El falso compromiso CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

La carta llegó un martes, en un sobre de papel grueso color crema con el sello dorado de Sterling Hospitality Group grabado en relieve, y a Charlotte le bastó sostenerlo entre los dedos para saber que dentro había algo que iba a cambiarle el mes, si no el año entero.

—Ábrelo ya —dijo Priya, que llevaba diez minutos revoloteando alrededor de su escritorio como si el sobre pudiera escapar volando.

Charlotte lo abrió con el abrecartas de plata que su abuela le había regalado al graduarse, despacio, disfrutando —o quizá posponiendo— el momento. Dentro había una carta escrita con una tipografía elegante y, adjunta, una invitación formal.

Leyó en voz alta, aunque las primeras líneas se las guardó solo para sí misma, procesándolas:

—"Estimados organizadores de eventos de Charleston: Sterling Hospitality Group se complace en anunciar el Concurso Ever After, una iniciativa que otorgará a la pareja de organizadores ganadora el contrato exclusivo de planificación de bodas para toda la cadena de resorts Sterling a nivel internacional, con sede en catorce países. "

Priya soltó un gritito que no era propio de una oficina profesional, pero que Charlotte, en ese momento, entendió perfectamente porque su propio pulso se había acelerado al mismo ritmo.

Catorce países. Un contrato exclusivo con la cadena hotelera de lujo más grande de la costa este, y la que, según los rumores del sector, estaba a punto de expandirse a Europa y el Caribe.

Era el tipo de contrato que transformaba una agencia local en un imperio.

Era, también, exactamente lo que Sterler Occasions necesitaba en ese momento, aunque Charlotte jamás lo hubiera admitido en voz alta delante de nadie que no fuera Priya: los últimos dos trimestres habían sido más ajustados de lo que a ella le gustaba reconocer.

Dos bodas grandes canceladas por causas de fuerza mayor, un proveedor que había subido tarifas sin previo aviso, y una competencia —Wildflower Weddings, aunque no le gustara nombrarla— que le seguía arrebatando clientes con esa filosofía suya de "menos control, más corazón" que, para desgracia de Charlotte, encontraba eco entre las parejas más jóvenes.

—Sigue leyendo —dijo Priya, casi sin aliento—. ¿Cómo se elige al ganador?

Charlotte continuó, y fue entonces cuando la emoción inicial empezó a torcerse en algo bastante más incómodo.

—"El concurso constará de tres fases eliminatorias a lo largo de dos meses, evaluadas por un jurado compuesto por representantes de Sterling Hospitality y la prensa especializada del sector.

Requisito indispensable de participación: los concursantes deberán presentarse como pareja comprometida en matrimonio, ya que el criterio central de evaluación de Sterling Hospitality Group es la capacidad genuina de los organizadores de creer, sentir y transmitir el verdadero significado del compromiso matrimonial. "

Se hizo un silencio en la oficina, roto únicamente por el zumbido del aire acondicionado.

—¿Comprometida? —repitió Priya, despacio—. ¿Cómo... comprometida-comprometida?

—Aquí dice que se debe presentar documentación de la relación, fotografías, y que los organizadores tendrán que participar juntos, como pareja, en cada fase del concurso.

—Charlotte dejó la carta sobre el escritorio con un cuidado exagerado, como si el papel pudiera explotar—.

Es decir, que Sterling Hospitality quiere contratar no solo el talento de un organizador de bodas, sino la fe de una pareja real en el matrimonio.

Como truco publicitario, imagino que funciona: quién mejor para vender la boda perfecta que dos personas que la están viviendo ellas mismas.

—Charlotte. —Priya bajó la voz, con esa cautela de quien está a punto de decir algo obvio pero delicado—. Tú no tienes pareja.

—No, no la tengo.

—Ni la has tenido en... —Priya pareció hacer cálculos mentales antes de decidir que era mejor no terminar la frase.

—Dos años. Lo sé. —Charlotte se frotó el puente de la nariz—.

Lo que significa que, o encuentro a alguien dispuesto a fingir un compromiso convincente delante de un jurado y la prensa especializada durante dos meses, o me quedo fuera de la oportunidad más grande que le va a llegar a esta agencia en una década.

Se levantó, caminó hasta la ventana de su despacho, que daba a la calle empedrada donde los turistas paseaban en calesas tiradas por caballos, y trató de pensar con la misma frialdad con la que resolvía cualquier otro problema logístico.

Necesitaba un socio. Alguien de confianza, con quien tuviera la suficiente química —o al menos, la suficiente capacidad de actuación— como para resultar creíble ante un jurado exigente.

Alguien del sector, idealmente, para que la mentira tuviera sentido de fondo: dos organizadores de bodas que se habían enamorado planificando el amor de otros era, de hecho, una historia bastante buena.

El problema era que Charlotte no conocía a nadie así. Su vida, desde hacía años, giraba casi exclusivamente en torno al trabajo, y las pocas amistades que tenía fuera de la oficina no eran precisamente candidatas creíbles para hacerse pasar por su prometido delante de la prensa.

—¿Y si...? —empezó Priya, con una expresión que a Charlotte no le gustó nada de antemano.

—No.

—Ni siquiera he dicho el nombre.

—No hace falta. Te veo la cara. —Charlotte se giró desde la ventana, señalándola con un dedo—.

La respuesta es no, sea cual sea la idea que se te haya ocurrido, porque estoy segura de que va a incluir a alguien del sector con quien tengo, cito textualmente lo que dijiste la semana pasada, "una tensión que se podría cortar con un cuchillo de postre".

Priya sonrió, del todo sin arrepentimiento.

—Solo digo que Sterling Hospitality quiere una pareja creíble. Y no hay nadie en esta ciudad con quien tengas más historia, aunque sea de rivalidad, que Jonah Pierce.

Charlotte cerró los ojos, respiró, y decidió que ese era, sin lugar a dudas, el peor consejo que había recibido en toda su carrera profesional.

Lo que no sabía todavía era que, en un estudio pequeño y luminoso a quince minutos de allí, Jonah Pierce estaba sosteniendo exactamente la misma carta, con exactamente la misma expresión de alarma, mientras Deja pronunciaba, con una sonrisa que no auguraba nada bueno, un nombre que él llevaba dos años tratando de sacarse de la cabeza.