I Más allá del limbo #6
Mañana tendrá otra interacción con él a mediodía, queremos que pueda hablar para final de mes, confío bastante en su trabajo, tendrá acceso a todo lo que hemos registrado en los últimos meses por si llega a requerirlo.
Sullivan miró el interior de su habitación con cierta inquietud, era un espacio blanco como el resto de las instalaciones, un lugar meramente diseñado para el descanso y la relajación, y aunque cumplía con su propósito era un lugar desprovisto de alegría, sabía bien que sería lo más cercano a su hogar por los próximos meses, quizás años, pero no le transmitía ninguna tranquilidad más que la de cerrar sus ojos, más allá de eso no había familiaridad ni calor en esas cuatro paredes cargadas de pesar.
Una cama le esperaba situada sobre lo que parecía ser un espacio en la pared, al acercarse un pequeño dispensador se abría para servirle cualquier tipo de bebida que deseara, además de algunos agregados que convertían ese lugar en un minibar disponible para su uso incluso antes de dormir.
Había un pequeño dron que se levantaba de su capsula de carga en una esquina y se deslizaba por el suelo como un pequeño duende hasta llegar con él, ofreciéndose a tomar su maleta para desempacar y acomodar todas sus pertenencias, tenía a su disposición un reproductor de películas que podía proveerle con el entretenimiento que deseara a costa de no tener nada para ver las noticias del mundo exterior, como todos, alejado completamente de lo que pudiera estar sucediendo en la superficie.
Sin duda era un lugar de ensueño para la mayoría, con dispensadores de alimentos y bebidas, con la capacidad de entretenerse con todo lo que quisiera y la ayuda necesaria para no preocuparse por la monotonía de los quehaceres… Sin embargo, para Sullivan no era más que una alegría artificial para cubrir las horas de silencio y soledad que atormentaban a todas las personas de las instalaciones que se levantaban únicamente para seguir trabajando con aberraciones disfrazadas de niños, jugando a ser dios con la excusa de crear armas y contrarrestar la muerte para siempre.
-Señor Crane, no sé si esta habitación sea lo ideal… -confesó Sullivan al darse la vuelta para encarar al director, no obstante, este último lo dejó con la palabra en la boca al retirarse, cerrando la puerta de forma automática para dejar que el hombre se reacomodara en sus aposentos con sus propios pensamientos-
Sabía que no le había dado una buena impresión al director, probablemente porque tenían una visión muy diferente sobre las cosas que estaban sucediendo en esos laboratorios, mientras que para Crane no eran más que negocios y sabía bien como dejar sus sentimientos fuera del trabajo, para Sullivan era inevitable tener una percepción más íntima de los trabajadores y el ambiente que se cernía en Genexis Sciences, en gran parte por la naturaleza de las cosas que estaban haciendo con criaturas de apariencia humana, que a pesar de ser homúnculos y creaciones imperfectas no dejaban de tener consciencia.
¿Tendrían un alma? A Sullivan no siempre le gustaba pensar en esa cualidad porque su fuerte eran las emociones, los comportamientos y las razones detrás de ellos, pero fue una pregunta bastante curiosa que llegó a su mente al pensar en lo que hacía especiales a las personas, todas esas características que los distinguían unos de otros y que muchos atribuían al concepto de un alma que forjaba el cuerpo, la mente y el carácter, ¿Criaturas como Phantom tendrían algo parecido? O, por el contrario, incluso ese atributo no sería más una vulgar imitación de lo que eran las personas.
Después de todo, ni siquiera provenían de una muestra humana, esos niños del piso inferior salieron de algo que ni siquiera podían comprender, probablemente habían hecho todo lo posible para que sus apariencias fueran lo más humana posible, pero en el fondo seguían siendo seres que con su sola presencia atormentaba a la humanidad por el hecho de no ser los únicos en el universo.
Todas esas cuestiones existencialistas los habían perseguido desde el principio de la creación, pero en el presente se habían intensificado por el acceso a un gran conocimiento que seguía aumentando con cada día que pasaba, y a Sullivan le preocupaba formar parte de algo tan grande después de todo por lo que había pasado.
El doctor debía lidiar con todas esas reflexiones, con tanta responsabilidad, mientras su corazón seguía marchito por la idea de haber perdido a su propia familia; cuando el dron terminó de desempacar todas sus pertenencias se acercó a Sullivan una vez más, la pequeña criatura de luces y metal le entregó una vieja fotografía en sus manos, tomada con una cámara instantánea donde un padre tenía entre sus brazos a su esposa e hija, mirando con una gran expectativa el futuro, ese día la niña había ganado su primer torneo de soccer y celebraron en su pizzería favorita.
Ambos lucían tan saludables, tan llenas de vida y vigor con esas sonrisas que reflejaban cuan maravilloso había sido ese día… Tan saludables, era una palabra curiosa en el presente, se dijo a sí mismo el doctor mientras volvía a guardar la fotografía en el bolsillo de su pecho, y entonces miró al pequeño dron que regresó a su capsula de carga a descansar, dejando sin su compañía al hombre melancólico.
Probablemente esa era la razón por la que estaba siendo tan sensible con Crane poco antes, no veía valor en esas criaturas del piso inferior ni sentía compasión, solo estaba reflejando sus propios fantasmas en aquellos que no tenían un nombre verdadero, estaba proyectando una idea bastante personal que al final solo conseguía distraerlo de su verdadero trabajo.