El fantasma carmesí 3 #8
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No podría haber imaginado que Crane se sentía como un niño impotente frente al doctor, como volver a ser un pequeño que miraba a esos adultos que susurraban cosas malas, que buscaban con tanto anhelo una forma de salvarse sin ver que el niño también se veía afectado por ello y deseaba con tanto fervor ayudar que terminaba por verse atrapado en su propio silencio a la espera de que la muerte se los llevara.

Crane soltó un largo suspiro y miró a través del ventanal hacia el fondo del laboratorio, allí todos los científicos seguían trabajando con muestras nuevas, con cuerpos de animales para ver como reaccionaban a la sangre del sujeto, y con esas jaleas de colores con mente propia que reaccionaban a distintos estímulos; todas esas personas hacían su trabajo para vivir, porque les apasionaba la ciencia, porque querían cambiar el mundo, todos tenían sus propias razones como había escuchado decir a cada uno de ellos en sus entrevistas grabadas… Pero le parecía curioso que ninguno tuviera sus mismas razones, aunque superficialmente las consideraba tan vacías e inútiles por el tiempo que había pasado, pero en el fondo era el anhelo de un niño.

-Si usted tuviera solo una oportunidad de salvar a un ser amado de una enfermedad mortal, de sacarlo de su cama y tomar su mano para volver a caminar, ¿Qué estaría dispuesto a hacer para lograrlo? -le cuestionó Crane, sabiendo perfectamente que esas palabras eran todo lo que requería para obtener el silencio de Sullivan, devolviéndole la mirada al doctor después de decirlo para ver su reacción-

Hubo silencio entre ellos, ambos conocían perfectamente el sentimiento, había algo de melancolía en el aire por lo que esa situación hipotética provocaba en ellos, naturalmente brindaba cierta tristeza por tratarse de una situación tan lamentable que llenaba sus corazones de impotencia, ni como niños ni como hombres era posible escapar de las garras de ese frío sentimiento, al estar frente a la cama con un ser amado esforzándose por respirar, en un día perfecto para salir a pasear o comer un helado, ni por más estudios o dinero que poseyeran podían escapar del trágico sentimiento que representaba perder a un ser amado por algo tan cruel como una enfermedad.

Sullivan apretó sus puños, la melancolía se mezcló un poco con la rabia por haber sido cuestionado por algo tan personal, pensó que Crane era un desgraciado por usar algo tan bajo como su propia pérdida para justificarse era algo sumamente cruel sin importar que fuera su superior para ese momento o que pudieran controlar todas las enfermedades del mundo a través de un niño… Sin embargo, esa rabia se vio disipada cuando Crane volvió a hablar para agregar algo más en vista de que Sullivan no parecía tener intenciones de responder a su pregunta.

-Mi madre murió por leucemia cuando yo era un niño, tenía la madurez suficiente para ayudarla en todo lo que podía; alimentarla, bañarla cuando ya no podía moverse por el dolor, atender sus necesidades o correr al hospital después de clases para volver con ella, verla en ese estado casi vegetal, incapaz de hacer algo por sí misma de nuevo, apenas con fuerzas para tomar mi mano, era sumamente doloroso.

Quería que yo viviera y me hiciera un hombre de bien, algo que todas las madres dicen, pero nunca supo que mi deseo era que ella pudiera curarse, no importaba el costo o lo que tuviera que hacer, habría hecho lo que fuera por salvarla.

Crane guardó silencio por un momento, no mostraba sus sentimientos y supo guardarse sus lágrimas al soltar un profundo suspiro para recobrar esa expresión estoica y segura de sí misma que siempre tenía, no le molestaba en absoluto tener que compartir algo tan personal porque había aprendido que de nada servía llorar por ello, no seguía llorando por su madre porque eso había sucedido hacía muchos años, pero si algo aprendió de eso era que las enfermedades seguirían siendo la verdadera fuerza imparable, era lo único que podría hacer que los más grandes se arrodillaran.

-Mamá murió un cuatro de julio; los cohetes iluminaban el cielo, los cantos inundaban las calles, los colores de una bandera estrellada impregnaban todo lo que podía mirar… Sin embargo, fue el día más silencioso y gris de mi vida, no podía pensar en nada más.

-agregó Crane con un pequeño ápice de tristeza que había aprendido a ocultar- Crane veía en ese proyecto la oportunidad de eliminar todas las enfermedades cuando lo quisiera, si él o su familia volvían a padecer de alguna se encargaría de extirparla de raíz con el sujeto de pruebas, si algún día alguien a quien quería volvía a sufrir entonces lo salvaría: a largo plazo no le importaba el control ni las ganancias que podrían sacar de los pobres o de los ricos del mundo, lo único que le importaba era jamás volver a sufrir de esa amargura en su vida, todo en lo que podía pensar era en eliminar ese horrible sentimiento de impotencia que lo había dominado hacía tantos años como un niño adolorido.

-He recorrido un largo sendero para llegar a donde estoy, para tener la oportunidad de controlar el verdadero mal de nuestros tiempos, y no me importa lo que tenga que hacer, lo conseguiré con o sin ayuda de los demás, doctor Sullivan.

-confesó Crane conforme devolvía la mirada al ventanal para perderse entre sus pensamientos-.