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Sabía que Phantom podía hablar, lo había dejado con la capacidad de hacerlo, pero hacer algo tan complejo que a un niño en aprendizaje le tomaría días realizar era sumamente fascinante, estaba seguro de que probablemente habría estado hablando después de que él salió de la habitación, pero escucharlo de terceros era sumamente alentador cuando volvía a pensar en su paciente, probablemente alegrarse con sus logros sería lo que necesitaba para dejar de pensar en la interacción tan curiosa que habían tenido, confiaba que en cuanto fuera proyectada la grabación sería mucho mejor que permanecer de pie imaginando las cosas que podría haber dicho en su ausencia.
Allí estaba, con un plato de pastel en la mano mientras intentaba integrarse a la satisfacción de sus compañeros de trabajo, mirando a la gran pantalla que descendió del techo y recibió la luz del proyector para mostrar lo que las cámaras habían captado, después de muchos años como un ermitaño Sullivan podría ver los frutos de su trabajo como un éxito y no como un recordatorio de su penoso fracaso como hombre y como padre, vería en Phantom al menos un soplo de aíre fresco para creer que realmente estaba haciendo una diferencia en ese lugar.
“¡Déjame en paz, ellos no me odian, nadie me quiere lastimar salvo tú!”
la voz de Phantom, aunque bastante tímida, cargaba un aire de frustración y dolor mientras le gritaba a una de las esquinas de la habitación en la que se hallaba, soportando crueles descargas eléctricas proporcionadas por su collar mientras luchaba por mantenerse de pie, nadie sabía con quién discutía salvo él mismo.
Lo escucharon gritar, pelear y gritarle a algo que solo existía en su cabeza, le pedía que lo dejara, no creía en el odio ni el desamor, no creía que Sullivan lo abandonaría como todos los que conocería lo harían pues él quería creer que era un niño de verdad buscando su identidad, que era lo más importante que tenían tal y como su maestro le había enseñado.
La violencia con la que se movía, y los gritos que provocaban grietas en los cristales, fueron motivo suficiente para que los drones entraran en la habitación intentando amordazar a Phantom, golpeándolo y sujetándolo con sus manos de hierro mientras el niño usaba su fuerza para apartarlos con miedo a dañarlos, y fue ese miedo a dañar los objetos inanimados el que lo llevó a ser golpeado mientras les reclamaba.
“¡¿Por qué me lastiman?! ¡Yo no quiero lastimar a nadie, no soy un arma, no quiero ser un arma!”
exclamaba mientras los drones lo amordazaban y movían con brutalidad, forzados a inyectarle sedantes para calmarlo porque la violencia y la fuerza con la que se movía eran superiores a las de cualquier humano, demostraba ser una criatura ensangrentada cuyos poderes estaban más allá de su propia comprensión, era evidente que para Phantom esos muros no representaban un verdadero obstáculo, pero su miedo a decepcionar a quienes consideraba su familia le impedía escapar.
Fue de ese modo que finalmente fue perdiendo la batalla cayendo presa del sedante, pero aún en sus últimos segundos consciente dedicó sus palabras a esos espectadores invisibles que no entendían con quién hablaba, pero a ellos no les importaban los factores de esa situación, la satisfacción de escucharlo hablar con tanta fluidez era tal que olvidaban todo lo demás, solo podían celebrar un triunfo para la ciencia y la manipulación del ADN… Habían creado vida.
“Menuda vida”
fue lo único que pudo pensar Sullivan; sin tristeza, sin alegría, sin sentir el mismo cosquilleo de un triunfo para la ciencia… No había nada más que un vacío absoluto conforme contemplaba el vídeo y entendía cuán miserable era la existencia de esa criatura, ni siquiera sus más perversos pensamientos podían imaginar lo que realmente significaba escucharle decir sus primeras palabras y que fueran tan tristes.
Para ese momento el sonido ya no se le hacía molesto como antes, no tenía que cubrirse las orejas, su mente estaba disociando tanto en lo que había visto que ya no podía percibir el mundo como los demás y solo le quedó sentir como su mente escupía ideas sin propósito, sin nada más que no fuera la culpa en su corazón.
Estrecharon su mano, le ofrecieron salmón fresco y una copa de vino, palmearon su espalda y dijeron que todo estaba bien, que había hecho grandes avances en nombre de la ciencia, debía recordar que no se trataba del ¿Por qué? Sino del ¿Por qué no? Pues para llegar a los beneficios de la ciencia había que atravesar interrogantes para las que no todos tenían la fortaleza, debían ser capaces de lidiar con los conflictos morales para obtener un resultado, de esa manera era que podían obtener el beneficio de la respuesta… Sin embargo, para Sullivan todo era igual, aunque ese día a muchos científicos les fue concedido el día libre para celebrar y disfrutaron de un gran banquete junto al director y el doctor, para el hombre no fue sino un amargo recuerdo de que le había causado un gran dolor al niño por su trabajo de enseñarle tanto como pudiera.
Miraba la comida, miraba la copa y las sonrisas, y entonces se dio cuenta de que eran expresiones falsas, todas esas felicitaciones y consuelos de hacer lo correcto se lo decían a sí mismos y no a él, querían creer que realmente no había ningún problema con hacerle lo que le hacían a esa criatura en el piso inferior porque no era humana, solo estaba disfrazada, aunque a veces la carne sabía camuflarse muy bien por encima de su sangre.
No pudo hacer mucho para comer, había perdido el apetito, la diversión y triunfo no cesó cuando el doctor se levantó y buscó las escaleras para subir hasta su habitación donde al menos intentaría buscar el consuelo a su propia manera, intentaría hallar un nuevo rumbo mientras luchaba por mantener encerrados a sus propios demonios.
El director Crane aguardaba en la plataforma superior, fumaba un cigarrillo a expensas de todos los demás desde un lugar en que no podría contaminar el aire ni rociar el humo en sus caras, observaba con cierta indiferencia la celebración a pesar de la comida y las bebidas, le bastaba con tener esperanzas por el proyecto para sentirse satisfecho; no obstante, Sullivan percibía un aura de reflexiva en su rostro, era algo lúgubre y melancólico para ser tan joven, solo con verlo recostarse de la plataforma podía saber que estaba muy inmerso en sus pensamientos como para sentir placer genuino con las celebraciones, quería estar a solas, podía notarlo en su expresión.
Sullivan intentó pasar por detrás de él sin dirigirle la palabra, no tenía deseos de hablar por más que le resultara curioso hallarlo de esa forma tan triste, alimentando la creencia de que los hombres más poderosos también podían ser los más solitarios.
Pero Crane no pensaba igual, él tenía algo que decirle por más que el doctor pareciera despreciar la compañía de los demás: no charlaba, no compartía anécdotas, no se sentaba a la hora del almuerzo con sus colegas para escuchar progresos de los otros proyectos, para él todo lo que importaba era ir al trabajo y regresar a su habitación, todo lo demás era sumamente dispensable.
-Realmente no es un hombre sociable, doctor.
-confesó Crane mientras permanecía recostado en la plataforma, aún con el cigarrillo en la boca mientras miraba la fiesta-
-Podría decir lo mismo de usted, director.
-contestó Sullivan mientras se resignaba a permanecer a su lado, también recostado en la plataforma-
Crane no dijo nada, aunque sabía cuán irónico resultaba su propio comentario le parecía algo irritante que se lo recordaran, eran parecidos en ciertos aspectos y ese era uno de ellos, el propósito de socializar cuando tenían metas muy claras escaseaba por ser personas excepcionales con mentes enfocadas en cosas más importantes, fuera por sus propios sentimientos u objetivos a largo plazo, eran personas que difícilmente conseguían distraerse por el placer de un logro tan pasajero… Realmente podían ver la fatalidad de coexistir en algo tan temporal, sin poder ver la gracia de disfrutar de los pequeños momentos, porque en realidad ellos eran los del verdadero problema aunque no podían ver o aceptarlo.
-El proyecto avanza a grandes pasos, le mostraré este video a los altos mandos y nuestros fondos aumentarán, estarán dispuestos a dar todo lo necesario para que obtengamos más logros, eso incluye grandes cantidades de dinero para todos nosotros… Por eso celebran en verdad, más dinero compensa la estadía en este lugar.
-confesó Crane para después mirar al techo-.
¿Cree que ya esté nevando en el exterior? Hace mucho que no veo la nieve.
-Me temo que no sé realmente qué ven de valioso en crear un arma biológica como esta, o si pretenden crear super soldados para el futuro, no estamos en guerra con nadie, esas criaturas que muchos siguen llamando ángeles ni siquiera parecen interesarse en nosotros.
A Crane no le tomó por sorpresa el comentario de Sullivan, ya había podido ver que era todo un sentimental cuando de esos temas se trataba, seguía viendo al sujeto como un niño a pesar de que se le había repetido varias veces que no era más que una criatura que imitaba su apariencia, olvidarlo solo terminaría por comprometer los avances del experimento; no obstante, Crane supo hallarle un beneficio a esa situación, si podía poner la balanza a su favor no tardaría en lograr sus objetivos personales y al mismo tiempo los empresariales, mataría dos pájaros de un tiro mientras lograban esos grandes avanzaban que tanto se le exigían.
-Realmente se cree el cuento del arma biológica, eso es lo más superficial que pudimos inventar… -intuyó el director con una expresión bastante fría mientras indagaba en lo que sabía, conociendo el verdadero propósito de un proyecto tan particular como ese con objetivos mucho más crueles que la guerra-.
Señor Sullivan, ¿Qué es lo que más abunda en este mundo a pesar de toda la tecnología con la que contamos y los avances que ha logrado la humanidad?