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El niño no pudo evitar llorar, aunque sus lágrimas eran rojas, pero al hacerlo conservaba la sonrisa que era capaz de esbozar gracias a Sullivan, a pesar de que parecía consternado por la sangre que caía por sus mejillas no le preocupaba porque sabía que no era nada extraño… Simplemente era de esa forma, y lo aceptaba como era.
No sería su última lección, pero sí una muy importante para que supiera hallar la fuerza para superar la adversidad de un nuevo día, porque si nacer era el mayor milagro lo que venía después de eso solo dependía de ellos, de lo que estaban dispuestos a hacer para convertir ese milagro en una verdadera alegría, convertirse el sinsentido del ¿Ahora qué? En un viaje antes y no en un despropósito, en una búsqueda en el exterior de algo que jamás estuvo allí, al menos esa era la forma en que Sullivan le habría gustado compartirlo con Phantom, pero entendió que hacerlo significaba negar la forma en que él mismo actuaba, significaba contradecir la forma en que vivía con tanta melancolía todos los días llorando por fantasmas antes que aceptar la posibilidad de vivir una vez más.
Phantom, en cambio, aprendió lo que significaba tener un poco más de confianza en sí mismo, lo que significaba tener la fuerza de voluntad necesaria para levantarse un nuevo día y volver intentarlo una vez más; miró sus manos enguantadas, llevaba mucho tiempo sin ver su propia piel, se preguntó si podría recordar la sensación de tocar a otra persona y usar sus poderes para escuchar la voz interna de otra persona a través de la sangre, y aunque seguía sintiendo miedo por ello abrazó la posibilidad de que algo bueno también podía ocurrir… Porque así se lo había enseñado su padre.
Finalmente llegó la hora de partir, ambos estaban sumamente nerviosos por lo que podía llegar a suceder mañana, probablemente serían incapaces de dormir, pero Sullivan le deseó la mejor de las suertes y le recordó que debía tener confianza en sí mismo y en lo que haría, debía demostrarles a todos esos científicos que no era un arma ni un monstruo, tendría la oportunidad de probar que era tan humano como ellos, y Phantom lo aceptó con una tierna sonrisa antes de que el hombre saliera de la habitación blanca para despedirse por otro día.
Sullivan llegó al piso superior, todos los científicos parecían consternados, sus expresiones silenciosas delataban que estaban sumamente nerviosos por el próximo día, sin importar cuanta experiencia tuvieran con ese entorno tan frívolo y con la malicia de aquellas salas donde los voluntarios iban a morir o mutar, era inevitable que un día tan importante que definiría el curso de sus esfuerzos los pusiera tan nerviosos.
Sullivan fue invitado a la oficina de Crane donde el director tenía planeado sincerarse con él, no podía imaginar de qué se trataría, pensaba que quizás había hecho algo que le disgustó, quizás seguiría profesando acerca de cómo el control de las enfermedades y de un arma biológica tan poderosa los haría recuperar la posición del humano en la cima de la cadena alimenticia.
La oficina de Crane era algo solitaria, ubicada por encima de las plataformas superiores, con uno de esos largos ventanales que lo hacían invisible para los demás científicos, pero a él le permitía ver todo con suficiente claridad como para sentirse invisible.
Tenía un escritorio, algunas macetas, una única silla del otro lado de su escritorio donde los invitados podían sentarse bajo las frívolas miradas de las pinturas de todos los superiores, algunos de figuras políticas reconocidas y otras de personajes que Sullivan no conocía del todo, pero aquellas siluetas imponían un terror absoluto a pesar de tratarse de pinturas enmarcadas.
Al tomar asiento intentó cuestionar la razón de su llamado, pero Crane se encargó de interrumpirlo para explicarlo.
-El sujeto tendrá su primer encuentro con un paciente el día de mañana, ¿Cuál cree que será el resultado?
-Es impredecible, Phantom es un niño… Quiero decir, un sujeto emocionalmente inestable, me temo que será bastante dependiente para tomar decisiones por sí mismo, hice todo lo que pude para darle esa confianza que necesita para interactuar con otro además de mí, pero ya lo que suceda dependerá de él.
-confesó Sullivan con bastante desdén por tener que corregirse y referirse a Phantom como un sujeto de pruebas como Crane prefería hacerlo-
Crane sujetó su barbilla mientras escuchaba, la explicación de Sullivan parecía complacerlo sobre todo en la parte en que resaltó que era alguien dependiente para tomar sus decisiones, era la clase de sumisión que esperaba conservar para que pudiera serles de utilidad en el futuro que tenía en mente cualquiera que fuera el resultado del encuentro de mañana.
Entonces volvió a tomar la palabra para compartir con Sullivan las características del paciente que los visitaría.
-Uno de nuestros voluntarios es una mujer migrante sin papeles en el país, es una anciana con cáncer de piel en etapa terminal, no tiene esperanza ni salvación, así que accedió a este proceso porque se lo vendimos como si fuera la cura milagrosa.
Es fácil hacer que acepten cuando no tienen ninguna salvación, y en caso de que suceda algo horrible importará mucho menos de lo normal, sin papeles es fácil hacerla pasar como desaparecida.
-Eso… director, eso suena sumamente horrible e inhumano, ¿Como puede decirlo de esa manera sin que le afecte? ¿Acaso usted no tiene familia propia?
Esa pregunta borró toda calma del rostro de Crane, no había sonrisa llena de confianza ni satisfacción en lo que le había cuestionado, era una expresión fría e intranquila que intentaba ocultar cuanto le había afectado lo que le dijo, fracasando en el intento por aparentar que tenía el control de sus sentimientos, sin embargo, Sullivan era un buen psicólogo y podía notar en su mirada perdida que sus palabras lo habían afectado al recorrer un recuerdo poco agradable para él.