El extraño Alice
73%

Alice

Alice

La lluvia empieza a caer cuando Alice cruza la calle desde la comisaría. Por los pelos: un ciclista se desvía y el conductor del autobús toca el claxon. Alice agacha la cabeza, se apresura hacia la acera de enfrente y avanza por Church Street.

Cuando Alice le dijo a la mujer del mostrador de la comisaría que venía a firmar la fianza, la miró dos veces, extrañada.

Después deslizó el formulario por debajo de la mampara de metacrilato para que Alice lo firmara y, en un tono impersonal, recitó las mismas cuatro preguntas: «¿Es usted Alice Rathbone?

¿Sigue residiendo en la dirección acordada?

¿Se abstiene de ponerse en contacto con cualquiera de las personas mencionadas en el formulario?

¿Entiende las condiciones de su libertad bajo fianza, cuyo incumplimiento conllevaría la detención inmediata y el encarcelamiento? ». Sí. Sí. Sí. Sí.

Alice saca el móvil y marca el número de Stella por tercera vez en el día. Una vez más, salta el contestador. ¿Estará evitando cogerle el teléfono?

Le escribe a Jessica para preguntarle si pueden hablar. La respuesta le llega al instante: «Perdona, hoy me tengo que pasar todo el día en los juzgados», dice. «¿Puede esperar?».

Mientras esquiva a oficinistas calados hasta los huesos y carritos de bebé con las fundas impermeables puestas, Alice intenta despejar la mente y pensar en lo que descubrió la noche anterior; en cómo explicárselo todo a Jessica.

La adorada hermana de Stella era Clara… Clara Layward, la chica que murió en África.

Alice piensa que debió de ser Stella quien contactó con la organización benéfica de Jamie, en un intento de presentar una serie de acusaciones sobre su estancia allí.

Debe de odiar a Jamie y querer castigarlo por la muerte de su hermana.

Pero todo cayó en saco roto, ¿no? El artículo nunca llegó a publicarse.

Quizá Stella no se haya rendido y haya buscado otra forma de castigar a Jamie.

Alice se pregunta qué pinta Becca en todo esto.

Durante las semanas previas al allanamiento, Sam había visto a Stella acosándola en la cafetería, intentando convencerla de hacer algo con lo que no se sentía cómoda.

Y también debió de haberse puesto en contacto con Ezra y su familia, lo que explicaría cómo el llavero que le hizo su hija acabó en su piso.

Entonces, ¿había descubierto Stella la aventura que Jamie mantenía con Jade meses antes de que lo hiciera Alice?

Pero ¿cómo? ¿Se lo habría contado Becca? ¿Becca lo sabía?

Alice cree que lo que no encaja es por qué Stella habría intentado entablar una amistad con ella si odiaba tanto a Jamie.

Pero, tras un instante, se da cuenta de que en realidad todo encaja a la perfección.

Stella nunca quiso ser su amiga. Acercarse a Alice y entrar en su casa todas aquellas veces no tenía nada que ver con la amistad.

Se trataba de invadir su espacio. De recopilar información sobre ellos.

Por eso Stella se mudó a Hackney e inscribió a Frankie en el mismo colegio que Martha.

¿Formaba todo parte de un plan más amplio para indagar en la vida de Jamie?

Alice se queda atónita ante semejante descaro.

Y había funcionado, ¿no? Stella había encontrado a Jade.

¿Había ido a verla para intentar que vendiera su historia?

¿Así fue cómo el llavero acabó en el piso de la familia?

«Qué irónico – piensa Alice – , que hubiera sido ella quien le pidió a Stella que investigara a Ezra, que intentara averiguar qué lo vinculaba con Jamie y ella».

El llavero de Stella ya había estado en casa de Ezra antes de eso, lo que significa que debía de haber tenido contacto con su familia incluso antes de que Alice le pidiera que indagara en ellos.

Stella no necesitaba investigar la conexión entre Ezra y Jamie: ya sabía cuál era. Mucho antes que Alice.

Sin embargo, lo que sigue siendo un misterio absoluto es cuándo había estado Stella en el piso de Ezra…

y por qué. ¿Conoció a Ezra y habló con él antes del día del allanamiento?

¿Había sido Stella quien lo alertó de lo que estaba ocurriendo entre Jamie y la hermana a la que protegía con tanto recelo y, sin pretenderlo, lo llevó furioso hasta casa de Alice?

Pero ni siquiera eso explicaría qué hacía Stella con Becca todas aquellas veces en el Farm to Fork.

Ni por qué Becca tenía aquella fotografía de Jamie y Jade en su bolsa de viaje.

¿Cómo encaja Becca en todo esto? Alice había llamado a Becca muchas veces desde que la vio por última vez en su piso, pero parecía que también había decidido ignorar sus llamadas.

Ahora ya ni siquiera da señal cuando marca su número.

Parece que Becca también la ha bloqueado.

Al echar la vista atrás, Alice se sorprende ante el alcance de la hipocresía de Stella.

Había interpretado su papel de manera tan convincente, fingiendo compartir con Alice todo lo que sabía, mostrándole todos esos documentos y recortes…

Pero ahora que lo piensa de verdad, Stella no le había dado más información sobre Ezra de la que ya había conseguido por su cuenta.

Un puñado de recortes de prensa. Las fotos de él cuando era niño, jugando al fútbol.

Y su certificado de nacimiento, que nombraba a su madre como Linda y a su padre como un tal John Jones.

Alice se detiene de golpe. Un hombre detrás de ella chasquea la lengua, así que se refugia bajo el toldo de una tienda y reflexiona.

Había un documento al que le quería echar un vistazo, ¿verdad?

Y Stella se lo había impedido… Lo había colocado en un montón para que no pudiera verlo.

Exacto: era el certificado de defunción de John. ¿Por qué no quería que lo viera?

Alice mira su reloj, luego observa cómo cae la lluvia. Si se marcha ahora, llegará justo a tiempo para recoger a Martha.

La sala de archivos del Ayuntamiento de Hackney es cálida y somnolienta, con un olor intenso a papel y polvo revoloteando en el aire.

A Alice le dan acceso a un antiguo ordenador de aspecto tosco y le explican cómo realizar la búsqueda.

Le da un vuelco al corazón al darse cuenta de que hay docenas y docenas de certificados de defunción con el nombre de John Jones.

Claro que los hay: qué tonta había sido al pensar que sería fácil con un nombre tan común.

Sin embargo, con el tiempo, logra entender cómo funciona el sistema informático y descubre que puede filtrar por su segundo nombre – que recuerda que era Ezra, por el certificado de nacimiento – y por el año de fallecimiento, que tenía que situarse en algún momento a partir del 2005, el año en que nacieron Jade y Ezra.

Finalmente, solo le queda una entrada: la muerte de un John Ezra Jones en 2019.

Cuando el PDF aparece en su bandeja de entrada, lo reconoce de entre el montón de papeles de Stella: con un borde negro, oficial.

Se desplaza por la pantalla hasta que se topa con la causa de la muerte, entrecierra los ojos y se pone a leer.

Así que esto era lo que Stella quería ocultarle.

En la causa de la muerte, no se indica un infarto ni una enfermedad cardíaca, como Stella le había contado. Pone algo completamente distinto.