Alice #2
– La policía local aceptó su versión. Encontraron testigos que la habían visto golpeando una puerta, alejándose – Stella mira a Alice directamente a los ojos – .
Nadie sabe qué pasó con ella después de eso.
Pero hay una gran cantera cerca. La policía especula que podría haber sido asesinada y luego habrían tirado su cuerpo allí. Al parecer, fue imposible encontrarlo.
Alice respira hondo. Trata de procesar lo que le cuenta Stella.
– Stella – dice Alice en voz baja – . Es horrible… Es espantoso… lo que le pasó a Clara. No puedo imaginar nada peor que perder a tu hermana. Pero tampoco es que Jamie la matara.
– Sí que la mató. – Alice mira fijamente a Stella – .
No tengo ninguna duda – dice con lentitud – .
Mi familia y yo estamos convencidos de que Jamie fue el responsable de la muerte de mi hermana pequeña.
No me importa si no lo hizo con sus propias manos, Alice.
Podría haberlo hecho. Su deber era cuidar de mi hermana adolescente y, en cambio, lo que hizo fue tener una relación sexual inapropiada con ella, humillarla, destruirla, hacer que se sintiera extremadamente infeliz, y luego la dejó sola, insegura, borracha, joven, vulnerable, en mitad de la noche.
– Hace una pausa – . Si la hubiera cuidado esa noche, aún seguiría con vida.
Pero por sus acciones, Clara está muerta.
Alice traga saliva.
– ¿La policía nunca la encontró?
– Sinceramente, no sé cuánto investigaron – admite Stella, esforzándose por reprimir la emoción que se le escapa en la voz – .
La embajada perdió el interés cuando salió a la luz que había estado bebiendo, que se había «ido de paseo», como dijo uno de ellos, por una zona peligrosa de la ciudad en medio de la noche.
La policía dice que su desaparición fue «muy desafortunada», pero que el caso está cerrado.
Alice hace un gesto de dolor.
– Creí que, como periodista, podría hacer algo al respecto – continúa Stella – .
Durante años intenté que diferentes periódicos, el mío incluido, publicaran la historia sobre la organización benéfica, sobre Jamie y su papel en la desaparición de mi hermana.
– Su actitud fría se ha desmoronado, y sus palabras están cargadas de dolor – .
Todos se negaron en rotundo. Dicen que no hay pruebas que sugieran ninguna irregularidad en su muerte.
Y que sus correos, las denuncias que contienen sobre Jamie, no son pruebas reales.
Especialmente porque ella no puede defender esas afirmaciones en persona. Ya sabes… por estar muerta y todo eso.
Stella hace una pausa para recomponerse.
– Me permitieron hacer preguntas sobre la conducta de Jamie.
Se las planteé a la organización benéfica africana donde solía trabajar, y también a Handhold, donde trabajaba ya por ese entonces.
Los abogados me advirtieron de que no podríamos publicar nada si las organizaciones lo negaban todo.
Aun así, pensé que al menos se comprometerían a investigar lo que Clara había escrito antes de morir.
Y eso nos habría dado una vía para sacar algo en el periódico…
Pero me equivoqué. Las organizaciones pusieron trabas.
Lo negaron todo, alegando que todos esos asuntos se habían investigado hacía años, y que no había pruebas de que fueran ciertos.
Y nos acosaron con abogados de forma bastante intensa.
Al final, me dijeron que era legalmente imposible publicar nada.
Stella desvía la mirada, incapaz de ocultar la amargura en su voz.
– Aun así – continúa – , pensé que habría tenido algún impacto en su carrera.
Que el hecho de que una periodista hiciera esas preguntas haría que se dieran cuenta de que no venían de la nada, que tal vez se lo pensaran dos veces antes de ascenderlo.
Pero poco después, ¡me enteré de que lo nombraron director de campañas!
Empezó a salir en la radio todo el tiempo, ¡un defensor de los vulnerables!
Incluso vi un cartel con su cara en un puto autobús.
Stella emite un sonido de disgusto, luego clava la mirada en Alice.
– Jamie – dice – , se salió con la suya después de todo lo que le hizo a mi hermana.
Alice asiente despacio.
– Así que seguiste adelante – dice – . Seguiste intentando castigarlo.
Stella se encoge de hombros.
– Acabé dándome cuenta de una cosa, Alice – dice – .
Como te dije antes: si lo hacen una vez, lo volverán a hacer.
Y tenía razón. Se había acostado con otra adolescente vulnerable.
Pero claro, ahora ya lo sabes todo sobre eso.
– Stella mira a Alice fijamente – . ¿Me culpas por querer sacarlo a la luz?
¿Después de lo que le hizo a mi hermana?
¿Después de todo lo que sabía de la clase de hombre que es Jamie?
La simpatía de Alice se endurece.
– ¿Lo sabías o solo lo pensabas? – dice, enfadada – . ¿Acaso los periodistas no tienen que contar las dos versiones de la historia?
– Nadie podrá escuchar la versión de Clara.
Jamás – replica Stella con brusquedad – .
Mi hermana está muerta. ¿No lo entiendes?
Clara…, y ahora Jade también. ¡Las dos están muertas!
¡Y todo por su culpa! ¡Por culpa de tu marido!
– Stella levanta la mano, las mejillas sonrojadas por la furia – .
De tu marido – repite, esta vez con más suavidad – .
Cuando estás enamorada de alguien, Alice, es imposible ver quién es esa persona en realidad.
Tú también eres su víctima, ¿de verdad no lo ves?
Deberíamos ser aliadas, Alice. No enemigas.
Para Alice, Stella ha llegado demasiado lejos, y siente cómo la ira vuelve a aflorar.
– No estoy aquí para hablar sobre mí – dice Alice – . He venido a hablar sobre lo que hiciste tú.
Stella frunce el ceño.
– ¿Qué crees que hice?
– Fuiste a ver a Jade, intentaste que hiciera un reportaje sobre Jamie. Te dijo que no, y tanto ella como su madre te suplicaron que no lo hicieras. Ni que le contaras a Ezra lo que sabías. Pero no les hiciste caso, ¿verdad?
Stella la mira con paciencia, como si estuviera intentando entender adónde quiere llegar.
– Por tu culpa, Ezra se enteró de lo que había pasado entre Jamie y Jade – dice Alice – . Si no fuera por ti, Ezra nunca habría venido a nuestra casa aquel día. ¡Seguiría vivo!
Stella frunce el ceño.
– Vale, ya lo entiendo – dice despacio, con un gesto de incredulidad bastante teatral – . Así que… yo tengo la culpa de que hayas matado a Ezra, ¿no?
Alice se queda en silencio un instante.
– ¿Y Ezra? ¿Tampoco tiene ninguna culpa?
¿El hombre que derribó tu puerta, cogió un cuchillo y se dirigió a la habitación donde nuestras hijas estaban viendo una película de Disney?
¿Y tu marido, el hombre que se acostó con la hermana vulnerable de Ezra cuando era adolescente?
¡Que ahora está huyendo por asesinarla y dejar a su hija sin madre, para más inri!
¿Y quién fue responsable de la muerte de mi hermana pequeña?
La voz de Stella se quiebra en la última parte.
– Sí, por supuesto que fui a ver a Jade y a su familia, Alice – dice Stella, emocionada – . Quería contar su historia para que el mundo se enterara de quién es Jamie en realidad. Soy periodista, Alice. A eso nos dedicamos.
– Esto no tiene nada que ver con el periodismo, Stella – dice Alice, sacudiendo la cabeza – . Fingiste ser mi amiga…
– Como tú hiciste con Jade, ¿no? – responde Stella.
Alice pierde los estribos por un momento.
– ¡Eso… eso no tiene nada que ver y lo sabes! – tartamudea Alice – . Viniste a mi casa. ¡Inscribiste a tu hija en el mismo colegio que la mía! Eso no es ser periodista. Es buscar venganza contra mi marido.
Stella la mira con calma. Luego se inclina hacia delante y baja la voz.