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Tenían muchas hipótesis del por qué esos cuerpos reaccionaban de esa manera a la exposición con la sangre de Phantom, pero nunca una teoría concreta, solo debían esperar a ver como resultaban con el tiempo y notar los cambios que les quitaba el sueño con muchas horas de investigación y análisis, era algo que Genexis Sciences prefería mantener oculto con mucho recelo porque en parte creían que nunca lograrían nada con los voluntarios, pero cual fuera el cambio que presenciarían lo aprovecharían para su beneficio.
Esa noche Phantom miró sus películas una y otra vez, las emociones que le transmitían nunca cesaban, y en su poder era como tener una ventana al mundo exterior, la única forma de conocer lo que había más allá de los muros blancos donde los fantasmas siempre lo mantuvieron cautivo.
Su mente estaba tan fascinada por las luces y los colores, los personas y emociones, que era capaz de ignorar, aunque fuera por un momento, esas terribles angustias que le hacían pasar al considerar la fatídica posibilidad de convertirse en un arma, igual que con Sullivan, su mente le permitía abrir sus alas para emprender el vuelo por un cielo imaginario, un paraíso personal donde sus memorias se reciclaban para volverse mejores.
El niño pudo sentir como la sangre volvía a caer por su cabeza, no lo hacía desde esa ocasión en que fue electrocutado por su collar, era la primera vez que la sangre y la voz emergieron ante emociones positivas y no por un ataque de estrés, era la primera vez que al mirar a un lado de su cama podía ver a la amarga criatura alargada de cola y cuernos sin sentir miedo de ella… Una parte le hizo saber en silencio que solo quería hacerle compañía, no le iba a recriminar por sus actos ni velaría egoístamente por sus intereses, dijo que solo quería ver películas con él, aunque fuera solo por una noche, algo que el niño respondió con una sonrisa mientras regresaba la mirada al televisor.
Lo cierto era que Phantom comenzaba a sentirse mejor consigo mismo, empezaba a ver la virtud de esperar a que las cosas buenas vinieran a él, incluso llegaba a olvidar que cuando no miraba películas, hacía tareas o estaba con Sullivan, los científicos seguían experimentando con su cuerpo a través de los drones que lo usaban como un muñeco de trapo, todos esos momentos tan amargos se bloqueaban en su memoria cada vez más selectiva, y su inmunidad al dolor físico le permitía sobrellevarlo con más facilidad.
La criatura no dejaba de impresionarse por los efectos tanto como el niño lo hacía, después de todo seguía siendo una parte de él, compartían más de lo que habría podido admitir mientras elevaba la cabeza y miraba a través de los muros a aquellos hombres de batas blancas que se movían en los pisos superiores.
Él atribuyó la calma de su otra mitad por ser la primera vez que la había invocado con sentimientos positivos y no con el resentimiento que poblaba su corazón, creía estar seguro de que eso realmente afectaba la manera en que se presentaba y le susurraba por las noches… A pesar de seguir siendo algo desconocido de sí mismo, como un complemento de todas sus habilidades aún por descubrir apreciaba genuinamente su compañía.
“¿Crees que aún seré parte de ti cuando ya no sientas miedo?”
pensó que era la primera vez que esa voz sonaba tan confundida, tan preocupada por lo que podía llegar a pasar, y en cierto sentido se compadeció de ella porque sabía lo que era tener preguntas sin respuesta, sabía lo que era hablar y sentirse como si no existiera; le habría gustado responder con palabras y no con sus propios pensamientos, pero le preocupaba mucho que las cámaras pudieran captarlo hablando solo y usaran eso como una excusa para volver a experimentar aunque fuera tan tarde por la noche, le preocupaba darles una nueva excusa para usar las maquinas del dolor, como él llamaba a todas las herramientas que estaban dispuestos a usar.
Phantom tomó la mano intangible de la criatura y le mostró una sonrisa, aunque su horrida figura demoniaca no supiera como sonreír, simplemente se quedó allí para disfrutar de la película mientras aún podían hacerlo, mientras la ignorancia sobre el futuro se cernía sobre ellos y decidían admirar lo poco que quedaba de ese presente tan neblinoso; en la oscuridad de la habitación, con una gran soledad según lo que las cámaras podían percibir, Phantom disfrutó de su noche de películas y esperó ansioso por la llegada de un nuevo día, se quedó a la espera de que el sol, aunque nunca lo había conocido, volviera a salir para iluminar sus caminos.
Por otro lado, a Sullivan le costaba mucho dormir, no solo sus típicos pensamientos autodestructivos lo rondaban, sino también las tenebrosas posibilidades de lo que podría acontecer pasado el día siguiente, faltaba muy poco para que Phantom tuviera contacto con lo que sería su primera paciente, ni siquiera él podría estar presente para calmar al niño si sus nervios llegaban a traicionarlo, si curaba o mutilaba a esa pobre persona dependería únicamente de él; ser o no ser un arma, ese era el pensamiento que rondaba la cabeza de Sullivan cuando recordaba a Phantom, y le preocupaba enormemente lo que pudiera surgir a partir de ese punto, lo que Crane y su parvada pudiera tener en mente le resultaba desconocido, pero lo que sabía era que estaban dispuestos a llegar muy lejos por sus propios objetivos.
Ver la foto de su familia le daba algo de fuerza para resistir lo que presenciaba cada día, lo que sentía y percibía con una intranquilidad abrumadora en torno a las criaturas de Genexis Sciences, sobre todo en torno a ese pequeño animal de ojos carmesíes que suplicaba por un poco de amor.
El ángel caído y usado por los humanos buscaba bondad en ellos a través de todo el odio que habían conocido, el elemento central estaba en que no eran tan diferentes por más que Crane insistiera en lo contrario, como todas las criaturas que poblaban la tierra del nuevo siglo, podían sangrar y sufrir una crisis por cosas que realmente no entendían e insistían con mucha terquedad por darle un significado complejo a lo más sencillo, y en su búsqueda personal creaban una barrera con todos los demás para no verse traicionados por sus propios sentimientos, decían estar solos donde podrían estar con todos.
Sin embargo, Phantom era el único ser inocente que buscaba una manera de romper esas barreras, porque al concentrarse lo suficiente algo que podía descubrir en todos los hombres adultos, y en sus hermanos imperfectos que morían todos los días, era que todos tenían un flujo de energía que siempre se movía por sus cuerpos, todos poseían un resplandor carmesí como un faro en medio de las tinieblas, pero lamentaba que él fuera el único que pudiera verlo como para entender que estaban conectados, lamentaba que aunque fuera capaz de decirlo ellos jamás lo entenderían.
“Mañana será diferente”
era un pensamiento, una idea, un deseo; no surgía solo de Phantom o de Sullivan, surgía de todos los que ansiaban el paso del tiempo para contemplar sus sueños hechos realidad, para encarar la posibilidad de que un nuevo día realmente pudiera traer consigo esos logros que tanto ansiaban en busca de ver todos sus esfuerzos recompensados, de ver en aquellas cosas que habían puestos sus esperanzas un poco de la calma que había escaseado.
Para algunos el sueño era recibir amor, para otros el sueño era volver a ver a sus familias y para pocos el verdadero sueño era tener el poder para no sufrir por la pérdida de aquellos a los que amaban.
Al día siguiente ambos volvieron a verse como cada tarde, Phantom se hallaba bastante animado por ese encuentro como si hubiese tenido que esperar mucho por ello, su alegría se vio delatada por el collar que pasó de verde a amarillo y lo recorrió una pequeña corriente que consiguió doparlo nuevamente, Sullivan despreciaba verlo retorcer ligeramente la cabeza y arquear la ceja por el dolor.
-Oye, ¿Tienes hambre? Esta vez te traje unos cuantos panecillos de la cafetería, están rellenos de dulce de leche.
-ofreció Sullivan al estirar una pequeña bolsa de papel donde trajo los bocadillos únicamente para compartirlos con el niño-
- ¡Gracias, señor Sullivan!
Como siempre, Phantom se mostró entusiasta por probar una nueva experiencia que dibujó una sonrisa en su expresión y le permitió sobrellevar sus propios pensamientos, para ese instante, solo con cerrar los ojos y saborear en su paladar la delicia del panecillo era suficiente para calmar sus propias emociones.
El niño, en su completa inocencia y bondad, partía los panecillos a la mitad para darle una a Sullivan, no toleraba ser el único comiendo, no importaba cuanto insistiera el doctor en que todos eran para él, Phantom insistía en compartirlo para que comieran juntos, y en su mirada de cachorro pudo entender que no se quedaría en paz hasta que aceptara comer juntos.
Era realmente extraño volver a comer con un niño al que tenía que instruir para que no se llenara de migajas, era extraño tener que usar una servilleta para limpiar sus mejillas y luego darle pequeños bocados como a un infante, eran situaciones tan cotidianas que Sullivan nunca pensó que volvería a vivir después de tantos años, pero allí estaba, alimentando y cuidando de un niño que no era suyo, pero a pesar de saberlo su corazón no lo aceptaba, con una sonrisa ayudó a Phantom mientras este seguía comiendo los panecillos.