El fantasma carmesí 3
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Nunca conocí a mi madre, los fantasmas dijeron que yo le hice daño cuando nací y por eso nunca me quiso, pero usted es el único que se ha quedado, me ha tratado bien y me ha enseñado a hablar… ¿Usted puede ser mi padre? -contó el niño con una alegría muy extraña en su rostro-

Sullivan siempre le devolvió la mirada, sabía que estaba siendo sincero por la sonrisa que esbozaba en su expresión, tenía una esperanza muy extraña por algo que le transmitía paz, era como ver a un cachorrito implorando por entrar a un nuevo hogar, y el doctor miró a la cámara que los vigilaba como si les pidiera ayuda a todos esos científicos en la sala de control, les pedía en silencio por una intervención para sacarlo de esa situación, pero la voz quedó en silencio y la compañía fue reemplazada por la soledad, estaba a solas con ese pequeño ser que escapaba hacia él.

Entonces le devolvió la mirada a ese cachorro de cabello rojo, no había manera en que pudiera salir de esa situación sin romperle el corazón, no estaba listo para mirarlo a los ojos sin pensar en su hija que siempre lo miraba con esos ojos de cachorro cuando le pedía ir a sus partidos.

-No soy tu padre, niño, soy tu tutor.

-confesó a secas-

-Oh… -dejó salir Phantom con un aire de desilusión, pero entonces agregó con el mismo optimismo-.

¿Al menos puedo ser su amigo, doctor?

Phantom lo decía con sinceridad, no había malicia u otras intenciones, no parecía tener esperanzas de escapar a través de nadie, al hacerle esa petición a Sullivan lo hacía como cualquier persona con miedo a quedarse sola, lo miraba con expectativa mientras indagaba en el rostro del anciano frente a él y se miraba como en un espejo de tiempo, solo era una versión mucho más vieja que aún conservaba la misma tristeza de su juventud; mientras el niño sonreía con expectativas el anciano mantenía una expresión fría, carente de todo deseo de vivir, pero al final ambos eran muy parecidos y eso asustaba a Sullivan por sentir empatía, tan encerrado dentro de sí mismo y alejando su corazón de todo lo demás que ni siquiera le interesaba demasiado el relacionarse con Phantom, por más que él intentara acercarse no hallaría nada, Sullivan le seguiría dando la espalda.

-Es que… siempre tiene una mirada triste, su corazón late con más lentitud que los demás, se ve cansado y pensé que tener un amigo le alegraría, a mí me alegraría tener un amigo.

-confesó Phantom mientras jugaba con sus propios dedos como un niño nervioso-.

Antes no lo pude decir, pero mi sueño es poder abrazar a alguien sin mis guantes, me gustaría no hacerle daño a nadie, así podría abrazar a todo el mundo y también a usted, doctor.

-Mejor no sigas, niño, y vamos a empezar con tu clase de hoy.

-interrumpió Sullivan sin deseos de seguir escuchando tales palabras, para él no eran más que recordatorios del por qué nunca quiso volver a relacionarse con las personas, solo estaba provocando que tuviera deseos de recaer en la bebida antes que continuar con esa labor-

-Lo siento… no quise molestarlo.

-contestó Phantom con pavor, temblaba y tartamudeaba, le preocupaba haber causado rechazo en Sullivan como el día anterior cuando le suplicó que no se fuera.

Prefirió morderse la lengua antes que volver a hablar, con tanto miedo de que lo volvieran a abandonar en esa sala tan fría, con su collar quemándolo por dentro y la voz en su cabeza gritándole, temía tanto que lo dejaran solo que incluso la compañía de los científicos que tenían un contacto tan cruel con él resultaba agradable-

Ese día, aunque la clase fue más sencilla porque ya habían adelantado mucho, se sintió bastante pesada y delirante, solo tomó unas cuantas horas enseñarle a Phantom un poco de historia y cultura, abasteciendo los huecos restantes con lo que él había aprendido de las películas de su habitación y los libros que había leído, fue un día bastante enfocado en dejar de pensar en todas esas cosas que guardaban en sus corazones y se negaban a compartir.

Era el apego evitativo de Sullivan lo que le impedía ver otra cosa que no fueran los elementos de esa clase, todo lo demás era sumamente dispensable para él; pero Phantom tenía esperanza en ver algo más que las horas de esa clase arrastradas con una insensibilidad incomprensible.

Para cuando llegó la hora de marcharse se despidieron con tranquilidad, ni uno mostró intenciones de quedarse ni el otro de insistir, para ambos solo era tomar distancia de un suceso que se repetiría hasta que surgiera un verdadero cambio que sacudiría sus mundos.

Entonces Sullivan tomó el elevador, se despidió de esos amargos pasillos blancos por otro día y ascendió a los pisos superiores, ahora vendría el fin de semana por lo que tendría tiempo de descansar en sus aposentos a seguir envejeciendo y deprimiéndose, como cada día, su única actividad solo sería esperar a que esas amargas manecillas del reloj se movieran hasta que fuera la hora de dormir y dejar pasar otra colección de amarguras.

Una vez arriba se dispuso a recorrer los laboratorios para ir a la cafetería, sentía que se moría de hambre por haber olvidado desayunar en la mañana, en parte envidiaba que Phantom no tuviera esas necesidades, la única parte buena era probar la sazón de ese lugar antes de que llegara el milagroso día en que pudieran abandonarlo para siempre.

No obstante, en el camino pudo escuchar un grito ensordecedor, era algo terrible cargado de dolor que solo le hacía pensar en el sufrimiento de las personas, que también era sepultado por una horrenda sinfonía de quejidos y jadeos.

Sullivan se vio interrumpido de su caminata y abstraído de sus pensamientos, esa fusión de sonidos solo conseguían atormentarlo, al principio creyó que se trataba de sí mismo, su mente le jugaba una artimaña consecuencia de las cosas tan tristes que desfilaban ante sus ojos con una claridad horrorosa, creyó con firmeza que podría ser su culpa haber escuchado aquel grito mortal por todo el estrés que tenía encima.

Poco después, en un intento de relajar su mente, volvió a escuchar el grito de la criatura infernal, era algo cargado de dolor y angustia que le hizo recordar a sus pesadillas de la niñez cuando tenía tanto miedo de la oscuridad e imaginaba monstruos que le gritaban desde su armario.

Sullivan ya no tenía ninguna duda, alguien estaba soltando suplicas indescifrables entre esos gritos de dolor, y por más contradictorio que pareciera ninguno de los científicos parecía escucharlo, o lo que era peor, ninguno parecía darle importancia alguna más de la que Sullivan le estaba dando al caminar en dirección a esos gritos que provenían de uno de los cuartos de atrás, donde un sentimiento liminal se expandía para luego contraerse atrapándolos en sus fauces tan detestables.

Sus pasos parecían resonar entre los muros blancos que lo atrapaban en una madriguera extraña, solo un infinito color pálido que se extendía y le daba la ilusión de perder su sentido del equilibrio, no sabía si caminaba por el techo o si realmente algo tenía sentido, la gravedad lo traicionaba y dejaba en él la sensación de estar perdido en un laberinto donde la sangre de Phantom era el único remedio para esos males.

Cuando el grito se hizo cada vez más intenso la claridad de una voz femenina se hizo presente, era una mujer que rogaba por salvación, pedía que acabaran con el sufrimiento, y el murmullo de otras voces se le sumaban para dar a entender que no se hallaba sola, cada vez que eso sucedía Sullivan sentía como la paranoia se multiplicaba gracias a la amargura de sus propios sentimientos.

Y fue allí, tras una enorme puerta blanca con un número maldito, un número de muerte según llegaría a considerar en el futuro, donde los gritos iban a cesar para dejar un profundo silencio mortal y la mirada de Sullivan se perdía buscando una explicación lógica a todo lo que había escuchado, pero no la había, a pesar de ser un lugar de ciencia y descubrimiento, no había forma de determinar lo que sucedía detrás de esa puerta que pudiera provocar tanto dolor… pero el misterio no perduraría para él, porque la puerta podía responder a su llave de acceso, podía entrar como todos los demás.

Sullivan abrió la puerta con gentileza, como si entrara al dormitorio de su amada, y tras ella no halló calma a pesar del silencio: una mujer estaba atada a una camilla, un incesante pitido indicaba los latidos de su corazón en medio de una docena de científicos que permanecían expectantes de cualquier cambio en lo que aparentaba ser una paciente… Pero la escena de su rostro desfigurado y su cuerpo abierto para una vivisección perturbó a Sullivan, porque los órganos estaban podridos, poseían una apariencia repugnante como si se hubiesen estado dañando en una tina, pero no había forma en que los órganos humanos tuvieran esa apariencia tan enfermiza, sobre todo porque él pudo distinguir que los científicos cubrieron el cuerpo de la paciente con un líquido carmesí brillante que rápidamente distinguió como la sangre de Phantom.

La sangre brillante que había conocido otros días en los tubos de ensayo estaban cubriendo la piel y órganos de la mujer, y al poco tiempo comenzó a convulsionar al punto en que sus gritos retornaron, dejando ver cuanto dolor provocaba la exposición a un elemento tan volátil y corrosivo como ese que, en lugar de curar, empeoraba los males que padecía ante los ojos insólitos de Sullivan que no pudieron ver a dicha mujer como un sujeto de pruebas, era alguien que habían traído del exterior, una persona común expuesta los horrores en las paredes blancas de Genexis Sciences.