El fantasma carmesí 2 #3
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El agarre de Phantom se hizo más fuerte, no quería dejarlo ir y le preocupaba que cruzara esa puerta, algo muy triste se descubría en la mirada de Phantom al ver directamente el rostro de Sullivan, como si sus pensamientos más tristes girasen en torno al hombre y no pudiera hacer más que limitarse a suplicar sin obtener ningún resultado… Era algo lamentable, pero no era más que otro día en la vida del niño que se aferraba cuanto podía al único alivio de una existencia tormentosa, queriendo creer que había más personas buenas como Sullivan en el mundo y no que todo se componía de espectros silenciosos que preferían darle la espalda.

Al final, solo con ver el torrente sanguíneo de Sullivan y comprender que estaba provocando que los latidos de su corazón se aceleraran, pudo entender que lo mejor era decirlo ir, provocando que las luces verdes de su collar cambiaran a amarillas, amenazándolo con darle otra descarga eléctrica si sus emociones seguían creciendo; con gran pesar en su corazón, entendiendo que rogar no le serviría de nada, Phantom eligió soltarlo y dejarle, dejar que el deseo de su compañía se marchitara mientras contemplaba como Sullivan tomaba su maleta y abría la puerta no sin antes mirar al niño una vez más, estaba seguro de que los latidos del hombre se debían a que estaba asustado, le tenía tanto miedo y repudio como los fantasmas, no era más que un monstruo ante sus ojos por sus habilidades, era un ser abominable.

Sin embargo, Sullivan pudo reconocer que bajo su viejo cuerpo los latidos de su corazón eran prueba de cuanto le preocupaba esa situación, cuantos nervios y sentimientos encontrados se reflejaban en aquellos ojos carmesíes que lo buscaban con inocencia y deseos de amor, pero él buscaba explicar eso a través de los significados de su profesión: Phantom no era más que un escapista, y Sullivan era su lugar seguro, escapaba hacia él para eludir su propia realidad.

Pensarlo de esa manera conseguía distanciarlo por todo un mar de indiferencia de Phantom, creaba una barrera entre él y todos los demás, solo de esa manera conseguía que nada de lo que sucedía fuera de sí mismo lo afectara, estaba seguro de que usar esos trucos psicológicos con él mismo eran la mejor manera de seguir viviendo sin atarse a nadie que solo podría lastimarlo con su ausencia.

De ese modo Sullivan cruzó al otro lado de la puerta sin despedirse ni decirle nada, dejando a solas al niño que usaba el paño y los libros como un consuelo, observando cómo se distanciaba una vez más y se preguntaba a sí mismo: ¿Qué había hecho mal?

Entonces él se levantó y se acercó a la puerta, aunque ya estaba cerrada, e intentó abrirla a pesar de que no tenía identificación, fortificada por el metal y los mecanismos invisibles que le impedían la salida, comenzaba a desesperarse por el simple de hecho de, por primera vez en su vida, querer escapar de esa amarga habitación pálida, quería tanto deshacerse del penumbroso pesar que se arrastraba sobre él que ni siquiera le importó fijarse en las luces de su collar que pasaron de amarillas a rojas y soltaron una descarga eléctrica sobre él, provocando que el niño cayera en el suelo.

- ¡Me duele, por favor, deténganse! -imploró con su voz soltando gritos ahogados, cobrando el don de hablar con claridad mientras se retorcía en el suelo como un animal-

Fue admirado por los científicos que finalmente pudieron escucharle formando una súplica y no solo repitiendo palabras como un perico, algo novedoso y sorprendente que les hizo aumentar la potencia del collar para descubrir hasta donde podía llegar con tanto dolor, pudiendo ver a través de las cámaras como se retorcía y gritaba mientras la sangre en su cabeza se desparramaba sobre el suelo, invocando la voz para que se presentara de nuevo reclamándole por ser tan débil y sensible.

“Cuando sufres entiendes que nadie te quiere”

susurraba la voz al presentarse de nuevo en su cabeza mientras la electricidad lo recorría, castigando su carne y petrificando sus pensamientos, ahogándolo con todo el dolor y desprecio que podía percibir en esas cuatro paredes blancas de siempre.

- ¡Para, deja de hablarme! -exclamó con un poderoso grito, y el eco de su voz hizo que los cristales se agrietaran, provocó que un horroroso chillido se transmitiera por las cámaras hasta alcanzar a los científicos que tuvieron que quitarse los audífonos al mismo tiempo, incapaces de escuchar qué otras cosas gritaba el sujeto hasta que el dolor lo dejara inconsciente-

Phantom había pataleado, gritado y peleado con el vacío de la habitación, no había nada que contrarrestara sus golpes, era una fuerza invisible que ningún ojo humano podría ver, pero ante él era bastante clara aquella horrida presencia de un ser tan alto que debía inclinarse para mirarlo, tan robusto y pesado como una bestia sedienta de sangre… Le preguntó quién era, a lo que la bestia diabólica contestó que era él mismo, la versión de él que siempre le hablaba cuando la sangre brotaba de su cabeza, y Phantom peleaba por no ser más que una horrible visión de todo en lo que no quería convertirse.

Fue en ese momento en que el dolor lo dejó con sus ojos en blanco, aún vivía, pero el dolor le había hecho incapaz de percibir nada más del mundo real, no era más que una víctima de su propia ilusión por seguir creyendo que Sullivan vendría a rescatarlo de sí mismo, gritando desde el abismo con las palabras que había aprendido en ese día con la esperanza de que así su maestro estaría tan orgulloso de él que decidiría regresar.

No obstante, el niño falso solo conoció la desesperanza al esperar por alguien que nunca regresaría, viendo en el vacío oscuro de su consciencia la soledad que siempre cargaría en su alma.

“Ha desarrollado un escapismo hacia mí con tal de ver algo diferente…”

Sullivan pensaba mucho en lo sucedido mientras permanecía en el elevador, solo tenía a Phantom en el centro de sus pensamientos conforme la luz se filtraba por los cristales del elevador y resplandecían en el interior, pero no conseguía alcanzarlo para disipar la oscuridad que se dibujaba en sus facciones como un reflejo de las ideas que transitaban por su cabeza en ese instante, luchando incansablemente por desprenderse de esa figura tan infantil que no hacía más que empeorar sus propias sensaciones.

Podía escuchar la voz del niño en su cabeza, lo llamaba por su nombre, le rogaba que volviera con él, quería tanto su presencia para consolar su tristeza que no le habría importado si solo era un minuto o un par segundos, solo quería que estuviera a su lado para calmar esa silenciosa soledad.

Podía percibir sus deseos en su mirada, era algo triste, pero también demasiado personal como para restarle importancia, no era más que el deseo infantil de un niño por querer estar en los brazos de alguien que no lo viera como un arma biológica.

Sin duda, era una criatura interesante, se dijo Sullivan antes de llegar al siguiente piso, no era humano, pero tampoco una quimera creada en un laboratorio; solo era una extraña carcasa de tristezas y deseos no cumplidos, algo que intentaba atrapar a Sullivan en una espiral de compasión por algo ajeno a su propia especie… Y él intentaba convencerse de que era una criatura infame, no era un niño, por más que suplicara ser visto de esa manera, debía abrazar la idea de que jamás sería real para así evitar caer en su propia debilidad, aunque en el fondo sentía que le estaba dando la espalda a alguien más.

Al abrirse las puertas fue recibido por una escena inesperada: todos los científicos lo recibieron con aplausos, el director Crane se hallaba en medio del grupo de batas blancas y lentes redondos que felicitaban a Sullivan por un logro que aún no comprendía a pesar de hallarse en medio de todo el ajetreo, podía percibir las sonrisas que le dedicaban y los gestos tan profesionales alabando su capacidad, incluso Crane quien en un principio parecía aborrecerlo por intentar tener un poco de empatía por una criatura inhumana estaba genuinamente contento por los avances del doctor, avances que ni siquiera él mismo parecía comprender.

-Sabía que usted era el mejor para el trabajo.

-destacó Crane acercándose para estrechar su mano y sonreír en respuesta al gesto de confusión del doctor-.

¡Amigos, con ustedes, el hombre que nos ha ahorrado otro año de trabajo!

Y todo el ajetreo se hizo presente de nuevo, los aplausos y los gritos de júbilo, la presencia de una alegría incomprensible que le hizo desear quedarse sordo por tal estruendo, aún cuestionándose a qué se referían, incapaz de unirse a su celebración, sintiendo que se burlaban de él como si de un niño en su fiesta sorpresa se tratase, y buscó por todos lados la razón.

No obstante, fue el mismo Crane quien aprovechó el instante de silencio para explicar la razón que consiguió arrancar aquellas sonrisas de entusiasmo por logros que cimentarían las bases de la próxima era de la humanidad.

-Para quienes no estuvieron presentes, sea porque estaban en el baño o jugando a las cartas en la sala de descanso, el doctor Sullivan acaba de lograr en dos días lo que no hemos podido hacer en un año: Phantom ha sido capaz de comunicarse correctamente y formular oraciones completas, ¡El sujeto ahora es capaz de hablar! -anunció el director con una voz profunda e indescifrable, abstrayendo a Sullivan en su propia maravilla por haber escuchado tal hazaña que se le atribuía-