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El autodesprecio con el que se expresaba era completamente comprensible al ser lo primero que había conocido, desprecio, dolor, pánico y temor por todo lo que llegaría a ser, no habiendo interpretado la posibilidad de elegir, nacido y criado dentro de unas paredes blancas era imposible llegar a creer en algo tan absurdo para él como la libertad y el amor.
Aun así, era tanto su anhelo de ser un niño normal que al cerrar sus ojos y abrazar por las noches el paño que Sullivan le había regalado creía con fervor que existía una posibilidad, aunque fuera muy minúscula, de creer que en algún lugar un verdadero hogar esperaba por él con alguien que pudiera recibirlo con un abrazo, su mayor sueño, y ahora que podía hablar podía compartirlo con él.
-Si le soy sincero doctor, he aprendido más de lo que usted cree, aprendí que las personas siempre desean algo, los animales desean, e incluso las imitaciones como yo podemos desear… Sinceramente anhelo ser al menos una copia de todo lo que usted dijo, quisiera ser alguien que puede ayudar a quien lo necesita, no lastimar por placer ni gritar cuando no hacen lo que pido, deseo hacer lo necesario para cumplir mi sueño.
-Phantom, realmente no hay razón para que no sea así, estas paredes, este laboratorio, no tienen por qué ser los que decidan todo lo que tienes que ofrecer.
-Sullivan intentó motivarlo, y por un momento creyó que realmente lo estaba logrando al ver que el niño levantó la cabeza para devolverle una tierna sonrisa, genuinamente agradecido por haber escuchado unas palabras tan dulces-.
Phantom, ¿Cuál es tu sueño?
El niño se tomó un momento para suspirar y reunir las fuerzas necesarias para volver a hablar, desde que había adquirido esa habilidad no le había costado volver a pronunciar ninguna palabra, pero revelar sus sentimientos formaban un conjunto de palabras e ideas que le eran difíciles de compartir, ¿Todas las personas pasarían por esa sensación en que al compartir algo tan personal se sentirían ahogadas? Fue una incógnita que no podría responder por sí mismo, pero algo en su interior le decía que todos pasaban por lo mismo, a todos los seres vivos se les dificultaba confesar sus verdaderos sentimientos porque eran vulnerables, se revelaban ante los demás, y si había aprendido algo de sí mismo en esos laboratorios era que a que nadie le gustaba ser vulnerable porque nadie quería ser herido.
No obstante, era inevitable salir lastimados sin importar cuanto lo intentaran, la verdad era que las personas estaban diseñadas para sufrir, desde niños como él hasta ancianos como Sullivan, todos venían a sufrir de una manera u otra, a pesar de que conocía bien su propio dolor jamás podría comprender del todo por qué Sullivan siempre lucía tan triste… Pero, pensó que al menos por ese momento podría abrirse con la única persona dispuesto a escucharlo en lugar de decirle qué hacer.
-Quiero poder abrazar a alguien sin lastimar a esa persona.
-confesó con una pequeña sonrisa que cualquier niño esbozaría-.
Y si usted cree en mí, entonces intentaré hacerlo también.
Su voz se mantenía en esa pequeña franja entre la desesperanza y el optimismo, intentaba recobrar ese sentimiento que le era tan extraño para ver a Sullivan y que su conversación tuviera un poco de la esperanza que el niño tanto necesitaba para sobrevivir, quería que Phantom se sintiera tan bien consigo mismo como fuera posible para que lograra el objetivo de Crane y los científicos… Pero lo que no pudo prever fue que él también terminaría por sentirse mejor consigo mismo, comenzaba a ver en Phantom una figura que amar y proteger, lo veía realmente como una criatura noble sin deseos de lastimar, lo veía como un ser genuinamente deseoso de conocer el amor y la bondad, y en parte le preocupó que eso pudiera jugarle en contra.
¿Qué pasaría si Phantom, de alguna manera, lograba salir de los laboratorios y exploraba el mundo exterior? ¿Como sería si descubriera que no todas las personas compartían ese deseo de bondad? Le preocupaba enormemente que una experiencia negativa pudiera hacerlo cambiar al punto de dejar de ser la hermosa criatura que era en ese momento, una parte de él, mucho más oscura de lo que quería admitir, incluso deseaba que Phantom nunca pudiera escapar de los laboratorios para que se conservara en ese estado de pureza, realmente podía creer que era un ángel por sus deseos tan simples, pero significativos.
Entonces Sullivan se levantó de su silla, se acercó al pequeño niño y se inclinó a su altura, seguramente él pensó que lo abrazaría en ese momento, pero aún tenía un poco de miedo como para hacerlo, aun así, siempre estuvo en su corazón las intenciones de hacerlo para cumplir ese hermoso sueño que tenía.
El doctor colocó una mano en su cabeza y lo acarició con suavidad, sintiendo la espesura de su cabello rojo entre sus dedos como si los envolviera en una manta suave mientras escuchaba el placido suspiro de Phantom que se concentró en esa sensación que tanto lo aliviaba, entonces escuchó nuevamente su voz:
-Prometo que verás cumplido tu sueño y estarás en un mejor lugar, no importa el tiempo que tome, espero que sigas siendo así como eres hasta el fin: una buena persona.
-Seré bueno, lo prometo, te haré decir que estás orgulloso de mí.
-confesó con una sonrisa mientras suspiraba de alivio por su tacto, deseando corresponder, aunque fuera con sus manos enguantadas, pero podía ver los latidos temerosos de su corazón y no quería que se asustara más-
Esas palabras golpearon profundamente a Sullivan, quien simplemente se limitó a sonreír y asentir en silencio sin saber qué responder, era algo muy bonito lo que le había dicho, sin embargo seguía siendo algo doloroso por los recuerdos que le transmitía saber que Phantom tenía esas intenciones, saber que había un niño que lo apreciaba tanto como para querer hacerlo sentir orgulloso era suficiente para que tuviera que contener sus lágrimas frente a él, no quería alterarlo ni transmitirle su tristeza porque sabía que algo muy importante vendría pronto.
Luego se tomaron un tiempo para descansar, Sullivan tuvo permitido traer algo de pan y mantequilla para compartir con Phantom, y la forma en que lo comió con tanta calma le hizo pensar que el niño llevaba días sin comer, no lo necesitaba, pero ver el placer en su expresión era algo indescriptible para Sullivan al compartir su primera comida juntos.
Después de su merienda se tomaron el tiempo para seguir estudiando, en ese momento ya contaba con bastante conocimiento en varias ramas, quizás no era lo mismo que la madurez que iría adquiriendo con el tiempo, pero al menos era capaz de entender más de lo que jamás habría soñado mientras vivía atrapado en los mismos pasillos de siempre, eran conocimientos que el niño nunca olvidaría y que al menos haría pensar que fue a una escuela normal.
Pudieron sentirse mejor, un día diferente en que no fue igual que el resto de sus vidas, Phantom y Sullivan compartieron una buena merienda y luego completaron su sesión de estudios, hablaron con un grado un poco más personal hasta que llegó la hora de marcharse, y para ese momento estaban satisfechos con los progresos que habían hecho, era algo que les permitiría descansar mejor esa noche antes de que el gran día de la prueba llegara.
Sullivan ya partía al elevador después de despedirse de Phantom y entregarle una cinta de VHS para su colección, la película de Batman, algo que pudiera ayudarle a disfrutar de otra noche de películas cuando regresara a su habitación, y en el camino recordó que el niño aún no sabía lo que Crane le había compartido, no sabía que en un par de días tendría una visita bastante curiosa donde podría poner a pruebas sus capacidades curativas, para descubrir si en realidad podía tenerlas, ¿Como sería cuando se encontrara de frente con una nueva persona con la esperanza de ser salvada por él? ¿Sucumbiría a la presión o conseguiría impresionarlos a todos? Eran ideas que Sullivan consideraba y le interesaba mucho el resultado, no podía dejar de pensar en cómo le afectaría psicológicamente al niño tener dicha responsabilidad.
Solo habría que esperar, ahora comenzaba a sentirse ansioso por ello, pensó que seguramente Crane y los científicos se sentían de la misma manera, aunque para él esa parte del proyecto era la única que genuinamente despertaba algo de interés, aún más después de descubrir que otras partes solo estaban llenas de violencia y sangre incluso para los voluntarios del exterior; habían diseñado uno de los pisos superiores como una enorme sala de espera, casi parecida a la de un hotel con adornos y preparativos perfectos, donde los científicos permanecían junto a los voluntarios que contrataban y los enviaban a diferentes cámaras donde hacían sus pruebas, entre ellas usar vacunas experimentales que acababan por mutarlos, estar por un tiempo prolongado con masas sin cuerpo ni forma que parecían tener mente propia y los devoraban en habitaciones cerradas.
Podían ver que todas esas creaciones, nacidas con muestras de la sangre de Phantom, parecían dar indicios de una nueva etapa en la creación de vida, pero lo más impresionante era ver que algunos voluntarios tenían reacciones distintas al resto cuando se exponían a dichos elementos: mientras que la mayoría moría rápidamente, unos pocos comenzaban a mutar, algunas partes de sus cuerpos cambiaban sufriendo de una metamorfosis o, con el paso de algunas horas, generaban crisálidas en las que se encerraban y resultaba imposible para los científicos abrirlas o ver en su interior para conocer el estado de esos sujetos.