El extraño Alice #3
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Alice #3

– Vale, remontémonos a principios de este año – continúa – .

Nos llega una nueva acusación de prensa, de la misma periodista.

Sobre una usuaria del servicio de la organización benéfica.

Una chica vulnerable, que había perdido a un padre y se había desviado: drogas, alcohol, delitos…

, lo típico, vamos. La trabajadora social que le habían asignado la puso en contacto con Handhold, y al parecer estaba respondiendo bien: era un caso de éxito.

Bien, pues la acusación era que había tenido una relación inapropiada con Jamie.

– Eso es ridículo – dice Alice – . Es imposible. Jamie ni siquiera mantiene el contacto con los usuarios del servicio.

Alice lo sabe porque es la excusa que usaba la organización con Ezra una y otra vez. Aunque él fuera usuario del servicio, no había tenido ningún tipo de contacto con Jamie. Es imposible.

– Estuvo en contacto con esa chica – dice Isobel – , porque fue una de las que seleccionaron para la campaña publicitaria.

A Alice se le seca la boca. Reprime una oleada de náuseas y se obliga a concentrarse.

– Pero… – Se aclara la garganta – . Dijiste que eran adolescentes.

– Tenía dieciséis años cuando se conocieron – responde Isobel en voz baja – . Se pasó un día entero grabando con Jamie. Hay grabaciones y fotografías de ellos dos juntos.

Alice deja caer la cuchara que estaba girando entre los dedos. Escucha cómo choca contra la mesa.

– La acusación consistía en que habían iniciado una relación sexual poco después de que ella grabara el vídeo para la organización benéfica. Apenas había cumplido la edad de consentimiento.

«No – piensa Alice – . Eso no puede ser cierto».

– ¿Quién hizo esa acusación?

– Eso no lo sé.

– ¿La chica?

– No. La chica no quiso hablar. Cortó todo contacto con la organización. Y Jamie lo negó todo. Era otra cosa. Los habían visto juntos, algo así.

– Entonces alguien podría haberse confundido y haberse hecho una idea equivocada – dice Alice, pero hasta a ella le suena una excusa bastante pobre…, y la expresión de Isobel es de compasión.

– Escucha – dice Isobel despacio – , no se suspende a un alto cargo de una organización benéfica así, a la ligera. No, a menos que haya pasado algo bastante grave. Algo que no se pueda ignorar ni barrer bajo la alfombra. Tienes que verlo así.

Alice guarda silencio.

– Querían que se actuara de manera discreta.

Lo suspendieron mientras investigaban. Nadie supo nada durante un tiempo.

Y luego, bueno…, descubrieron que era cierto, básicamente.

Y eso fue todo. Por lo que supimos, el acuerdo era que él se iría de manera amistosa, recibiría algo de dinero y firmaría un acuerdo de confidencialidad.

Creo que los abogados de la organización estaban finalizando los trámites cuando desapareció de la faz de la tierra.

– Eso no tiene sentido – dice Alice – . Si hubiera una sola prueba, aunque fuera mínima, de algo así, lo habrían despedido.

– Pero entonces sería noticia – dice Isobel, como si Alice fuera tonta – . ¿Una organización benéfica notoria despidiendo a su jefe de campañas por un escándalo sexual? El daño a su reputación podría ser enorme. Sobre todo ahora, si alguien llegara a descubrir quién era la chica en cuestión.

– ¿Qué quieres decir? – pregunta Alice – . ¿Quién era?

Isobel mira a Alice, parece decepcionada.

– Esta es la parte que me resulta más extraordinaria de todas – reflexiona en voz alta – .

Sobre todo ahora que tanta gente en la oficina ya lo ha averiguado.

Y teniendo en cuenta la investigación policial…

La organización no puede seguir negándolo.

La policía tiene que saberlo. Así que supongo que es solo cuestión de tiempo antes de que salga en los periódicos.

– ¿Antes de que qué salga en los periódicos? – pregunta Alice.

Isobel la mira fijamente.

– Intenté avisarte de todo esto en una ocasión.

Alice la observa.

– ¿Qué quieres decir?

– No lo hice de la manera correcta – suspira Isobel – . Te llamé una vez. No te dije quién era.

La llamada anónima en la piscina… había sido Isobel.

– Fue el primer día que Jamie volvió a la oficina, después de lo que pasó – dice Isobel – .

Todos eran tan amables con él, preguntando si estaba bien…

Pero yo sabía lo que realmente había pasado.

Lo que de verdad se escondía detrás del allanamiento a tu casa.

No podía soportarlo. Estaba furiosa. Él no paraba de decir lo devastada que estabas. Y yo quería que supieras la verdad.

– ¿Así que fuiste tú la que hizo esa llamada? – pregunta Alice.

– Sí – dice Isobel – . Quería que supieras que Jamie no era quien creías que era. Quería que supieras que deberías tener cuidado con él.

Alice recuerda aquel día en la piscina. «Él no es quien crees que es». No hablaba de Ezra, sino de Jamie.

– Me caes bien, Alice – dice Isobel, un poco incómoda – . Siempre me has caído bien. Supongo que esperaba que lo descubrieras tú sola.

Isobel mete la mano en el bolso bajo la mesa, saca una fotografía de ocho por diez en una funda de celofán y la coloca frente a Alice. Ella baja la mirada.

El mismo anuncio que Becca llevaba en su bolsa de viaje. Solo que, ahora que lo vuelve a ver, Alice no se puede creer que no se hubiera fijado antes. Pero es que hacía años que no pensaba en esa foto, hasta ahora. Y a veces, si no estás buscando algo, simplemente no lo ves.

En la foto, ella se ve más joven, claro.

Tiene el cabello más largo y peinado de otra manera.

Parece tan infantil, tan fresca, tan distinta de cómo es ahora.

Jamie, ella y algunos otros jóvenes están juntos en algún polideportivo al aire libre, probablemente un club juvenil financiado por Handhold.

Ella no es el foco principal de la imagen.

Está a un lado, con un balón de baloncesto bajo el brazo, la cabeza echada hacia atrás mientras se ríe.

El logo de la ONG atraviesa la mitad inferior de la foto, en una esquina, y al lado, el hashtag : #unamanoamiganounalimosna.

– ¿Nunca te fijaste – pregunta Isobel – en lo meticulosa que fue la respuesta de Handhold desmintiendo cualquier vínculo con Ezra?

– Dijeron que nunca había sido usuario del servicio – dice Alice, con la voz ronca, mientras sigue mirando la foto – . Y que tampoco lo había sido nadie de su familia.

Isobel niega con la cabeza lentamente.

– No, Alice. Dijeron que Ezra Jones nunca había sido usuario del servicio, «ni nadie de su domicilio». Ese fue el argumento que mantuvieron. – Hace una pausa – . Pero en su domicilio solo vivían su madre y él.

Alice siente una extraña sensación de ingravidez, de irrealidad.

– Jade Jones – dice Isobel, muy despacio – vivía en un albergue cuando se puso en contacto con Handhold.

Alice siente como si ya no estuviera en su propio cuerpo, como si flotara lejos de él.

– Él no habría… – logra decir finalmente, con la boca seca y la lengua pastosa – . Él jamás… Jamie no. No el Jamie que yo conozco.

– Quizá el Jamie que tú conoces no… – dice Isobel – . Pero, ¿dónde está ahora ese Jamie que tanto conoces?

Alice vuelve a mirar la fotografía. La imagen de Jamie. De pie junto a una chica, de perfil, sonriéndole, mirándose a los ojos. Una chica a la que Alice nunca había prestado atención, y a la que solo ahora ve como una Jade más joven y aparentemente más feliz.

– Ese es el problema, Alice – dice Isobel, inclinando la cabeza hacia un lado – . No estoy tan segura de que tu Jamie alguna vez haya sido real.