CAPÍTULO 16
Priscilla Vaughn había trabajado dos años en Sterler Occasions antes de que Charlotte la despidiera, con toda la razón profesional del mundo, por falsificar una factura de floristería para quedarse con la diferencia.
Charlotte no había vuelto a pensar en ella desde entonces, ocupada como estaba reconstruyendo la confianza de los clientes afectados, y jamás habría imaginado que aquella mujer, dos años después, dirigiera un blog de cotilleos del sector nupcial llamado El Vestido Roto, especializado en airear los trapos sucios de las agencias de eventos de Charleston.
La noche antes de la boda de demostración, mientras Charlotte revisaba por decimoquinta vez la lista de invitados en su despacho, casi vacío ya a esas horas, Priya entró con el móvil en la mano y una expresión que Charlotte reconoció de inmediato como una advertencia de desastre inminente.
—Tienes que ver esto —dijo, sin preámbulos, tendiéndole el teléfono.
En la pantalla, un artículo recién publicado en El Vestido Roto llevaba un titular que a Charlotte le heló la sangre: "¿Amor verdadero o estrategia de marketing?
Fuentes cercanas a Sterling Hospitality sugieren que el compromiso de los finalistas del Concurso Ever After podría ser una farsa contractual. "
Charlotte leyó el artículo entero, cada palabra clavándosele más hondo que la anterior.
Priscilla no tenía pruebas concretas —no había conseguido, aparentemente, ni el pacto de reglas escrito en aquella cafetería ni ningún documento oficial—, pero había reunido suficientes detalles circunstanciales, incluida una fuente anónima descrita como "un empleado del registro de Sterling Hospitality", para plantear la duda de manera pública, justo la noche antes de que el jurado y la prensa nacional acudieran a presenciar la boda que debía demostrar, de una vez por todas, la autenticidad de su amor.
—Tenemos que llamar a Jonah —dijo Charlotte, ya marcando el número con dedos que le temblaban ligeramente.
Él contestó al segundo tono, y por el tono de su voz, Charlotte supo de inmediato que ya había visto el artículo.
—Deja me lo acaba de enseñar —dijo, con una calma que a Charlotte, en ese momento de pánico, le pareció casi antinatural—. Necesitamos pensar con la cabeza fría.
—¿Cómo quieres que piense con la cabeza fría? Si esto llega a Adaline Ferris antes de mañana, nos descalifican del concurso entero, y peor todavía, quedamos como un fraude delante de todo el sector. Nuestras agencias no se recuperarían de algo así en años.
—Lo sé. —Se hizo un silencio breve en la línea—. Pero gritar no va a solucionarlo. Necesitamos un plan.
—¿Qué plan, Jonah? El artículo no dice nada que sea completamente falso. Nos inscribimos como pareja por error, y decidimos seguir con la mentira. Eso es exactamente lo que dice el artículo, aunque no tenga pruebas concretas.
—Lo que dice el artículo es una parte de la historia. —La voz de Jonah, al otro lado de la línea, sonaba más seria de lo que Charlotte la había escuchado nunca—. Lo que no dice, porque no puede saberlo, es lo que pasó después. Lo que ha cambiado entre nosotros en las últimas semanas.
Charlotte cerró los ojos, sintiendo el peso de la situación aplastándole el pecho.
—¿Y si eso no le importa a nadie? ¿Y si mañana, delante de doscientas personas y de la prensa nacional, alguien nos pregunta directamente si empezamos esto como una mentira, y no tenemos más remedio que admitirlo?
—Entonces lo admitimos —dijo Jonah, con una firmeza que sorprendió a Charlotte—.
Y contamos la verdad completa. No la mentira que inventamos para el jurado.
La verdad de que empezó como una estrategia desesperada para salvar dos agencias, y de que en algún punto del camino, sin que ninguno de los dos lo planeara, se convirtió en algo real.
—Eso podría destruirnos igual, Jonah. La gente no perdona fácilmente que la hayan engañado, aunque el final sea bonito.
—Puede. —Su voz se suavizó—. Pero prefiero arriesgarme a esa verdad que seguir viviendo dentro de una mentira que ya no necesitamos, Charlotte. Lo que siento por ti dejó de ser parte del guion hace semanas. No pienso seguir fingiendo lo contrario solo para ganar un contrato, por grande que sea.
Charlotte se quedó en silencio, con el teléfono apretado contra la oreja, sopesando cada palabra, sintiendo cómo el miedo profesional que llevaba toda la vida guiando sus decisiones chocaba, por primera vez, contra algo que le importaba todavía más.
—Necesito pensar —dijo al fin—. Necesito verte mañana antes de la ceremonia. Cara a cara. No por teléfono.
—Estaré allí a la hora que digas.
Colgaron, y Charlotte se quedó sola en su despacho, con el artículo de Priscilla Vaughn todavía abierto en la pantalla del teléfono, y una certeza incómoda instalándose en su pecho: por primera vez en toda su carrera, no tenía ni idea de cómo iba a organizarse aquel desastre, porque las reglas que llevaba toda la vida aplicando —anticipar, calcular, controlar cada variable— no servían de nada frente a algo tan impredecible, tan aterradoramente real, como lo que sentía por Jonah Pierce.
Fuera, la ciudad de Charleston dormía ajena a la tormenta que se avecinaba, y en algún rincón de su despacho, entre listas y cronogramas que ya no le parecían suficientes, Charlotte se preguntó, por primera vez en años, si estaba dispuesta a arriesgarlo todo por algo que ningún plan había podido prever.
Priya llegó a la oficina antes del amanecer, encontrando a Charlotte todavía sentada en el mismo sitio donde la había dejado la noche anterior, con el artículo de Priscilla Vaughn abierto en tres pestañas distintas del navegador.
—Llevas aquí toda la noche —dijo, dejando dos cafés sobre el escritorio, aunque uno de ellos, para su propia sorpresa reciente, era en realidad un chocolate caliente.
—No podía dormir. —Charlotte se frotó los ojos, agotada—. He estado intentando averiguar quién es la fuente anónima que menciona el artículo. Alguien del registro de Sterling Hospitality tuvo que haber filtrado esa información, o Priscilla consiguió acceso al edificio de alguna otra manera.
—He hecho algunas llamadas esta madrugada. —Priya se sentó frente a ella, con una expresión cautelosa—. Priscilla estuvo saliendo, hace un año, con un empleado de registro de Sterling Hospitality. Rompieron mal, según cuentan, pero aparentemente siguen teniendo contacto ocasional.
Charlotte sintió que una pieza del rompecabezas encajaba con una claridad incómoda.
—Entonces no fue casualidad. Nos ha estado vigilando desde el principio, esperando la oportunidad perfecta para vengarse de mí por haberla despedido.
—Eso parece, sí.
—¿Podemos demostrarlo?
—No sin involucrar a gente que probablemente perdería su trabajo por hablar, y dudo que quieras cargar con esa responsabilidad además de todo lo demás.
Charlotte cerró los ojos, sintiendo el peso combinado del cansancio, el miedo, y una rabia sorda hacia una mujer a la que llevaba dos años sin pensar, pero que había decidido, en el peor momento posible, recordarle exactamente por qué la había despedido en primer lugar.
—Entonces no podemos desmentir el artículo con pruebas. Solo podemos decidir cómo responder a él mañana, delante de todo el mundo.
—¿Y ya sabes cómo vas a responder?
Charlotte miró la pantalla del ordenador, todavía con el titular de Priscilla Vaughn parpadeando en la parte superior, y por primera vez desde que había leído el artículo la noche anterior, sintió que la respuesta, aunque aterradora, empezaba a formarse con claridad en su cabeza.
—Todavía no del todo. Pero sé que no pienso volver a quedarme callada, pase lo que pase mañana.
Jonah llegó a la oficina de Sterler Occasions media hora después, sin haber avisado, con el pelo todavía revuelto de una noche que, a juzgar por su expresión, había sido tan corta e insomne como la de Charlotte.
—Necesitaba verte antes de la boda de mañana —dijo, entrando directamente en el despacho sin esperar a que Priya lo anunciara—. Por si acaso el día se complica antes de que tengamos oportunidad de hablar con calma.
—¿Has leído los comentarios del artículo? —preguntó Charlotte, girando la pantalla hacia él—. Algunos ya especulan sobre qué va a pasar mañana. Hay gente apostando, literalmente, sobre si nos van a descalificar en directo.
—He leído lo suficiente para saber que mañana va a ser mucho más difícil de lo que habíamos anticipado.
—Jonah se sentó frente a ella, con una seriedad que Charlotte reconocía cada vez con más facilidad como genuina—.
Pero también sé una cosa con total certeza, Charlotte, y quiero que la escuches antes de que entremos en pánico por lo demás: pase lo que pase mañana con el concurso, lo nuestro no depende de ningún jurado.
Charlotte sintió que se le aflojaba un nudo en el pecho que no sabía que llevaba toda la mañana sosteniendo.
—Me aterra la idea de que todo el sector nos vea como un fraude, Jonah. Siete años construyendo una reputación, y puede desmoronarse en una sola tarde por un artículo sin pruebas concretas.
—Lo sé. A mí también me aterra. —Le cogió la mano sobre el escritorio, con una firmeza tranquila—. Pero prefiero afrontar ese miedo contigo que seguir fingiendo, ni un día más, que esto empezó y sigue siendo solo una estrategia de marketing.
Se quedaron un momento en silencio, tomados de la mano sobre el escritorio lleno de listas y contratos, mientras fuera, en la calle empedrada, la vida de Charleston seguía su curso habitual, ajena por completo a la tormenta que ambos sabían que iba a estallar al día siguiente, delante de doscientas personas y de todo el sector que llevaban años construyendo cada uno por su lado.
—Necesito preguntarte algo —dijo Charlotte, rompiendo por fin el silencio—. Y necesito una respuesta honesta, no la que crees que quiero escuchar.
—Adelante.
—Si mañana, en mitad de la ceremonia, alguien nos pregunta directamente si esto empezó como una mentira, ¿qué vas a decir?
Jonah no dudó ni un segundo.
—Voy a decir la verdad. Toda la verdad, sin editar ninguna parte para que suene mejor. Que empezamos por error, que seguimos por necesidad, y que en algún punto del camino, sin que ninguno lo planeara, se convirtió en lo más real que me ha pasado en años.
—¿Y si eso nos descalifica del concurso en el acto?
—Entonces nos descalifican, y encontramos otra manera de reconstruir nuestras agencias, juntos si hace falta. Pero no pienso seguir construyendo nada, ni siquiera un contrato multimillonario, sobre una mentira que ya no necesitamos sostener.
Charlotte sintió que aquellas palabras le daban una calma que ningún cronograma, por perfecto que fuera, le había proporcionado en los últimos días.
—Está bien —dijo, al fin—. Entonces mañana decimos la verdad, pase lo que pase con el concurso.
—Mañana decimos la verdad —confirmó Jonah, apretándole la mano una última vez antes de levantarse para marcharse—. Y sea cual sea el resultado, prefiero enfrentarlo sabiendo que al menos no mentimos más de lo que ya era estrictamente necesario.
Antes de irse, Jonah se detuvo en la puerta del despacho, con la mano ya en el picaporte.
—Charlotte. Pase lo que pase mañana con el jurado, con la prensa, con Priscilla Vaughn y su artículo lleno de medias verdades... quiero que sepas que no me arrepiento de nada. Ni siquiera del error de inscripción que empezó todo esto.
—Yo tampoco me arrepiento —respondió ella, con una firmeza que la sorprendió incluso a sí misma—. Y creo que, sea cual sea el resultado de mañana, eso no va a cambiar.
Jonah sonrió, una sonrisa cansada pero genuina, y salió del despacho dejando a Charlotte a solas con la última luz de la tarde entrando por la ventana.
Se quedó un rato mirando la ciudad desde su escritorio, pensando en las últimas semanas, en el error que las había unido, en las noches de preparación frenética, en el beso durante el ensayo del baile, en la boda de sus padres respectivos discutiendo animadamente sobre vino y cabras, y en la certeza tranquila, a pesar de todo el miedo que sentía por lo que se avecinaba al día siguiente, de que no cambiaría ni un solo paso de aquel camino imposible que la había llevado hasta ese preciso instante.