El fantasma carmesí Preludio. #2
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Preludio. #2

Una habitación blanca acolchada, con una cama y un espejo en su interior lo esperaban tras haber sido abandonado lejos de todos los demás, y la puerta detrás de él, así como el hombre alto que tiraba de su correa, desaparecieron en la espesura pálida de ese lugar tan extraño.

Sin palabras, recuerdos o conocimiento, el niño se limitó a mirar sus manos para intentar descubrir qué había hecho con esa mujer con solo tocarla, pero él no tenía nada en particular, solo era un pequeño de manos frágiles que al simple contacto con otras personas podía lastimarlas… Su primer pensamiento hacia él mismo estaba lleno de pavor, el mismo sentimiento percibido en aquellos rostros adultos que lo juzgaban, y temió a la posibilidad de volver a lastimar a otros porque no le gustaba pensar que había hecho algo malo.

Cuando se miró en el espejo la primera vez sintió miedo, no sabía lo que era el reflejo, se preguntó quién era ese que lo miraba e imitaba sus movimientos, era algo torpe y escuálido, ¿Por qué era tan pálido? El niño se preguntó mientras acercaba la mano y el ser en el espejo hacía lo mismo hasta que tuvo contacto con la extraña superficie la cual consideró un portal a otro mundo, pero, en cuanto experimentó más con sus propios movimientos se percató de que ese era él, por más enferma que pareciera esa criatura, se trataba del mismo niño cuya bata de hospital y falta de vello en el cuerpo le hizo creer que se estaba muriendo.

Miró de cerca el collar que le habían puesto en el cuello, le apretaba un poco y hacía que respirar fuera difícil, pero no era impedimento para él mientras exploraba el resto del aparato que se aferraba tanto a su carne… entonces vio algo que tampoco olvidaría, lo que se convertiría en su primera palabra y cobraría un significado eterno al leer lo que habían escrito en una etiqueta adherida a su collar: proyecto Phantom.

-Fantasma… -repitió con un tartamudeo involuntario, y se asustó del sonido de su propia voz que era tan débil que apenas podía elaborar una oración completa-

Y con pavor por todo lo que le rodeaba, el pequeño niño que podía lastimar a otros se recostó en su cama, pero ni siquiera el descanso le produjo la tranquilidad de recuperar sus recuerdos, un ser creado sin memoria alguna de su pasado, quién era o por qué se hallaba allí, eran todas incógnitas que no podría responder mientras su mente se sumía en las sombras de los espacios que deberían ocupar sus recuerdos, pero solo había sangre y oscuridad a donde fuera que mirase.

Phantom despertó una mañana sintiéndose distinto, habían dejado el desayuno en la trampilla de la puerta donde siempre solía estar, y antes de acercarse para tomarlo se miró en el espejo donde ese rostro de siempre seguía mostrando cambios que jamás habría soñado con conocer, indagó un poco en el cuero cabello que comenzaba a crecer, rojo y vibrante, pensaba que era igual al color de la sangre cuando caía de una herida abierta.

El niño mostró una sonrisa gentil revelando que los dientes de adulto ya estaban saliendo con rapidez, era algo extraordinario incluso para él que no dejaba de impresionarse por los cambios que lo perseguían, y se cuestionó cuanto más podría ir cambiando con el paso de las semanas.

El desayuno era carne blanca y puré de patatas sin condimentos, su preferida, aunque no tuviera mucho sabor, pero al hacer contacto con sus papilas gustativas creía que tenía el mejor paladar del mundo al tener algo para deleitarse.

Desde el principio Phantom vivía en ese lugar, rodeado por paredes blancas y pulcras, alimentado por seres invisibles que se presentaban delante de su puerta con trajes blancos y máscaras extrañas, eran como fantasmas que lo arrastraban hacia el exterior donde le pedían hacer ciertas cosas que no comprendía, y él obedecía porque pensaba que todos los adultos eran sus padres quienes sabían lo que era mejor para el niño.

Tristemente, nunca volvió a ver los rostros que había conocido al despertar, ni el de la mujer que consideró su madre y comenzó a desangrarse al contacto con su piel, desde ese momento pensó que jamás volvería a verla por lo que había hecho, incluso si no era su intención lastimarla.

A veces se preguntaba por qué no podía recordar nada de su pasado ni como había llegado a ese lugar, se cuestionaba su naturaleza porque nunca le habían dado una respuesta directa, las preguntas se quedaban en su cabeza cada vez que se hallaba frente a los fantasmas que lo obligaban a hacer cosas que el niño apenas podía entender.

Cuando acabó su comida se miró en el espejo, quería ver nuevamente cuanto demoraban sus dientes en crecer, y se percató de que ya tenía todos sus dientes y muelas, no había tardado tanto como los fantasmas pensaron, su cabello en cambio tardaba un poco, pudo ver que hasta sus cejas resplandecían con el mismo color; sin embargo, lo más llamativo era el carmesí de sus ojos, pues cuando despertó en la habitación la primera vez sus iris eran blancas como si estuviera ciego, carecía de cualquier esencia o resplandor, era como una marioneta sin personalidad que con el paso de los días iba recobrando su verdadero ser.

“¡Eres tú!”

susurró una parte de sí mismo dentro de su cabeza.

Phantom mostró una sonrisa bastante tímida al espejo, y su reflejo lo imitó, provocando que se ruborizara con facilidad por ser la primera sonrisa que alguien le había mostrado en varios días; se sentía acompañado por la voz que provenía de su cabeza cada vez que se sentía solo, y sin necesidad de golpearse o cortarse con algo, la sangre brotaba de él cuando percibía lo solitario de su confinamiento y la voz susurraba que siempre le haría compañía en sus días más oscuros, palabras profundas que el pequeño niño aún no podía comprender del todo.

Después de acabar su desayuno, su música preferida comenzó a resonar a través de las bocinas de su habitación, una melodía infantil que tarareaba mientras meneaba la cabeza y levantaba sus pies para menearlos suavemente mientras ignoraba todo lo demás, inconsciente de la puerta que se abrió detrás de él y de las altas figuras de trajes blancos que él consideraba fantasmas.

“Grabación número 10 del experimento, el sujeto de pruebas ya ha convivido con nosotros 127 horas, su cabello y sus dientes de adultos han salido a una velocidad excepcional, hemos descubierto que la música para niños genera un estímulo positivo al punto de ignorar cuando entramos a su habitación y ser incapaz de percibirnos como si no estuviéramos allí.

Ha desarrollado la capacidad para imitar algunas palabras e interactuar con su entorno, aunque no lo haga muy seguido por un extraño comportamiento tímido, y a pesar de tener solo 5 días de nacido su cuerpo ha sufrido de una metamorfosis que le hace parecer un varón adolescente que redondea los quince años, no ha vuelto a crecer desde entonces”

detallaba uno de los científicos que entró a la habitación, y con sumo cuidado sujetó las muñecas de Phantom para colocarle un par de guantes impermeables que se cerraban automáticamente sobre su piel, y una vez terminado el científico no pudo evitar soltar un suspiro de alivio.

“El sujeto de pruebas yace tan inmerso en la melodía que ni siquiera es capaz de notar nuestro contacto, es extrañamente dócil, sin embargo, no puedo evitar sentir rechazo por su comportamiento, atribuyo este sentimiento a la hipótesis del valle inquietante por la figura de Phantom que, a pesar de verse como un ser humano, no deja de ser producto del control sobre el genoma.

Aún seguimos investigando qué fue lo que sucedió con nuestra asistente, el simple contacto con el sujeto produjo hemorragia interna y actualmente padece de leucemia, a pesar de que no tenía historial de dicha enfermedad en su familia antes de eso”

añadió el otro científico en su grabadora integrada al traje, y posteriormente apagó la música que salía de las bocinas, despertando al pequeño de su trance después de haberse sumido en sus propios pensamientos, lo hacían porque el peligro de su contacto había quedado sellado a través de sus guantes.

-Fantasmas… -repitió el chico en un tartamudeo al ver de cerca a ambos científicos.

Su primera y única palabra según lo que ellos pensaban, articulada con una voz andrógina según sus estudios por lo fácil que era malinterpretarlo con la voz de una niña, sin embargo, ni siquiera entendían por qué era lo único que insistía en decir una y otra vez-

Ambos hombres tomaron la correa que se aferraba al collar de su cuello y lo sacaron de la habitación, en cuestión de segundos Phantom paseó como un canino por el alargado pasillo donde cientos de puertas permanecían cerradas permitiéndole escuchar en su interior decenas de murmullos solitarios y gritos desgarradores, sonaban muy jóvenes a su parecer, aunque no podía hacer nada por ellos, eran desconocidos en un mundo que apenas cobraba sentido para él.

De ese modo el niño fue acariciando suavemente las paredes y las puertas, pero no podía percibir nada detrás de ellas, no había sangre ni dolor, al menos no podía hacerlo a causa de los guantes que mantenían sus dedos en cautiverio, y de no ser por la voz que salía de la sangre en su cabeza se habría considerado muy solitario.

Se lo llevaron como un cachorro hacia otra habitación donde el aire era mucho más frío y el suelo helado quemaba sus pies descalzos, otro par de fantasmas blancos lo recibieron debajo de una regadera abierta de agua fría que lo esperaba con inclemencia, su mirada carmesí se cruzaba con aquellos rostros cubiertos por máscaras antigás, y les dedicaba una sonrisa como lo había hecho en el espejo, y ellos murmuraron algo en otro idioma que Phantom escuchó y repitió lo último que ellos dijeron:

-Adorable… -repitió en un tartamudeo mientras se acercaba a los nuevos fantasmas que tomaron la correa y, con suma impresión porque había podido entenderlos, comenzaron a desvestir al niño con la cabeza llena de sangre para darle su primer baño-