41. EL GUÍA DEL GUÍA
EL GUÍA DEL GUÍA
A principios de abril Ranuccio ya sabía que era el destinado a guiar a Hitler por las bellezas artísticas de Italia. Su mujer recibió la noticia con cautela y, cuando vio que a su marido le preocupaba, se dedicó a enfatizar las cosas buenas que aquel encargo traería.
—Te colocarás en un lugar muy diferente al que estás ahora. Ya no serás un profesor más.
—Que es justo lo que me gusta ser.
—¡Oh, vamos! —exclamó Maria—. Todo el mundo te recordará por esto. Los libros hablarán de ti como el guía del Führer. ¡El guía del guía! —El comentario le hizo gracia solo a ella.
—Por Dios, déjalo. Ojalá nada de lo que prevés se cumpla.
Los personajes como Hitler y Mussolini, que escalan tan rápido, suelen hacerlo sobre terreno inestable y acaban cayendo más rápido aún.
Entonces, todos los que estuvieron cerca de ellos y consiguieron no caer también se esfuerzan en disimular su relación, en negarla, pero a menudo acaban por ser defenestrados también.
Soy un académico, un arqueólogo, un profesor.
Ojalá pudiera relacionarme siempre con ese lenguaje universal en vez de con uno que aparta a medio mundo.
—Eres muy dramático.
Ranuccio tenía motivos que su mujer no conocía para serlo. No era en nada imposible que en un mes ella fuera viuda.
—Voy a Florencia mañana.
—¿Otra vez?
—Sí, otra vez.
—Pero si estuviste ayer.
—Y también mañana —replicó él, agotado.
—Bueno, yo he quedado con las chicas. Tus hijas se hacen mujeres. Te cuento luego, nos vamos de compras. Van a estar muy orgullosas de ti.
—No les digas nada aún.
—No entenderán por qué viajas tanto.
—Queda un mes para que el Führer llegue. Todo tiene que estar listo.
Miró por la ventana, sabía que Ludo no tardaría en aparecer en el jardín trasero como cada semana. Incluso cuando no estaba en Pisa, la efectiva mano de la mafia lo localizaba para mantenerse al día.
A las cinco la tuvo frente a él. No conseguía acercarse a ella, aunque se mostrara siempre cordial con él.
Bastaban sus sutiles insinuaciones para que él comprendiera las advertencias que la Cosa Nostra le lanzaba.
No podía salir de aquello solo, así que lo haría de la mano de la Sociedad Honorable.