Alice #2
Barnes cuelga. Alice se guarda el móvil en el bolsillo trasero, con una sensación de temor enroscándose en el estómago.
Barnes no puede ayudarla porque no puede contarle toda la verdad sobre Jade.
Sobre lo que ha hecho y el peligro al que se ha expuesto.
Alice ha contado demasiadas mentiras. Ni siquiera la policía puede ayudarla ahora.
Yas está sentada en un reservado con Iris, Archie y Martha. Les ha repartido pegatinas, papel y rotuladores, y les ha recordado que tienen que compartir. Al cabo de un minuto o dos, los tres se cansan de colorear y salen corriendo hacia la zona de juegos.
– Ha sido fácil – sonríe Yas – . Este sitio está genial.
– Espero que sobreviva – dice Alice – . Siempre está muy tranquilo.
Yas moja un biscotti en su capuchino.
– Le doy seis meses, con esta afluencia… Por muy majos que sean. ¿Qué tal el nuevo trabajo? ¿Has salido temprano?
– No exactamente.
Yas se da cuenta por su cara de que ha pasado algo.
– Ay, no. ¿Qué ha pasado?
Alice le cuenta la historia al completo.
– Joder – exclama Yas cuando termina – . Y… ¿se creen que no has sido tú?
– No lo sé – dice Alice – . Pero sintieron que debían suspenderme durante la investigación.
– ¿Qué investigación? ¿No basta con que miren las cámaras de seguridad?
– Eso creía yo – dice Alice con desgana – .
Pero la policía está involucrada, así que todo tiene que pasar por ellos primero.
Al principio estaba segura de que todo quedaría registrado en las cámaras de seguridad, pero luego recordé que las luces se apagaron justo antes de que pasara.
Así que no lo sé. No sé cuánto podrán ver.
Yas infla las mejillas y exhala con fuerza.
– Vaya… Lo siento mucho. Es lo último que necesitabas, con todo lo que ha pasado este verano.
«En realidad, hay una línea bastante clara que conecta aquel drama con este», piensa Alice.
– ¿Al menos habéis conseguido descansar un poco? – pregunta Yas – . ¿En Rye, durante las vacaciones?
– Más o menos – responde Alice.
Había sido un viaje extraño. Piensa en la obsesión repentina de Jamie con mudarse. Y, cómo no, en la gaviota muerta.
Yas suspira al descifrar su expresión.
– Entonces te sigue costando, ¿no? – dice Yas – . Lidiar con lo del allanamiento y pasar página.
Alice alza la vista hacia el rostro de su amiga y nota la rigidez en él. Sabe que sería inútil volver a hablar del tema.
– Un poco – responde Alice encogiéndose de hombros – . Pero estoy bien. Lo cierto es que Stella me ha hecho el favor de investigar un poco, y me ha ayudado a aclarar algunas cosas.
– ¿Stella? – La cara de Yas se tensa aún más, y se forma una línea perfecta entre sus cejas oscuras.
– Sí.
– ¿Qué ha investigado?
– Sobre Ezra. Sobre quién era y qué podría haber querido para colarse en mi casa.
Yas juguetea con una servilleta de papel, doblándola sobre sí misma, y luego otra vez. Alice se pregunta por qué se pone tan incómoda cada vez que hablan sobre el tema.
– ¿Y por qué está haciendo eso por ti? – pregunta Yas tras un breve silencio.
– Bueno, porque es periodista y eso – dice Alice – . Tiene acceso a algunas cosas.
Yas la mira.
– ¿Cómo qué?
Alice se da cuenta de que en realidad no sabe qué responder.
– Registros de empadronamiento, temas financieros… no sé exactamente – dice. ¿Quizá debería haber hecho unas cuantas preguntas más?
– Y fue ella la que se ofreció a hacer eso por ti, ¿verdad? ¿Fue idea suya?
– Bueno, sí, más o menos.
Yas hace un ruidito con la nariz. Alice la mira.
– ¿Qué pasa?
Yas despliega la servilleta de papel y luego la presiona contra sus labios mientras traga saliva.
– Es que… – dice con cautela – , ¿de verdad conoces bien a Stella?
Alice se queda desconcertada por la pregunta.
– Supongo que sí… Bueno, tampoco tanto, pero me parece simpática. Y es una periodista de verdad. Trabaja para el Sunday Times .
Alice había visto la firma de Stella en las páginas de la revista casi todas las semanas, normalmente en un artículo largo sobre un tema complejo.
Cada texto iba acompañado de una foto en blanco y negro de Stella junto a su nombre en la cabecera, con los brazos cruzados y expresión seria, como si tuviera algo importante que contar.
– Solo creo que quizá deberías andarte con ojo – dice Yas.
– ¿Con ojo? ¿Por qué?
Yas ahora retuerce la servilleta hasta formar un tubo largo y delgado. Hace una mueca.
– Por algo que me dijo Rosa hace un tiempo, aunque no le di demasiada importancia en su momento.
– ¿Rosa? ¿Tu niñera?
– Sí. Dijo que estaba en el parque con Iris hace un tiempo y que Stella se le acercó, insistiendo en invitarla a un café. – Hace una pausa – . Dijo que parecía tener un montón de preguntas.
– ¿Qué tipo de preguntas?
Yas hace otra pausa.
– Preguntas sobre ti.
Alice se siente mareada de repente.
– ¿Sobre qué?
– Sobre dónde vives y dónde trabajas. Cosas sobre Martha y Jamie. Parecía interesada en vuestros trabajos, en cómo os conocisteis…, en cómo todos conocíamos a Jamie.
Alice frunce el ceño.
– Mira, ya conoces a Rosa – dice Yas – . Le cae bien todo el mundo. Pero sentí que le resultó incómoda la interacción. Se tomó la molestia de contármelo. Me pregunté si quizá estaba siendo demasiado sensible, pero Rosa no suele comentar cosas así, ¿sabes?
Alice se remueve en la silla, incómoda. ¿Rosa podría haberse equivocado?
Recuerda su encuentro con Stella en el pub , y cómo algunas de sus preguntas la habían desconcertado.
Sobre sus exparejas y sobre las fotografías de Jamie en África.
Pero, claro, ese era su trabajo, ¿no? Hacer preguntas.
Era lo que Alice le había pedido que hiciera.
– Creo que Rosa debió de malinterpretar la situación – dice Alice – . Stella es muy habladora. Probablemente sea cosa de periodistas.
Yas deja de lado la servilleta, cuyos bordes están deshilachados y retorcidos. Ahora se entretiene con un sobre de azúcar, aunque Alice sabe que no lo necesita.
– Hay otra cosa – dice Yas, dubitativa. Hace una mueca como si la conversación le doliera físicamente – : Rosa me contó que Stella preguntó sobre otros temas, relacionados con el pasado de Jamie.
Sobre por qué dejó su trabajo en África.
Me dijo que Stella se lo había preguntado de una manera bastante concreta.
Alice se recoloca en la silla, incapaz de sostener la mirada de Yas. Entonces Yas sabe que pasó algo en Tanzania antes de que Jamie se fuera. Pero ¿por qué lo sabría? ¿Por Arlo? Se pregunta cuánto le habrá contado Jamie a Arlo sobre el tema. Y cuánto le habrá dicho Arlo a Yas.
Alice recuerda la última vez que vio a Stella, cómo la había presionado para saber si había algo en concreto que hubiera motivado que Jamie dejara su antiguo trabajo en África. Como si ya supiera cuál era la verdadera respuesta.