Alice
Alice
Alice cierra la puerta del sótano tras de sí y asegura la nueva y pesada cerradura que ha instalado Jamie. El último día de Becca fue la semana pasada. Alice ha dejado a Martha en el colegio y no tiene planes para las seis horas que tiene libres hasta que tenga que ir a recogerla.
¿Cuántas veces en el pasado había deseado un día libre, un poco de espacio, un poco de paz como la que se le ofrece ahora?
Pero hoy el silencio le resulta ensordecedor, y la experiencia de estar sola en su casa le resulta inquietante.
Se siente sin energía, sin rumbo. No puede dejar de pensar en Jamie y en esa chica.
Lo raro que le resulta su comportamiento últimamente.
Lo tensa que se puso anoche, cuando creyó haber oído algo fuera de su casa.
Alice entra en su cuenta de correo electrónico para ver si ha recibido alguna noticia de Rollo, o de alguien del departamento de Recursos Humanos del Institute Cunliffe, con los que ahora mantiene una relación vergonzosa e íntima. No hay nada.
Decide ponerse a ordenar la casa, pues le hace sentir mejor que enfrentarse al desorden que se ha ido colando en sus vidas desde el allanamiento.
Empieza por los montones de chaquetas, abrigos y bolsas de tela que se han ido acumulando en los ganchos junto a la puerta del sótano.
Cosas de las que antes se hacía cargo Becca.
Las revisa una por una. Se topa con una mochila de educación física que necesita un lavado urgente: contiene un bañador todavía húmedo, una carta sobre una excursión de clase de la que Alice no tenía ni idea, un sándwich de jamón envuelto en un trozo de papel de aluminio, que ha empezado a cubrirse de moho verde, y un plátano ennegrecido que desprende un olor desagradable.
Alice echa todavía más de menos a Becca que Martha.
El último día de Becca, Martha se puso a llorar desconsoladamente sobre la almohada, así que llegaron tarde al colegio.
Alice había intentado animarla y se la había llevado a elegir un pastel en el Farm to Fork para poder hacer una fiestecita en honor a Becca en casa.
Martha, de mal humor, había escogido una tarta de pera y frambuesa, murmurando que era la favorita de Becca – y, efectivamente, tenía razón – , y a Alice le había sorprendido y conmovido que su hija se acordara de semejante detalle.
Martha había hecho una tarjeta para Becca, usando algunas de sus pegatinas de unicornio más preciadas y llenando toda una cara del papel con sus característicos besos en forma de signo más.
Alice le había regalado una tarjeta regalo y una foto enmarcada de ellas dos en Stonebridge Gardens, tomándose un helado.
Becca se puso roja y se le anegaron los ojos de lágrimas.
Después abrazó a Martha y luego a Alice, apretándolas con tanta fuerza que se quedó sin aliento por un momento.
Alice se recorre la casa entera, habitación por habitación, sintiéndose mejor a medida que la bolsa de basura se va llenando, los grifos empiezan a brillar y los suelos y superficies quedan despejados de trastos.
Cuando llega al despacho de Jamie, descorre las cortinas, acomoda los cojines del sofá de estampado brillante y abre una ventana para que entre aire.
La última vez que estuvo aquí, había papeles de Jamie por todas partes, pero hoy está inusualmente ordenado.
Lo único que queda sobre su escritorio es una taza de café, una foto de los tres en un marco de mosaico que Martha hizo en el taller de arte, y un montoncito de papeles bastante ordenado.
Alice coge los papeles para limpiar por debajo. Resultan ser copias del contrato de trabajo de Becca y de su guía del trabajador. Alice llevaba años sin ver estos documentos. Se pregunta por qué Jamie los habrá impreso ahora, justo cuando Becca se ha marchado.
Alice decide guardar los papeles, pero, cuando intenta tirar de uno de los cajones del escritorio, descubre que está atascado.
No… Está cerrado con llave. Tira del segundo, luego del tercero.
Todos están cerrados con llave. Pondría la mano en el fuego a que esos cajones no tenían cerradura.
Y una cosa está clara: no tiene la llave.
Alice tiembla. La habitación se ha enfriado con la ventana abierta.
Se ciñe la chaqueta al cuerpo, se sienta frente al ordenador e intenta iniciar sesión.
Pero se ha cambiado la contraseña. Se intenta convencer de que seguramente solo haya caducado.
Sin embargo, por alguna razón, su mente la lleva a recordar la fotografía de su marido con Clara Layward. Su mano apoyada en la cintura de ella.
Le envía un mensaje a Jamie preguntándole cuál es la nueva contraseña, pero ve que no lo lee. Es raro que su marido mire el móvil durante el día. Alice reprime un ataque de irritación, cerrando la ventana con más fuerza de la necesaria.
Decide ponerse manos a la obra con la habitación de invitados.
Jamie y Alice nunca han tenido muchos invitados, así que, con los años, esta habitación se ha convertido en el dormitorio de Becca, donde se quedaba a veces si trabajaba hasta tarde o hacía de canguro, en lugar de regresar hasta Archway, donde tiene el piso compartido.
Becca había empezado a colgar algunas cosas en el armario, y solía dejar un neceser con su cepillo de dientes y productos de higiene sencillos de supermercado en el baño.
Pero ahora Alice abre la puerta y ve que Becca ha retirado la ropa de cama, aspirado el suelo y limpiado la habitación.
Ha metido sus cosas en una bolsa de viaje que está junto a la ventana, tal como dijo que haría: volverá a recogerla el próximo fin de semana.
Ver la bolsa y la habitación vacía hace que la pérdida de Becca se sienta real, y Alice siente un nudo de tristeza.
En la parte trasera de la puerta, Alice se topa con una chaqueta de Becca. La dobla con cuidado y abre la cremallera de su bolsa de viaje para meterla dentro. Al hacerlo, siente algo que se mueve en el fondo. Mete la mano y encuentra un papel doblado.
Alice duda un momento y luego lo despliega.
Es una impresión a color de una imagen que ya había visto antes: un anuncio de la organización benéfica de Jamie, una campaña que había liderado y en la que aparecía.
El lema es Una mano amiga, no una limosna .
En la foto, Jamie aparece con varios jóvenes en un centro juvenil financiado por Handhold.
Sonríen. Uno de ellos sostiene un balón de baloncesto.
Alice no entiende por qué Becca podría tener una copia de aquel anuncio dentro de su bolsa de viaje.
Al volver a doblarlo, encuentra algo pegado en la parte trasera del papel. Le da la vuelta. Es una tarjeta de visita. Alice pasa el dedo sobre las palabras en relieve. El número y el correo electrónico debajo: S TELLA G LASS . P ERIODISTA , S UNDAY T IMES .