I Más allá del limbo #7
Realizar su propio análisis era una forma de hacer tiempo hasta que le ganara el sueño, callarse y mirar al techo percibiendo estrellas imaginarias era la única forma en que podría conciliar el sueño después de una tarde llena de nuevos pensamientos, pero sin duda, más aterrador que presenciar como un niño hacía sangrar a un hombre adulto con su sola presencia era irse a dormir temprano para estar a solas con sus ideas.
“Esto es aterrador, que miedo da escuchar el eco en mi cabeza, ¿Esto es con lo que lidio cuando no estoy borracho?”
se cuestionó Sullivan mientras pasaba una mano por su rostro y notaba sus arrugas, no había un día en que no envejeciera y se alejara cada vez más de la persona que solía ser, de ese hombre alegre y juvenil que vivía en la fotografía reprochándole por dejar que se convirtiera en esa cosa deprimente.
Con tanto en qué pensar para un solo día, Sullivan se recostó en su cama, tomando abrigo con sus sábanas por el frío aire que siempre circulaba por las instalaciones, y pensó en cómo sería escuchar una tormenta desde ese lugar, se preguntó si acaso la lluvia podría entrar a pesar de cuán profundo se hallaba en la tierra… Su cuestionó si los niños nacidos sin padres tendrían alguna vez la oportunidad de presenciar la lluvia por sí mismos, en esa tumba donde las estrellas del pensamiento iban a perecer, y con esas ideas tan tristes en su mente Sullivan se permitió descansar en su silenciosa soledad.
Al día siguiente nuevas pruebas se presentaron, los sujetos imperfectos perecieron ante la desgracia de su propio nacimiento, dejando a Phantom nuevamente con un sabor amargo por presenciar el hermoso resplandor carmesí de sus torrentes sanguíneos que se evaporaba frente a sus ojos.
El niño yacía en la misma sala del día anterior, después de pasar toda la mañana siendo una rata de laboratorio en distintas salas, ahora podía darse el lujo de descansar a la espera de su tutor, había traído consigo sus libros y su paño aún manchado de sangre para el encuentro, temiendo que el hombre no regresara tendría con él esos pequeños recordatorios de la bondad que había recibido.
Sus guantes pasaban contantemente por su rostro para remover su largo cabello que empezaba a molestarlo, era difícil tener que quitar esos mechones a cada instante para tener un poco de claridad de todo lo que tenía frente a él, los científicos no se preocupaban en cortárselo porque no había necesidad, en ese lugar no podría tener piojos ni alimañas, además de que su propio cuerpo se encargaba de limpiar las impurezas.
Cuando Sullivan entró, alertado por el amargo sonido de la puerta inteligente, el rostro del niño despertó una alegría indescriptible, con un inocente rubor en sus mejillas por notar la presencia del hombre que decidió hacerle compañía un día más, e inmediatamente se levantó para recibirlo con unos pequeños sonidos que parecían querer articular las palabras correctas, era como un cachorro que ansía tanto la llegada de su amo que olvida como ladrar, y de ese modo el doctor entendió que Phantom había cobrado cierto cariño por ser la única persona en demostrarle algo más que no fuera indiferencia.
-Buenos días, Phantom.
-saludó, sorbiendo un poco de su café-.
Veo que trajiste tus libros, perfecto, así empezaremos la clase de hoy.
El niño asintió y volvió a tomar asiento mientras abrazaba el paño, en esa ocasión ya no tenía sangre en la cabeza por lo que se le notaba más tranquilo, el subconsciente permanecería en silencio mientras le hacía compañía al hombre que volvió a sentarse y a dejar su maleta a un lado, dedicándose en un principio a mirar directamente a los ojos carmesíes del niño que le devolvía la mirada con una inocencia muy especial.
Sullivan no tardó mucho en deducir que lo mejor para empezar su interacción, y que Phantom estuviera en el camino correcto para ello, era presentarse debidamente y que ambos reconocieran quienes eran.
El nombre, una parte fundamental de una persona, era su identidad, podía definir tanto su personalidad como su carácter, alguien sin un nombre verdadero era como un alma errante que no sabía de dónde venía ni a dónde iba, era una criatura que rogaba por una identidad, sin ella no era más que un niño de mirada inocente que se ruborizaba por la más pequeña muestra de generosidad, alguien como Phantom, cuyo nombre ni siquiera era real, buscaba hasta el cansancio algo que lo pudiera identificar.
-Sullivan… -pronunció el doctor al tocar su propio pecho, como lo haría con un chimpancé, luego tocó el pecho del niño-…Phantom.
El niño parecía extrañado por el acto, al principio lo tomó como un juego y empezó a tocar su pecho para luego tocar el de Sullivan, y se reía en el proceso hallando diversión en un acto tan minúsculo, cosa que irritó ligeramente al doctor, pero supo controlar ese sentimiento al reconocer que no podía culpar a Phantom por una interacción que era novedosa… Y eso estaba bien, solo era una pequeña esponja lista para absorber cualquier conocimiento que se le presentara.
-No, no.Sullivan… -repitió el proceso con más calma y lentitud, tomando la mano enguantada de Phantom para guiarlo-…Phantom.