensar que ya no estaré para ver nada de eso, o que mi hijo se quedará solo, hace que me sienta peor de lo que ya me siento, hace que realmente ya no me importe tomar riesgos como este.
Phantom guardó silencio mientras escuchaba, había algo en esas palabras que le hacían querer llorar, podía comprender el sentimiento a la perfección, pero entendía que debía controlarse porque no quería que el collar lo electrocutara, podría preocupar enormemente a la señora Potter, incluso asustarla, y no quería hacerle creer que no quería que estuviera allí, sabría controlarse para tener su compañía por tanto tiempo como fuera posible porque era la primera mujer que veía en mucho tiempo, fácilmente podía creer que era su madre por la forma en que lo miraba y por ese hueco que podría ocupar la figura materna que siempre había escaseado en su vida.
Sullivan miró a Crane de reojo, a pesar de que el director estaba mirando con suma atención a la gran pantalla que lo grababa todo, porque el doctor pudo detectar la mentira de Crane cuando la señora afirmó tener un hijo, había tomado el riesgo de morir y dejar a su único familiar solo en el mundo, no sabía si podía culpar al director y sus científicos, sabiendo que en cualquier caso serían respaldados legalmente para dejar a un niño completamente huérfano.
Ya había escuchado que el fin justificaba los medios, pero ver de frente lo que estaban dispuestos a hacer con una gran insensibilidad era suficiente para que consiguiera despreciarlos por lo horrendos que podían ser esos experimentos, aunque fuera con una mujer en estado terminal, verla hacer todo lo posible por sobrevivir y regresar con un ser amado era suficiente para despertar nuevamente su propia melancolía.
“Se ha resignado a morir, pero ni así permite que la tragedia sucumba, no se permite perder la esperanza por otro.
Se permite creer no por sí misma, sino por aquel que lleva en su corazón… Casi siento que recuerdo cómo se siente creer en alguien más”
pensó Sullivan al ver como la conversación entre Phantom y Margaret se tornaba ligeramente más esperanzada con cada palabra que salía, pues la mujer conseguía darse ánimos de tener una nueva oportunidad de sanar y regresar con su hijo, algo a lo que Phantom asentía en todo momento mientras escuchaba con sinceridad, mostrándose como ese desahogo que necesitaba después de tener tanto miedo por dejar a alguien solo.
-Si pienso solo en mí, no siento nada más que tristeza y desesperanza, pero cuando pienso en mi hijo siento tantos deseos de vivir, siento que aún tengo mucho que hacer antes de partir.
-confesó la mujer, sonriendo al ver como Phantom realmente escuchaba todo lo que tenía que decir-