El fantasma carmesí 2 #6
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Ese lugar solo le estaba quitando las pocas ganas que tenía de vivir a Sullivan, Genexis Sciences era tan pulcro como una iglesia en el exterior y tan despiadada como en el interior, eran conocidos por el ojo público por ser una farmacéutica, pero por dentro estaban podridos hasta la raíz por el alcance que la ciencia podía tener, tan inmersos en las preguntas que la forma de responderlas poco importaba realmente.

Sullivan se recostó mientras sacaba la fotografía de su familia de su bolsillo, siempre estaban en su pecho, cerca de su corazón, y miró de cerca esos rostros llenos de alegría que ahora yacían perdidos en el tiempo, inmersos en una época donde podrían haber hecho las cosas diferentes si no estuvieran tan limitados por su propia humanidad, si no fueran tan débiles para cambiar las cosas; tal vez esa era la razón por la que hacían todo eso en primer lugar, ver como existían otros seres además de los humanos y ver las capacidades de Phantom, porque todos querían ser más de lo que ya eran, querían cambiar los resultados tanto como Sullivan deseaba poder hacer algo por los que ya no estaban.

-Buenas noches, mis niñas.

-se despidió de la fotografía mientras la dejaba en la mesita junto a su cama y se preparó para dormir mirando la pared vacía-

Hubo un instante de silencio antes de dejar que el sueño lo invadiera, pero incluso en ese instante de debilidad, como todo hombre que lidia con sus propias emociones y espera al final del día para desahogarse, lloró en silencio y sin consuelo.

Sullivan se abrazó a sí mismo al pensar en lo que podría haber hecho para salvar a su familia, en todo lo que pudo haber hecho diferente si no fuera de la forma en que era, ahora convertido en un viejo amargado que superaba su etapa de ebrio inútil, viviendo con traumas y arrepentimiento mientras luchaba por mantener los pensamientos en torno a Phantom alejados de su mente, porque en él podía descubrir cuanto se despreciaba a sí mismo.

La noche se arrastró lentamente sobre él, y al igual que Crane, se preguntó si ya estaría nevando en el exterior, se preguntó si el invierno sería rudo para las criaturas en el exterior, y se preguntó cuando llegaría el día en que serían libres para vivir de nuevo sin la sensación de sentirse atrapados en esas paredes blancas, tan atrapado como su corazón que latía con el sueño de volver a sentirse libre.

El doctor Sullivan, arquitecto de la mente, dedujo que era imposible saber si alguna vez las personas fueron realmente libres, quizás todos eran como Phantom en algún momento de sus vidas: criaturas dolientes con un fin, atrapados por ellos mismos sin saber de dónde venían ni a donde iban, estaban destinados a desconocer su origen y propósito como seres vivos, buscando una razón… Y un día simplemente morían como todos.

A la mañana siguiente Sullivan despertó, desayunó como todos e intentó no pensar en nada más, estaba seguro de que tendría nuevas oportunidades cuando tuviera que encontrarse con Phantom, quería aprovechar cada instante para reflexionar con él lo que sucedió el día anterior e intentar hallar una explicación a todo ese dolor, incluso podría ver qué tanto le había afectado psicológicamente y cuanto podría obtener de eso, aunque claro, solo era una excusa que se contaba a sí mismo para no pensar de la misma forma.

Bajó el ascensor, pasó por la zona de descontaminación y accedió por los pasillos donde los drones se llevaban los cuerpos de los niños imperfectos que morían a los pocos días de nacidos, los hermanos podridos de Phantom, como se les apodaba entre los científicos, era una imagen ordinaria para ellos, pero nunca dejó de ser perturbador para Sullivan ver esos rostros infantiles carentes de vida como sacos de papa en los brazos metálicos para ser arrojados al incinerador.

Luego se dirigió a la misma habitación blanca de siempre donde su único paciente le esperaba en silencio, había visto en las cámaras que el niño esperaba cabizbajo con las manos en su regazo, tenía su paño, sus libros y la marioneta del conejo para hacerle compañía mientras Sullivan llegaba, le causaba mucha intriga lo que podría estar murmurando hasta que se apareciera en la habitación con él.

Antes de abrir la puerta sintió una oleada de miedo, le preocupó que Phantom le tuviera rencor o buscara agredirlo por haberlo dejado, después de todo solo era un niño bastante inmaduro, no sabría cómo lidiar con sus emociones y podría estallar con un torrente de ira que incluso le permitiría desatar sus poderes contra él, ¿Qué podría hacer realmente si eso sucedía? La única opción que tenía para evitarlo era no abrir la puerta y retroceder, pero si lo hacía se estaría enfrentando al juicio de Crane y sus superiores que no tolerarían que él evadiera su trabajo, no les importaba lo que sintiera o cuanto le preocupara, para ellos Sullivan debía adentrarse en esa habitación maldita aún con el riesgo de que su sangre tiñera las paredes… Entonces dejó salir un suspiro bastante pesado y abrió la puerta.

No encontró un ser violento e iracundo, no vio a un niño rencoroso con los adultos que lo trataron como un objeto ni mucho menos un arma mortal sedienta de sangre, todo lo que encontró fue una pequeña criatura sentada en su silla con la cabeza inclinada, esperando en silencio a que alguien lo sacara del letargo en el que se hallaba.

Phantom se quedó allí pacientemente, aguardando con un aura de tristeza mientras Sullivan se acercaba con precaución y tomaba asiento como los otros días, al otro lado de la mesa, dejando su maleta en ella y presenciando al niño que ni siquiera se atrevía a levantar la cabeza para saludar.

-Buenos días, mi pequeño aprendiz, ¿Como estás el día de hoy? -preguntó por mera cordialidad, intentando que levantara la mirada para verlo a los ojos y deducir lo que sentía, solo con hallar su expresión podría saber lo que realmente sentía en ese instante.

Sin embargo, Phantom mantuvo la cabeza abajo sin responder ni mirarlo.

- ¿Practicaste tu escritura como acordamos? -preguntó con verdadero interés, solo para entonces ver como Phantom dejó un cuaderno en la mesa, con casi todas sus hojas rayadas con prácticas del método Palmer, habiendo dominado su escritura para el final de la hoja-.

Tienes una letra cursiva muy bonita, ¿Significa que te desvelaste toda la noche para llenar todo tu cuaderno?

Ni así consiguió que Phantom levantara la mirada, el niño permanecía cabizbajo e indiferente a su halago, eso también produjo una sensación de inconformismo en Sullivan porque estaba acostumbrado a ver sus ojos, observar ese precioso carmesí que le recordaba que era bastante especial, era fácil deducir que le había afectado bastante lo que le hicieron el día anterior.

Sullivan no tuvo más remedio que aceptar que probablemente fue demasiado insensible con él, no era correcto verlo como un adefesio cuando lo único que le pidió fue no dejarlo solo, no era su culpa usar el escapismo como una forma de superar sus propias desgracias así era Phantom y esa era la forma en que afrontaba las cosas, él como adulto debería haberlo sabido en lugar de darle la espalda de una forma tan fría.

Se preparó para hablar, buscó las palabras correctas para usar en lugar de un lenguaje profesional con él, no esperaba que un niño recluido en una celda blanca pudiera entenderlo incluso si su mente actuaba de una forma más profunda que la todos los demás, era una criatura infantil debajo de todas esas capas misteriosas.

-Phantom, te pido disculpas si te sentiste… abandonado, por alguna razón en específico.

-confesó el hombre, abrazando la idea de que cualquier sentimiento que el niño tuviera era por su propia inmadurez-

Eso era todo lo que él necesitaba oír, entonces levantó la cabeza para devolverle la mirada y descubrir su rostro ante Sullivan, mostrando así que tenía parte del rostro ligeramente hinchado producto de un golpe, uno de sus ojos estaba rojo mientras observaba al hombre con cierta tristeza bastante novedosa para él, incapaz de percibir algo que no fuera su propia tragedia reflejada en la cara de aquel que parecía nuevamente esperanzado por obtener algo que anhelaba.

-Está bien, solo quería verlo de nuevo, señor Sullivan, no se disculpe por eso, ya me alegró con su compañía… -confesó con una voz tímida, siendo capaz de comunicarse con fluidez frente a él-

Sullivan quedó sin aliento ante su aspecto y sus palabras, siempre sería infame ver a un niño golpeado sin importar las circunstancias, hallar a Phantom de esa manera penetraba en su corazón como si estuviera viendo a su hija de nuevo, fue demasiado impredecible el impacto que tendría en él solo con hallar esa pobre criatura que apenas conocía lo bueno y lo malo del mundo.

Sin embargo, para él no significaba mucho presentarse de esa manera ni mucho menos decirle esas cosas, Phantom era así por naturaleza: feliz por las cosas más sencillas y triste por las cosas incomprensibles, pero al menos junto al doctor era capaz de sonreír.

No hizo falta preguntar cuando la respuesta era tan obvia, el doctor había visto las grabaciones de lo sucedido, pero nunca se había detenido a pensar en cómo sería ver a Phantom de esa manera, antes de que sus heridas sanaran, podía ver el rostro de un niño lastimado suplicando por alivio… y su único alivio era su compañía, era algo que por lo menos le permitía mostrar una sonrisa que enseñaba sus dientes.

Sin saber qué hacer o decir al respecto, eludió sus sentimientos y prefirió enfocarse en el hecho de que ahora el paciente era capaz de comunicarse con precisión, y por lo que podía ver también escribir, a partir de ese momento sería mucho más fácil indagar en su psicología, pero también sería mucho más complicado distanciarse y no verlo como un niño ordinario, sería casi imposible seguir los consejos de Crane acerca de verlo como un sujeto de pruebas bastante peligroso.