El fantasma carmesí I Más allá del limbo #3
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I Más allá del limbo #3

Como un cachorro, soltó un gran suspiro de alivio mientras recostaba la cabeza en la mano del hombre que seguía limpiando la sangre, era la primera vez que alguien lo acariciaba de esa manera desde que tenía uso de razón.

-Se siente mejor, ¿Verdad? -confesó el hombre antes de retomar asiento, e intentó quitarle el paño, pero se había percatado de que el niño de cabello rojo lo había tomado para quedárselo-.

No te preocupes, te lo puedes quedar, solo asegúrate de lavarlo.

Phantom mostró una sonrisa mientras descansaba su cabeza en la suavidad del paño, pero al sentir como el hombre extraño se alejaba sintió una nueva especie de curiosidad, era diferente a la que sentía por el televisor o las películas, era una intriga bondadosa que le permitía dejar atrás el miedo junto al odio con el que se manifestaba la voz en su cabeza, entonces dirigió la mirada al hombre de lentes y canas para conocerlo un poco mejor cuando estuvo dispuesto a escuchar lo que tenía que decir.

-Es un gusto conocerte, mi nombre es Sean Sullivan, a partir de hoy seré tu tutor para enseñarte todo lo que pueda.

-se presentó el hombre al extender su mano para que se la estrechara-

Phantom miró como un felino curioso su mano, no tenía idea de lo que pretendía y se acercó para olerlo al igual que un animal, causando en Sullivan cierto sentimiento de ternura y lástima por ver que el niño ni siquiera sabía saludar con propiedad, no tardó demasiado en apartar la mano sabiendo que no conseguiría nada con ese gesto.

- ¿Tienes un nombre? -cuestionó al pequeño de cabello rojo-

Ante la pregunta Phantom reaccionó con prisa, levantándose de la silla para rodear la mesa y acercarse al hombre, a él le habían advertido que intentara no tener demasiado contacto físico con el niño porque era inestable y podría provocarle enfermedades, sin embargo, Phantom ni siquiera buscaba tocarlo como pensó que lo haría, en su lugar se acercó para levantar su cuello y revelar un collar de bombillas verdes que poseía una etiqueta con su nombre, o mejor dicho, con el nombre del proyecto al que pertenecía.

Sullivan estudió el collar a detalle, leyó las palabras que lo adornaban para identificar al sujeto de pruebas, y como no tenía ninguna otra forma de llamarlo eligió seguir usando ese nombre tan insensible, al menos por los momentos.

Luego Phantom regresó a su silla y se dedicó a contemplar directamente al hombre mientras seguía sosteniendo el paño ahora lleno de sangre, lo sostenía como una posesión valiosa mientras esperaba que el hombre eligiera las palabras correctas para un niño que nunca había tenido ninguna interacción humana.

-Phantom, ¿Sabes lo que es un tutor?

El niño negó con la cabeza repetidas veces, al menos, se dijo a sí mismo el hombre, podía entenderle incluso si no podía expresarse, era un alivio.

-Significa que soy alguien que te va a enseñar cosas importantes, te enseñaré todo lo que necesitas para la vida, te enseñaré a hablar y escribir, también seré tu psicólogo personal, te ayudaré a lidiar con todo lo que sientes.

-confesó Sullivan, intentando usar las palabras más sencillas que conocía-

-Sientes… -repitió el niño con un tartamudeo al ser las últimas palabras que había escuchado, y mostró una sonrisa para Sullivan-

- ¡Bien, aprendes rápido! -felicitó el hombre mientras reía, genuinamente conmovido por la forma en que Phantom lo imitó con una voz tímida, habiendo descubierto que por lo menos el niño no tendría dificultades para adaptarse a la interacción humana-.

¿Y adivina qué? Traje algo especial para ayudarte en este proceso.

Dicho eso, Sullivan volvió a explorar el interior de su maleta, encontrando algo especial que había empacado para lidiar con situaciones como esa con niños incapaces de hablar; para el deleite de Phantom, además del paño empapado con su sangre, había recibido una marioneta hecha con un calcetín, era un pequeño conejo blanco con orejas y patas que se movían por encima de los dedos de Sullivan, haciendo gestos graciosos que provocaban una tierna euforia en él mientras el hombre usaba una voz muy chillona y movía la figura ante los ojos carmesíes del pequeño frente a él.

“Solo es un niño pequeño atrapado en un cuerpo grande dentro de estos laboratorios, me dijeron que era un peligro, dijeron que sería una amenaza a mi vida… Yo les dije que no tenía nada que temer, ya lo he perdido todo, pero al verlo de esta manera, emocionado por ver un calcetín viejo hecho marioneta, me cuesta creer que realmente sea un monstruo como dijeron”

pensó Sullivan mientras jugaba con Phantom, quien quedaba fascinado por la escena de la marioneta explorando un mundo imaginario, contemplando con unos ojos brillantes como rubíes aquella presencia que se distanciaba bastante de todo lo que había conocido hasta ese momento, como si se encontrara en un sueño del que no quería despertar.

La compañía de Sullivan resultaba un alivio para Phantom, quien hasta ese momento había pensado que todas las personas eran fantasmas avergonzados de su verdadera apariencia, o avergonzados de verlo a los ojos, pero aquel hombre de gesto tan gentil había probado ser diferente a todo lo demás… Era como un regalo del cielo dijo Phantom, aunque no sabía cómo era, un milagro salido de las profundidades monocromáticas de las salas de prueba, y no sabía cómo decir que su compañía resultaba tan agradable como para inspirarse a seguir su educación que empezaría con lo más básico: aprender a hablar apropiadamente.

Ambos sabían que no lo conseguiría al primer intento, pero solo con ver que empezaba a reconocer las formas podían reconocer que habría un gran cambio en su vida cuando finalmente pudiera expresar lo que sentía.

Desde las cámaras fueron observados, en parte despreciados y en parte burlados, sin poder hallar el propósito de ese primer encuentro, considerando que tal vez pudo ser un error llamar a ese hombre, un premio nobel en medicina, para tratar con un espécimen tan delicado como Phantom, pero ya no había marcha atrás y debían confiar en que sabía lo que hacía para obtener todos los datos que querían.

Todo lo que vieron en el curso de ese día fueron los juegos didácticos que había preparado para Phantom y las enseñanzas a través de libros infantiles, con fábulas y cuentos como Pinocho, dejando como regalo esas páginas que usaría para seguir practicando su capacidad para hablar incluso cuando no tuvieran clases.

Sullivan y Phantom se conocieron cuando más lo necesitaban, aunque aún no se conocieran del todo, el hombre enseñó al niño para aprender más de sí mismo, y le mostró la sonrisa de su rostro envejecido a ese joven rostro lleno de entusiasmo por todo lo que era nuevo para él, en su silencio podía contarle lo que quería conocer.

“¿Esto como se llama? ¿Qué es todo lo que veo aquí? Es emocionante, en verdad lo es ¡Quiero aprender! ¡Todo es tan nuevo para mí!”

Sullivan imaginaba su voz rogando por aprender más de lo que su tutor podía brindarle, queriendo indagar en el mundo que le rodeaba a través de las experiencias que la primera persona real podía compartir con él.

¿Para qué y por qué? Era sus preguntas silenciosas para cada enseñanza, palabras por aprender y objetos por conocer extraídos de la maleta mágica de Sullivan, objetos que el pequeño Phantom examinaba con la misma curiosidad de un niño normal.

La voz del hombre era una melodía para él que todo lo que veía era nuevo en verdad, tantas cosas por aprender hacían que el niño conociera la diversión, reconociendo que era la emoción de sentir sus pensamientos desfilando por su mente con gran entusiasmo.

Esa emoción, esa sonrisa que nunca habría conocido atrapado en su habitación mirando las mismas películas una y otra vez, hicieron que el falso corazón de Phantom comenzara a latir con gran velocidad y sus movimientos se hicieran más alegres, un acto que se vio reflejado en su collar de bombillas verdes que de un momento a otro pasaron a ser amarillas.

-Phantom, calma… -intentó prevenir Sullivan, sin que el niño le prestara atención-

Jugando con las marionetas, los libros y las herramientas de Sullivan, el niño seguía escuchando su propia voz dentro de su cabeza que se cuestionaba por todo lo que veía, emocionado por las novedades y entusiasmado por todo un mar de conocimiento que aguardaba ante él, preguntando para qué servía cada cosa y el porqué de las maravillas que los libros contaban en sus páginas… Y en cuanto su emoción se hizo demasiado evidente, delatada por los latidos de su corazón, el collar de bombillas amarillas emitió una pequeña corriente por todo su cuerpo.

-Oh, dios mío.

-exclamó Sullivan al ver como Phantom se retorció por un instante en reacción a la electricidad que pretendía calmar esa euforia que estaba demostrando, provocando que su canción quedara en silencio y los objetos en sus manos se resbalaran-

Era como si algo malo recorriera su interior, algo que lo había quemado sin previo aviso por mostrarse tan entusiasmado, y Phantom se quedó temblando mientras dirigía una mano al collar que seguía transmitiendo corriente, aunque en una menor escala, castigándolo por ser como era, forzándolo a seguir ocultando lo que sentía frente a los demás.

Todavía podía sentir la misma curiosidad por querer aprender más, pero junto a ella se levantó un miedo irracional por expresarse como lo había hecho, callando la música en su mente para reemplazarla con un silencio mortal que profundizaba en la idea de que no era un niño real, igual que Pinocho, un niño que no podía rozar la misma alegría que hallaba en los cuentos y las películas.