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Entonces pareció comprender, era algo nuevo pero llamativo, algo que podría ayudarle en el futuro, y su expresión estudiosa delató que realmente estaba captando cada cosa que su tutor le estaba enseñando.
Entonces Phantom retiró su mano para tocar su propio pecho, el mismo que le parecía tan delgado y demacrado a pesar de todo lo que los científicos creían, pues él mismo se veía pálido y enfermizo como en sus primeros días de vida, cada vez que se veía en el espejo y sangraba la voz en su cabeza le decía que era bastante feo, tenía una cara que ni una madre podría amar, tenía el cuerpo de un animal y la mente de un bebé, según recitaba la voz cuando Phantom no hacía lo que esta le pedía, odiándolo por no obedecer sus peticiones.
El niño entonces abrió su boca para repetir lo que había entendido cuando tocaba su pecho, siendo admirado por Sullivan al verlo intentando con tanta dedicación:
-Fantasma… -dijo con una voz bastante pasiva, como la de un niño pequeño, aunque al hacerlo tartamudeaba un poco-
-Bueno, estuvo cerca, pero debes decirlo como te enseñé… -Sullivan repitió el proceso, tomó con delicadeza la mano de Phantom y lo guio nuevamente a su pecho-.
Dilo conmigo: Phantom.
Él miraba el rostro de Sullivan mientras lo guiaba, buscaba algún indicio de desprecio, buscaba una razón para temerle a pesar de la gentileza que le había mostrado, sin embargo, cuando miraba y desentrañaba el secreto de su mirada solo podía describir cuán triste se sentía, había un sentimiento bastante desolador en la cara del doctor, como si intentara ocultar todo lo que sentía desde hacía mucho tiempo; cuando miró el torrente sanguíneo del hombre descubrió que no sentía miedo, su ritmo cardiaco era normal, no sentía miedo o asco al tener contacto con el niño, era como si realmente lo viera como alguien normal y no como una criatura peligrosa.
-Phantom… -dijo mientras sostenía su pecho, y luego dirigía su mano al hombre-…Sullivan.
- ¡Bien hecho! -felicitó el hombre con una palmada en su cabeza-.
¿Entiendes ahora? Tu nombre es Phantom, es quién eres, espero que no lo olvides.
El niño se alegró tanto al sentir sus caricias, pensó que la sensación del paño en su cabeza era la mejor, pero no se podía comparar con las caricias de su mano, era como recobrar un sentimiento que realmente nunca había sentido, conseguía ruborizarlo y dibujar una sonrisa en su rostro mientras apartaba los mechones de cabello para verlo mejor.
Sin embargo, a pesar de ver con buenos ojos el logro del niño, le disgustaba que tuviera que usar un nombre tan desagradable para que él reconociera su existencia, no era una identidad sino el título de una tarea con fines nefastos le entristecía pensar que si Phantom llegaba a reconocer varios conceptos podría terminar por despreciar su propia existencia; no lo veía como un arma biológica, sino como una criatura que nacer no había pedido y vivir no sabía por decisiones que no le concernían… No obstante, era feliz siendo un niño que repetía lo que aprendía.
“Nada de esto te preocupa realmente, ¿Verdad, niño?”
pensó mientras lo miraba con alegría por como repetía la presentación hasta mejorar su tono de voz, cada vez sonando más optimista ante la idea de reconocer su existencia y la del hombre frente a él; tener una identidad, saber que estaba siendo adiestrado para ser un arma biológica, y la sensación de ser amputado o sujeto a experimentos cada vez más nefastos, eran condiciones que no parecían afectar la mentalidad de Phantom en ningún momento, solo era una criatura con una mente y unos ojos que se maravillaban con facilidad.
-Muy bien, ahora te enseñaré las vocales.
-anunció mientras tomaba uno de los libros que le había regalado, empezando así con su primera clase-
“Las formas son tan extravagantes, el sentido tan extraño, pero sigue siendo emocionante de verdad”
pensó el niño sin idea de cómo decir en voz alta todas esas palabras, con la ayuda de Sullivan para desentrañar en ellas.
El sentimiento de descubrir, conocer y aprender resultaba gratificante para un niño que con sus ojos brillantes se emocionaba por ver más de la belleza del saber.
Para Sullivan el tiempo fue lento y tedioso, hacía mucho que no le enseñaba a nadie como leer, su hija había sido la única persona en su vida con quien lo hizo, y tantos años después repetía esa situación con un niño desconocido, probablemente esa fue la razón por la que no pudo apreciar genuinamente ese tiempo por estar tan inmerso en sus propios pensamientos mientras la situación se hacía cada vez más lejana al disociar de ella, con los minutos sintiéndose demasiado pesados, como un castigo por convivir con una criatura imperfecta.
En cambio, para Phantom no había cosa más encantadora y sublime que ese tiempo juntos, para él fue tan fugaz que apenas pudo disfrutar cada detalle de su compañía y enseñanzas, observando con fascinación las imágenes en los libros que ilustraban con ejemplos las vocales y sus diferentes funciones, un concepto que se hacía cada vez más interesante por la variedad de palabras que podían existir en distintos idiomas.
Tanta belleza, tanto por leer y escribir, se decía a sí mismo que escuchar y comprender cuando los científicos de otros continentes hablaban no era igual a comprender la formación de las palabras en esos idiomas, todo un mundo de variedad, historia y cultura, que se enriquecía cuando se compartían los mejores aspectos de tantos mundos a la vez, ¡Seguro que en el exterior todos comparten, respetan y aman los idiomas y las culturas! Se dijo a sí mismo con inocencia, confiando en el amor que podía haber en los corazones humanos.
“Siento como me llaman, puedo ver el color emanando de estos libros que me enseñan lo maravilloso que es vivir”
pensó Phantom tras desarrollar su primer deseo: conocer de cerca todas esas culturas donde esos bellos idiomas residían en los corazones de todas las personas, quería explorar la tierra para convivir con ellos y conocer a otros humanos como Sullivan, su segundo deseo al distinguir las figuras de los animales en los ejemplos ilustrados era que quería ver a un zorro, serían dos sueños que lucharía por ver cumplidos.
-Creo que eso ha sido suficiente por hoy… -confesó el doctor tras suspirar, levemente agobiado por el hecho de haber superado una situación tan conflictiva en su corazón, pero también alegre de haber progresado tanto con Phantom que no dejaba de repetir la palabra zorro como si fuera alguna especie de tic del habla-.
Veo que esa palabra te gustó mucho, es un animal bonito en las fotos, ¿Cierto?
El niño asintió repetidas veces, comprendiendo el significado rápidamente, y estuvo seguro de que sería mucho más hermoso al verlo de cerca, junto a Sullivan, pudiéndose imaginar cómo sería si esa hermosa criatura se adentrara con ellos en la habitación y ambos tomaran asiento para admirar y alimentar a tan noble ser, descuidando un poco su rostro al dejar que su cabello rojo lo cubriera nuevamente dejando al pequeño Phantom un tanto confundido por ver una oscuridad carmesí repentina.
-Es un desastre tener el cabello tan largo y descuidado… Tal vez pueda hacer algo para arreglarlo.
-dicho eso miró directamente a las cámaras de la habitación-.
¿Habrá problema si le hago un corte de pelo al paciente?
Esperó por una respuesta solo un minuto, aguardaba a que las bocinas resonaran para escuchar a las personas de la sala de control, pero esa respuesta nunca llegó, y el doctor no quería perder el tiempo con esas personas por algo tan trivial que realmente nunca afectaría el proceso del proyecto.
Habiendo suspirado pesadamente, tomó el paño que le había regalado a Phantom y lo colocó en sus hombros, confundiendo un poco al niño que inclinó la cabeza a un lado mientras su cabello le seguía el ritmo, una pista que le daba a Sullivan más razones para ayudarlo con ese problema.
Ni los científicos o el director Crane se habían preocupado por cortarle el cabello, no había prioridad o razones, desde que Phantom había nacido hacía un año le habían dejado conservar su cabello tan largo como pudiera crecer al punto en que incluso Sullivan llegó a pensar que era una niña frágil y bastante peculiar, de no ser por los registros de su género y edad, al menos en apariencia, se habría quedado con esa primera impresión.
Le dijo que lo habían descuidado mucho, pero que él mismo no debía descuidarse, junto al nombre, la apariencia era una parte fundamental de la identidad, debía asegurarse de reconocerse a sí mismo para poder avanzar en la vida, era un concepto que el niño jamás olvidaría mientras llevaba una mano a su pecho y repetía su nombre tal y como Sullivan se lo había enseñado: Phantom no olvidaría que debía buscar su identidad para seguir con vida, debía hacerse esa pregunta antes de irse a dormir y dejar que sus sueños le precedieran en busca de la identidad.
Cuando Sullivan usó las tijeras intimidó un poco al niño, no era la primera vez que veía un instrumento tan filoso, el miedo le precedió porque pensó que le iba a cortar las extremidades como los científicos llegaron a hacer; Sullivan notó este miedo, y estuvo a punto de calmarlo, era normal que un niño lo sintiera con su primer corte de cabello, pues incluso él recordaba haber tenido que masticar gomitas cuando era niño para calmar sus terrores mientras su peluquero se contenía la risa, sin embargo, antes de colocar ambas manos en sus hombros, pudo ver con detalle algo sumamente triste que delataba las creencias que Phantom mantenía en su cabeza, sin poder confiar realmente en que algo bueno podría suceder: él estiró su brazo por debajo del paño, se lo ofreció a Sullivan como si estuviera listo para cortarlo, a pesar de que él temblaba al hacerlo no dudó en entregarse al hombre.