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¿Qué pasaría si estaba tan adoctrinado por esos fantasmas, como él los llamaba, como para decirles sus planes? ¿Qué pasaría si su necesidad de amor resultaba tan grande como para dañar al único que realmente se interesaba en él? Las posibilidades dejaban sin aliento al pobre anciano que se arrepentía de haber aceptado ese trabajo, se arrepentía de estar vivo para presenciar como usaban a mujeres y niños como si fueran objetos prescindibles, le angustiaba vivir para conocer lo que el futuro podría depararle si seguía por más tiempo en ese lugar junto a personas tan insensibles.
A la mañana siguiente del día sábado tuvo mucho problemas para moverse de su cama, pero el mismo miedo por sus semejantes que le había mantenido despierto gran parte de la noche fue el mismo que le ayudó a ponerse en pie, estaba listo para un nuevo día después de probar el desayuno traído automáticamente por las instalaciones, un desayuno balanceado de puras verduras al reconocer el disgusto que había tenido por la carne el día anterior, aun recordando el color y la forma del cuerpo que había presenciado.
Sullivan se preparó para ir con Phantom, después de haberle enseñado exitosamente a hablar y escribir solo quedaba asegurarse de que el niño no se volvería una amenaza, a pesar de que los mensajes subliminales que le colocaban en las noches pretendían lo contrario, al menos buscaría que esa amenaza fuera contra sus enemigos; debía asegurarse de que al menos no usaría sus poderes contra ellos, aunque Sullivan no terminaba de considerar todas las posibilidades.
En el camino se percató de que el ambiente era mucho más lúgubre, no había cadáveres o sangre en derredor, pero la sola presencia de Phantom en la habitación donde siempre lo esperaba hacía que todo se sintiera pesado, como si algo malo estuviera a punto de suceder una vez que recorriera el pasillo hasta la puerta donde el sujeto de pruebas aguardaba… No era común referirse al niño de esa manera, pero después de lo que había visto y de reconocer que había horrores que habría preferido seguir desconociendo no podía dejar de pensar en que Phantom era el centro de esas maldiciones: su sangre era letal para el humano, buscaban controlar las enfermedades a través de él y despertaba en los científicos una curiosidad morbosa al punto de crear otros homúnculos como él, aunque defectuosos, para emular el éxito de su primer sujeto de pruebas.
A pesar de la inocencia de su rostro y la curiosidad infantil con la que lo recibía como siempre, ese pequeño de ojos carmesíes y cabello rojo, con un rostro esculpido por ángeles, no era más que el centro de la verdadera malicia humana y la tragedia de la creación, era la imagen de los hombres que jugaban a ser como dios; no tenía la culpa de nada, no había pedido nacer, pero al existir en el plano físico frente a Sullivan atraía la mayor desgracia concebida por la mente humana, una desgracia que solo se seguía cultivando hasta convertirse en la mayor tragedia de todas.
-Buenos días, Phantom.
- ¡Buenos días, señor Sullivan! -saludó con más ánimos que antes, mostrando su mano enguantada con un saludo en el aire como cualquier niño-.
Estuve practicando mi caligrafía, miré algunas películas para realizar mi ensayo de historia británica y también leí los libros que me recomendó, pero tengo muchas dudas sobre si Arturo y Robin Hood fueron reales o solo una representación de la época…
Phantom seguía hablando de las tareas que le había dejado, aunque Sullivan no le prestó mucha atención y en poco tiempo su voz desapareció para él, hizo oídos sordos mientras lo miraba atentamente y se preguntaba cosas que no habían pasado por su cabeza hasta ese momento: ¿Como podía una criatura que lucía tan inocente ser tan letal? ¿Como podía recuperar esa sonrisa tan hermosa a pesar de todo lo que le hacían y lo que le obligaban a hacer? Si no le hubieran dicho de dónde venía la muestra de sangre con la que pudo nacer habría considerado que Phantom era un ángel por sí mismo, pues incluso con el collar en su cuello que lo electrocutaba cuando mostraba sus emociones, o con las golpizas que recibía de los drones, lograba volver a sonreír y actuar como un niño, lograba que su viejo corazón lleno de amargura volviera a latir con un poco de esperanza y optimismo.
Aunque a su alrededor todo era horrible y cosas malas pasaban, cuando lo miraba de frente en lugar de apartar la mirada se sentía a salvo, casi como si estuviera de vuelta en su hogar mirando un rostro familiar, quizás esa era la forma en que Sullivan podía describir como era encariñarse con alguien una vez más, incluso si lo hacía porque esa opción antes aborrecida era mejor que seguir sintiendo miedo y paranoia por lo que había visto… Era mejor ver al niño y alegrarse con su presencia antes que seguir aferrado a su soledad, podía sentir que esa era la mejor opción al mirar sus hermosos ojos carmesíes.
-Es verdad eso que dicen de los bebés: cuando dicen su primera palabra ya no pueden dejar de hablar.
-confesó con una pequeña risa entre dientes-
Phantom solo pudo mirarlo y sonreír, sin comprender completamente la razón de su risa, pero apreciaba ver que el doctor Sullivan podía sentir alegría, aunque fuera por un momento para descansar de esa penosa expresión de tristeza que siempre lo abordaba cada vez que cruzaban miradas, le alegraba ver que al menos por un momento el hombre era capaz de sentir un ápice de tranquilidad lejos de todas esas horas de tristeza que yacían acumuladas en su corazón.
Sin embargo, tuvo que controlar su propia alegría por el hombre cuando el collar recobró el color amarillo, no quería sentir más dolor, pero solo con ver a su tutor mostrándose un poco más animado era suficiente para superar esa sensación.
-He estado pensando bastante en algo recientemente.
-confesó Sullivan mientras le devolvía la mirada al niño que esperaba ansioso por escucharlo, aunque aún no sabía a qué podría referirse-: es algo sobre tu nombre.
- ¿Mi nombre? Soy Phantom.
-Sí, lo sé… Pero ese no es un nombre real, es solo lo que está escrito en el collar, pero no es quién eres ni te gusta, ¿Verdad?
Y el niño sacudió la cabeza, admitiendo en silencio que no le gustaba tener el nombre de algo que sabían perfectamente que lo identificaba como un arma, no le gustaba recordar que había sido ese nombre el que hizo que varios científicos cayeran presas de sus poderes, ¿Como podía pronunciar ese nombre sin recordar de lo que era capaz? Era sincero al decir que le habría gustado tener un nombre normal, ser un niño normal, y que Sullivan también lo reconociera hacía que se sintiera menos culpable por desear ser algo diferente, le hacía sentirse un poco menos extraño que el corazón de Sullivan empezara a latir con un poco más de normalidad después de dejar salir sus palabras.
-En las películas, en los libros, todos tienen un nombre, todos saben quiénes son y como ser llamados, pero yo no tengo nombre… Soy solo un experimento como el monstruo de Frankenstein, pero yo no recibí la electricidad, sino la sangre para vivir, y como él, no quisiera ser odiado, quisiera ser algo más que un monstruo.
-Sí, tal vez algo parecido a esa criatura.
-confesó Sullivan mientras dejaba salir un amargo suspiro-.
Pero, te diré algo, ¿Qué te parece si comienzo a pensar en un nombre para ti? Buscaré un nombre que se ajuste a ti, a lo que puedes llegar a ser.
Phantom le regresó la mirada con cierto brillo que solo había poseído el día en que se conocieron, ese mismo brillo de esperanza y satisfacción por la posibilidad de alcanzar la tranquilidad que había escaseado, estaba seguro de que así podría llegar a sentirse mejor consigo mismo.
Era algo que el niño frente a él no dudó en aceptar mientras asentía y guardaba las lágrimas detrás de sus ojos, tal vez podía ver el torrente sanguíneo de Sullivan y tener una idea de su estado de ánimo a través de los latidos de su corazón, pero no podía saber qué había sucedido para decidir cambiar con él, era la primera vez que hablaban de algo que no fuera las clases o sus objetivos como doctor, era la primera vez que Sullivan lo miraba directamente a los ojos sin apartar la mirada o fingir enfocarse en los libros.
Quería acercarse a él, comenzar a verlo y tratarlo como un humano más allá de la simple apariencia, creía que detrás de esa capa carmesí realmente solo era un niño y no una criatura inefable como Crane y los científicos creían, quería creer que al quitarle sus guantes no sería algo peligroso… Pero el miedo a lo desconocido aún lo atrapaba, el miedo a volver a relacionarse con los demás le impedía abrirse a esa posibilidad como siempre había sido, no era fácil para Sullivan dejar su pasado como si solo fuera una soga, era terriblemente terco para lograrlo por sí mismo; prometerle a Phantom que pensaría en un nombre, en una identidad para él, era también una promesa consigo mismo para hallar un camino a su propio corazón.
-Phantom, sabes, tú no tienes que ser un monstruo… En realidad, es posible que tengas el poder de curar a las personas, es posible que seas capaz de eliminar las enfermedades como si no fueran más que pequeños bichos para ti.
-No creo ser capaz, no, yo solo lastimo y daño a los demás, eso es lo que la voz en las bocinas dice todas las noches.
-confesó el niño cabizbajo, inseguro y tartamudo, incapaz de creer en sí mismo porque no le habían enseñado como hacerlo.
Para Phantom era imposible desprenderse de esas creencias que le eran susurradas todas las noches por las bocinas y por la voz en su cabeza, tanto insistían en que él sería malvado y dañino con todos que poco a poco comenzaba a creer, empezaba a verse en el espejo más como un demonio, pues solo los malos podrían tener algo que ver con la sangre como él-. Quisiera ser eso que usted dice, pero no lo soy y nunca podré lograrlo.