El fantasma carmesí 3 #2
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No tomó demasiado para que uno de los científicos notaran la presencia de Sullivan asomado en la puerta, y ese hombre de bata y mascarilla blancas se acercó a él para informarle que no podía estar allí, con todo el respeto que le tendría a un doctor como él, pero sin perder la autoridad que tenía en ese lugar; Sullivan hizo caso a su petición de retirarse, pero no sin antes ver por última vez aquel rostro recostado en la camilla, cuyos ojos se tornaron rojos por la sangre que se convirtió en un parasito que la devoraba desde el interior, y esa cosa que convulsionaba mientras lloraba le suplicaba en silencio que la salvara de ese estado atrapada perpetuamente entre la vida y la muerte.

Sullivan quedó pasmado, con la palabra en la boca, mientras se retiraba por donde había venido, aún con la horrida visión en su cabeza, había perdido todo apetito conforme se dirigía a su habitación donde intentaría ignorar los horridos gritos provenientes de esa habitación maldita cubierta de sangre, intentaría dejar de pensar en cuan horridos podían ser los experimentos que buscaban un fin tan nefasto como el control de las enfermedades.

Esa mujer no era un experimento, fue lo que se repitió una y otra vez en su mente, consciente de que solo podía venir del exterior, no había forma en que hubieran usado a uno de sus colegas y mucho menos que hubiesen creado otro homúnculo para sus experimentos, ahora Sullivan tenía muchas dudas sobre la ética de Genexis Sciences.

Una vez en su cuarto dejó que su dron personal se encargara de sus cosas mientras él iba a la cama a reposar y pensar en su descubrimiento, no podía dejar de ver a esa pobre criatura que le imploraba en silencio para que lo ayudara, esa bestia de Moreau, como pensaba en ella con cierto morbo, que rogaba para que detuviera su metamorfosis, y descubría que sentía lástima por ella.

Aun en soledad podía escuchar esos gritos, las suplicas, el sonido de la sangre caliente que consumía algo tan sensible como la piel humana, eran secuencias ininterrumpidas que provocaban pesadillas vivientes en Sullivan quien nunca pudo probar un solo bocado de la comida preparada por el dron, ver la carne roja de res solo le traía la amarga sensación de estar probando los órganos de la pobre mujer que se había quedado en silencio hacía horas, ver eso era tan repugnante como hallar esos ojos carmesíes que le devolvían la mirada.

Algún tiempo después, sin saber cuánto había pasado, pudo escuchar que tocaron a su puerta, ya podía deducir quien era, y cuando Crane entró llevando en su mano un plato de verduras Sullivan lo recibió sin muchos ánimos, era igual que haber sido recibido por Phantom cuando no tenía deseos de hablar.

El director aún mantenía ese gesto de buena voluntad, una sonrisa confiada y una expresión de serenidad a pesar de saber perfectamente que el doctor no olvidaba lo que había visto, y él también lo sabía, ambos reconocían la existencia de una habitación del dolor donde las situaciones más perversas sucedían justificadas por el avance de la ciencia médica, pero el director se negó a admitirlo en voz alta.

Sullivan supo que tendría que dar el primer paso a pesar de que le resultara tan nefasto tener que hablarlo reconociendo una realidad tan detestable.

-Esa victima…

-Sujeto de pruebas.

-corrigió Crane con una insensibilidad indescriptible-

-Lo que sea… No es un científico ni mucho menos algo creado como lo fue Phantom, ella vino del exterior, ¿No es así?

Dicho eso, Crane tomó un papel doblado del bolsillo de su abrigo, dejó el plato de verduras a un lado de Sullivan sabiendo que el doctor ni siquiera había almorzado, y luego desdobló el papel para enseñarle unos párrafos muy extensos y detallados, un resumen de un contrato mucho más extenso que se guardaba en la oficina del director, pero los datos más relevantes podían leerse en los primeros párrafos: una oferta de quinientos euros, sin experiencia ni títulos requeridos, confidencialidad extrema, para comenzar inmediatamente, todo con el logo azul y negro de Genexis Sciences en la parte superior de la hoja.

Era una oferta de trabajo para ser usada como sujeto de pruebas y testear diferentes fórmulas firmada al final de la hoja con el nombre de Kate Lawrence, una residente de Londres de bajos recursos que había accedido a formar parte de los experimentos de los laboratorios por esa cantidad de dinero mencionada al principio.

Por lo que podía leer entre párrafos era un asunto completamente legal, nada fuera de la ley que no hubiera sido aprobado y sellado, a pesar de que los horrores que Sullivan había presenciado no se detallaban en los párrafos estaba sumamente implícito que Genexis Sciences tenía control y potestad sobre todo lo que pudiera ocurrir entre las paredes pálidas… Sin embargo, al percatarse de que era una mujer de escasos recursos, casi rozando la pobreza extrema, era lo único que necesitaba para entender que buscaban a las personas más vulnerables y fáciles de llevarse a las instalaciones bajo tierra sin pensar en consecuencias graves por su ausencia, como si no existieran.

-Doctor, no se preocupe, solo son pobres.

-confesó Crane en voz alta y sin remordimiento, revelando así que había más de uno que fue sometido a esas pruebas, habiendo mostrado la orden escrita en que los superiores permitían usar sujetos humanos para acelerar el proceso de control de enfermedades, querían ver resultados y presionaban a Crane para ello-

-Aun así, son personas, una cosa es tratar con algo que parece humano y otra es tratar con alguien real.

No podemos simplemente empezar a hacerles esto como si nada, como si no hubiera consecuencias.

-objetó el doctor antes de ver como Crane simplemente guardaba los papeles en sus bolsillos y se preparaba para marchar una vez que hubiera acabado su conversación-

-No se preocupe por eso, usted siga con su trabajo, siga atendiendo a Phantom y asegúrese de que tenga control de sus emociones, al menos lo suficiente para no arrancarle la piel por accidente.

Puede ir este fin de semana si lo desea para acelerar el proceso, para el martes 13 debe estar listo, atenderá a una mujer enferma antes de que pueda conocer a su nueva compañera.

Esas palabras harían eco en la cabeza de Sullivan por más tiempo, no importaba lo que hiciera realmente porque seguiría menospreciando su opinión sobre ese asunto, por más que trabajara y viviera en ese lugar seguía siendo un psicólogo contratado por ellos, no un verdadero científico ni mucho menos alguien a quien realmente escucharían, entonces Sullivan comprendió cuan grande era su impotencia al ver como Crane se marchaba sin remordimiento ni quejas, se marchaba dejando a su lado un plato de comida como un perro faldero.

Sentía una amargura cuando supo que su descubrimiento pasó desapercibido para él porque sabía que no tenía ningún poder, ese conocimiento resultaba inútil porque Sullivan no podía usarlo para dañarlos, estaban más que conscientes de lo que sucedía en esos laboratorios con las criaturas con formas de niños y las personas que comenzarían a desaparecer del exterior para ser atrapadas por sus garras, eran ratas de laboratorio al firmar por un poco de dinero, aprovechándose de la necesidad de la gente mientras eran respaldados por todos los organismos legales pertinentes, pero sobre todo, respaldados por el lenguaje universal del dinero… Era una atrocidad que no dejaría de empeorar conforme el día transcurría y Sullivan se obligaba a comer lo que le daban, tragándose sus palabras y amenazas, tragando hasta el último bocado de amargura que lo ahogaba en un callejón sin salida.

Para el final del día tuvo miedo, por alguna razón le preocupaba que al mirar por la puerta viera a un grupo de científicos observándolos con sus ojos brillantes detrás de sus lentes, anotando en sus libretas todas sus características antes de abalanzarse sobre él como animales para atraparlo y usarlo en sus crueles experimentos sin nombre.

Le preocupaba que al mirar por la puerta hallaría una criatura con decenas de ojos que lo observaban y se burlaban de su incredulidad, indiferentes de su dolor, y lo llevaban hasta esa habitación monstruosa de color blanco que lo atraparía con sus fauces, realmente era un pensamiento infantil que se vio impulsado por la sangre de esos ojos que le suplicaban en silencio como si supiera lo que era sufrir sin una voz con la cual gritar.

“No tengo boca y necesito gritar”

le susurró esa mujer en sus sueños con solo verlo a los ojos, y al parpadear habían intercambiado de lugar, hallando una vez más el rostro de Phantom que lloraba por él mientras su impotencia le impedía hacer algo por ayudarlo, sin importar cuanto le rogara al niño para que hiciera algo, porque a él solo le habían enseñado a temer sin considerar que quizás tenía el poder suficiente para acabar con todo el dolor, no solo el suyo, sino el de aquellos que lo acompañaban, y para darle paz a los corazones inquietos antes que seguir propagando la angustia que habían diseñado para él desde el día de su nacimiento.

Así como lo conoció lo vería morir, con una mirada temerosa de todo lo que había en derredor, ese pequeño experimento que soñaba con ser un niño de verdad era la única salida que podría tener de esos laboratorios; esa posibilidad se asomó por su mente con la figura del niño de cabello rojo, le miró a los ojos y entre sus sueños lo tentó con la idea de usar esa arma en contra de sus propios creadores para escapar antes de que pudieran cambiar de opinión y usarlo como otro sujeto de pruebas, antes de que la paranoia pudiera abalanzarse para reclamar su viejo cuerpo y le llevara a cometer una locura, pero solo al considerar esa vaga posibilidad ya creía estar lo suficientemente loco como para siquiera atreverse a decirle algo a Phantom.