El fantasma carmesí I Más allá del limbo #4
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I Más allá del limbo #4

Desvió la mirada hacia Sullivan, el hombre no se había movido de su silla, pero su rostro esbozaba una intranquilidad muy lamentable, compadeciéndose del rostro confundido de Phantom que seguía sin comprender lo que había sucedido, ¿Por qué sentía que su cuello se quemaba y se esparcía por el resto de su cuerpo? El niño aún temblaba mientras permanecía de pie, sosteniendo su collar hasta que las bombillas volvieron a recuperar su color verde y el dolor se desvaneció con él, dejando que Phantom pudiera recomponerse mientras jadeaba y miraba a Sullivan, casi como si le rogara que le quitara ese castigo inmerecido… Y de ese modo su cabeza volvió a sangrar, permitiendo que la voz pudiera regresar para susurrar cosas nefastas.

-Niño, lo siento, yo… -confesó el hombre, aunque no tuviera mucho que decir al respecto-

De pronto el sonido de una bocina los interrumpió, como si un botón de seguridad fuera presionado en algún lugar para alertar al doctor de un peligro inminente, al menos así lo consideró por la forma en que la habían programado, y pudo ver en la reacción de Phantom que también creía que era algo peligroso; se inclinó un poco, se abrazó a sí mismo y miró en varias direcciones buscando por el peligro, con su túnica de laboratorio siempre manchada de sangre, parecía una pequeña rata blanca buscando la salida de un laberinto engañada por el olor del queso como premio, ya ni siquiera los científicos se molestaban en cambiar su ropa porque siempre estaba sangrando, dotado así con un aspecto enfermizo a pesar de lucir tan sano, en cierto sentido era un fantasma viviente para el criterio de Sullivan.

Entonces al sonido de alarma le precedió una voz, con toda la sala blanca que los envolvía era como si aquella voz proviniera del vacío, una presencia invisible que había estado presente en todo momento sin ser notada por ninguno de ellos, y aunque Sullivan sabía a quién pertenecía Phantom no sabía absolutamente nada, para él solo quedaba una incertidumbre muy profunda mientras esperaba que la alegría de antes pudiera invadirlo una vez más para reemplazar esa angustia con la que vivía.

-Doctor Sullivan, ya hemos visto suficiente, por favor retírese de la sala y deje al sujeto de pruebas en paz.

-pidió el hombre de la bocina, hablando con un tono autoritario y no como un colega de trabajo, ordenando antes que solicitar al hombre que trataba con Phantom-

Sullivan se lamentó que así fuera, a pesar de todos sus reconocimientos y logros tan prestigiosos, pues debía limitarse a obedecer a pesar de que estaba logrando buenos avances con Phantom previo al castigo, y sin mucho que decir para alguien que aún no podía responder simplemente decidió tomar sus cosas para volver a guardarlas en su maleta antes de salir de ese cuarto blanco.

No obstante, cuando intentó tomar el paño se vio sorprendido por el arrebato de Phantom, pues él había recogido el paño y un libro antes que el hombre, los abrazaba con fuerza mientras temblaba y le devolvía la mirada, haciéndole saber que no le dejaría que se lo llevara porque significaban algo más para el niño.

-Oye, sé que te gustan esos libros, pero debo llevármelos.

-confesó Sullivan al inclinarse frente a él y estirar sus manos-

A pesar de sus esfuerzos no pudo hacer nada para quitárselos, Phantom contaba con más fuerza que cualquier hombre, sin embargo, usaba esa fuerza para que no le quitaran lo único que le hacía feliz… Era una imagen bastante extraña que Sullivan nunca habría imaginado encontrar cuando aceptó ese trabajo tan secreto, y sabiendo cómo funcionaba la mente de personas aisladas como Phantom entendió que lo mejor era dejarle un recuerdo de algo que no fuera dolor y rechazo por parte de aquellos a quienes consideraba su familia, verlo acariciar el paño como si fuera un cachorro era como ver a un niño que ansiaba recibir lo que creía que solo existía en las mentiras.

El doctor dejó su mano en el carné para abrir la puerta, pero antes de irse permaneció por más tiempo contemplando al niño que seguía sentado en la silla, consolando ese dolor que había sentido al abrazar el paño y los libros con delicadeza, concentrándose en esa sensación sin prestar mucha atención al hombre que estaba a punto de marcharse no sin antes dedicarle una mirada compasiva.

Entonces Sullivan pensó en lo cruel que podía llegar a ser ese experimento por las personas que lo controlaban, habiendo leído los reportes y escuchado las grabaciones, supo que ninguno de esos científicos tenía la más mínima educación psicológica como para saber que estaban creando a un ser muy triste, un monstruo lleno de melancolía.

-Doctor Sullivan, retírese de inmediato.

-repitió la voz de la bocina cuando vieron a través de las cámaras que el hombre seguía de pie contemplando con tristeza al sujeto de pruebas-

“No lo van a repetir otra vez, váyase… por favor”

escuchó que alguien lo dijo, una voz ajena a sí mismo, le habló en su mente con un tono bastante tímido y gentil.

Supo mantener la compostura a pesar de que se había asustado por ello, pero decidió hacerle caso a esa voz mientras abría la puerta y se retiraba en silencio, siempre contemplando al niño que abrazaba el paño ensangrentado y dejaba los libros en su regazo, anhelando su próximo encuentro con su tutor.

Sullivan cerró la puerta y dejó a Phantom a solas, marchándose hasta la próxima vez que pudieran encontrarse, por más incierta que pudiera ser esa posibilidad, recorriendo esos pasillos donde una docena de drones avanzaban para llevarse al sujeto de vuelta a su habitación, aunque en realidad era una celda sin barrotes donde la tristeza se veía multiplicada, y el hombre también lo reconoció como un signo de cuan insensibles podían llegar a ser, esa falta de contacto humano era lo que condicionaba la forma de ser de Phantom, una actitud tímida y avergonzada que los científicos despreciaban por considerarlo pésimo.

No obstante, sabía lo que sucedía con el contacto directo de sus manos, no podía culparlos del todo, tenían tanto miedo como Phantom, ese miedo los apartaba unos de otros, porque en lugar de ayudarle e instruirlo para hacer el bien lo estaban condenando, había escuchado los mensajes subliminales que le ponían mientras dormía, todas esas palabras con la que esperaban obtener el arma biológica definitiva para sus guerras personales:

“Vas a lastimar a los que quieres, vas a causar dolor y enfermedades a los que te rodean, debes obedecer, debes matar”

quizás no lo recordaba conscientemente, pero el subconsciente se repetía a sí mismo esas palabras, de todas las criaturas descubiertas en el nuevo siglo Phantom era la más triste de todas, un niño que estaban diseñando para lastimar y no para salvar, una bestia sin nombre, el producto perfecto que Genexis Sciences buscaba replicar.

Sullivan tomó el elevador que lo llevaba a la parte superior de los laboratorios, un sistema muy avanzado escaneó todo su cuerpo y una voz robótica reveló el contenido de su maleta y sus bolsillos: peluches, libros, una libreta con anotaciones personales y una fotografía de su familia, provocando cierto disgusto en el hombre porque pensó que la tecnología ya no tenía cavidad para la privacidad y ese problema seguiría aumentando al paso en que iban con tantas corporaciones acelerando los avances.

Finalmente, tras haber abandonado esos espacios de espesor pálido, sin otro habitante que no fueran Phantom y los niños imperfectos que perecían cada día, regresó a lo único que tenía para comprender que seguía en el mundo real y no en una simulación de la vida con seres abandonados por su propio creador.

La corporación Marston, una de las tantas a las que despreciaba por acelerar la tecnología y la manipulación biológica, junto a los gobiernos y las pruebas de productos realizadas en Phantom, era una de las principales fuentes de ingreso para Genexis Sciences, gracias a la corporación es que ellos contaban con una base de operaciones sumamente avanzada que les permitía desarrollar todas las pruebas que quisieran e incorporar drones avanzados que actuaban más como el reemplazo de las secretarias.

La base de Genexis Sciences era tan grande y estaba tan provista de recursos que los trabajadores contaban con sus propias habitaciones, siendo un piso superior al que se hallaba antes, pero no estaba ni cerca de la superficie, y a donde fuera que mirase descubría escritorios y más cámaras de pruebas situadas en ambos lados o en las plataformas superiores, en ellas se realizaban vivisecciones de los sujetos imperfectos antes de que fallecieran, probando así los distintos usos de sus cuerpos, también probaban las muestras de la sangre de Phantom.

“¡Es asombroso! La sangre del sujeto es inmune a todo tipo de enfermedades, no posee glóbulos blancos o rojos como nosotros sino una especie de molécula totalmente diferente, es algo que ni siquiera tenemos en la tabla periódica, se adapta y desarrolla inmunidad a cada organismo ajeno que se presente en su sistema”

pudo escuchar por parte de un grupo de científicos que tenían una docena de muestras de la sangre, en aspecto era igual a la suya, pero al mirarla con detalle descubría que era muy diferente al poseer un brillo especial, lo llamativo era ver que el líquido no podía hervir sin importar la cantidad de fuego a la que lo expusieran, solo tenían dos hipótesis para explicar ese descubrimiento: el punto de ebullición era mucho más elevado que cualquier liquido en la tierra o era imposible hacer hervir la sangre de Phantom y de aquellos de los que habían obtenido la muestra, el miedo a esa posibilidad hacía que los científicos se aferraran tercamente a la primera hipótesis por el terror a su propia debilidad, a la debilidad de ser humanos en la inmensidad del universo.