El extraño Alice
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Alice

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Cuando oye que la tía Sarah cierra la puerta del dormitorio de invitados, Alice no puede evitar sentirse aliviada… y culpable. Se dirige a la cocina, donde por fin puede servirse una copa de vino sin que nadie la observe, luego saca un cuaderno y un bolígrafo.

La conversación con Sam en el Farm to Fork la ha dejado con la mosca detrás de la oreja. Intenta averiguar qué papel ha podido tener Stella en todo esto, y qué podría haber querido de Becca en todas esas ocasiones.

Saca la tarjeta de visita de Stella de un cajón de la cocina – la que encontró en la bolsa de viaje de Becca – y el llavero que halló en el piso de Ezra. Los coloca sobre la mesa de la cocina, junto al cuaderno y el portátil, y decide hacer un repaso de todo lo que ha descubierto hasta ahora.

Hay mucha información en internet sobre la vida laboral de Stella.

Fue reportera de noticias antes de convertirse en redactora de reportajes; empezó en un periódico y luego pasó a la revista.

La han nominado a varios premios y ganó uno por lo menos.

La mayoría de sus artículos tratan temas que afectan a las mujeres: la gestación subrogada, la adopción, la educación en casa durante la pandemia, el movimiento #MeToo y la violencia de género.

Aunque la huella profesional de Stella es considerable, sus redes sociales están mucho más blindadas.

Su cronología en X se limita a retuitear su propio periodismo, y en la biografía solo figuran su cargo y la foto profesional que utiliza en la cabecera de sus artículos.

Tiene la cuenta de Instagram privada, así que Alice no puede ver a sus amigos ni contactos.

Pero al menos la foto de perfil es distinta. Hace zoom.

Es la típica instantánea de vacaciones de verano: llena de luz, con un glorioso panorama de viñedos a su espalda.

Parece Italia, quizá Francia. Stella está bronceada, lleva un vestido de tirantes, sostiene un sombrero de paja en una mano y ríe hacia la cámara, como si la persona que hizo la foto acabara de decir algo gracioso.

Alice estudia la imagen durante unos minutos. Está segura de que hay algo familiar en ella, pero las piezas no acaban de encajar en su mente.

¿Qué le ha contado Stella a Alice sobre su vida personal?

Muy poco. Stella y Frankie vivían en Leyton antes de mudarse aquí.

Ahora vive junto al canal, en un apartamento.

Stella tiene buena relación con su hermana, lo que no sabe es si se lleva bien con sus padres o si tiene más hermanos.

Tiene un exmarido, Hugo, de apellido Glass, que le fue infiel.

Glass. Ese es el apellido de casada de Stella.

Pero ¿cuál era su apellido antes de casarse?

Alice no lo sabe. Si consiguiera descubrirlo, quizá podría encontrar algo sobre la Stella de antes en algún lugar de internet…

como un antiguo perfil de Facebook, algo más revelador de lo que se ha topado hasta ahora.

¿Cómo se descubre ese tipo de cosas sobre una persona? Alice se da cuenta de que lo poco que sabe sobre el tema, lo sabe gracias a Stella. ¿No le había comentado que se pueden obtener certificados de nacimiento, matrimonio y defunción en línea por un puñado de libras?

Intenta buscar el certificado de matrimonio de Stella, pero no tiene suerte, pues podrían haberse casado en cualquier sitio.

Busca el certificado de nacimiento de Frankie Glass, pero no obtiene resultados en los primeros distritos de Londres que prueba.

Intenta con Frances. Nada. Finalmente, prueba con Francesca.

Y salta una coincidencia: una sola, nacida en 2017. Las fechas podrían encajar.

Alice introduce los datos de su tarjeta rápidamente, paga las diez libras que le piden y una tasa de tres para poder procesarlo. Marca la casilla para que se lo envíen en un archivo PDF. Le llega una notificación al instante.

Hace clic y lee los datos del certificado de nacimiento.

Francesca Amelie Glass, nacida en marzo de 2017 en el Hospital Whipps Cross, en el este de Londres. Padre: Hugo Glass. Madre: Stella Glass, nacida en Hampshire. Apellido de soltera de la madre: Layward.

Le toma un instante hacer la conexión. Pero cuando carga el artículo que encontró sobre Clara, se da cuenta de que es real.

Hace clic en la fotografía de Clara Layward, de pie frente a un árbol de Navidad con su madre, y luego en la de Instagram de Stella, de hace unos años. La línea de sus sonrisas, la elevación de sus mejillas.

Clara era la hermana de Stella. La hermana con la que fue tan cercana de niña; la hermana con la que compartía un lenguaje secreto y mundos ficticios que solo les pertenecían a ellas. La hermana que había hecho que Stella deseara que Frankie también tuviera una.

La adorada hermana de Stella había desaparecido. En África la dieron por muerta. Allí donde estuvo como voluntaria, bajo la supervisión de Jamie.

Antes de que pueda pensar con claridad qué significa todo esto, Alice oye unos pasos en la escalera. Levanta la vista y ve a Martha, vistiendo un pijama demasiado corto, el pelo despeinado y los pies descalzos.

– Mami, he tenido una pesadilla.

Alice se fija en el surco húmedo en su pijama.

– Ay, cielo. Ven aquí.

Alice le quita el pijama a su hija, la limpia y la envuelve en una manta en el sofá.

Sube las escaleras, cambia las sábanas y mete las mojadas en la lavadora junto con el protector del colchón.

No quedan pijamas limpios en el armario de Martha.

De hecho, su habitación está hecha un desastre.

Alice siente el aguijonazo de la vergüenza.

Coge un pijama que encuentra tirado en el suelo del dormitorio.

Una vez abajo, se lo pone a Martha y luego la sostiene en su regazo como a un bebé, aunque sus piernas son ahora tan largas que resulta incómodo, con los delgados tobillos asomando por la pernera del pijama y el pelo rozándole la cara a Alice.

De repente, Martha se incorpora, pues algo ha llamado su atención.

Se dirige hacia la mesa donde está el llavero.

Alice se da cuenta de que nunca le llegó a decir a Martha que lo había encontrado.

– Te dije que encontraría tu llavero, amor – le dice.

– Este no es el llavero que te hice.

Martha lo sostiene delante de su madre, como si fuera algo obvio.

Alice parpadea.

– Sí que lo es – dice, aunque suena estúpido.

– ¡Mamá! – se enfada Martha – . ¡El que hice yo no era así! Tenía los colores del arcoíris por delante y por detrás, y estaba chulo, ¿no te acuerdas? – Le da la vuelta al llavero y lo mira con desagrado – . ¿Por qué tienes el que hizo Frankie?

Alice mira a su hija, le aparta el pelo de la cara.

– ¿Qué quieres decir?

– Frankie me copió – dice Martha – . Siempre me copia en el taller de arte, ya te lo conté.

Porque tengo buenas ideas. Es un rollo. Le dije que el mío era para mi mamá, así que ella dijo que el suyo también era para su mamá.

Luego vio que yo hacía el mío como un arcoíris, y ella hizo el suyo exactamente igual, aunque el suyo quedó mucho peor…

Mira. Entonces, yo le dije que me copiaba todas las ideas, que era una copiona, y le dio vergüenza, por eso hizo el otro lado liso con purpurina, para que el suyo fuera diferente.

Alice gira el llavero en la mano y ve la purpurina en el otro lado.

– ¿De verdad no es el que hiciste tú, Martha?

Martha sacude la cabeza con énfasis.

– Ni de broma.

Alice la mira a la cara y sabe que dice la verdad.

Martha coge el llavero de la mano abierta de Alice y la mira.

– ¿Por qué está aquí, mami? – pregunta – . ¿La mamá de Frankie también ha perdido el suyo?