El extraño Alice
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Alice

Alice

Stella llega al pub Rosemary Branch veinte minutos tarde.

El té de Alice ya está frío. Su mesa es una de las pocas ocupadas.

No hay mucha gente tan temprano. Un par de personas con auriculares y portátiles se agrupan en las mesas junto a la pared, aprovechando los enchufes como si fuera una cafetería.

En la barra, un único bebedor diurno de rostro morado está sentado en un taburete, sujetando con una mano hinchada su ejemplar del Racing Post .

Stella lleva una camisa de lino holgada y pendientes de oro, y el cabello recogido con una pinza de carey.

– Perdona el retraso – dice Stella, sin aliento, al tiempo que se sienta enfrente de Alice.

– No pasa nada. ¿Qué te apetece tomar?

– Vino blanco. Gracias, cielo.

A Alice le parece que invitar a las bebidas es lo mínimo que puede hacer. Cuando regresa unos minutos después con un cubo de hielo, la botella y las copas, Stella saca un sobre marrón de su bolso.

– Así que conseguiste escaparte del trabajo. Bien hecho.

– Dije que mañana me quedaría hasta tarde. No pasa nada.

La verdad es que a Alice le preocupa que realmente sí pase algo, ya que todavía está en período de prueba. Y queda muchísimo trabajo por hacer en el Vermeer.

– ¿Alguna novedad? – le pregunta Stella – . ¿Has vuelto a tener noticias de Jade? – Mira a Alice – . Alice, estás muy pálida. ¿Qué ha pasado?

– Fui al piso de Jade – confiesa, la voz ronca – . Y encontré algo.

Alice le cuenta a Stella toda la historia: la llamada de Jade, cuando le dijo que creía que se estaba muriendo; después, lo rara que fue la visita al hospital; luego, el robo de los pendientes.

Por último, le cuenta con pelos y señales cuando regresó a casa de Jade para intentar encontrar los pendientes.

– Joder – masculla Stella cuando Alice le relata lo de la caja – . Eso es… es escalofriante, Alice. Entonces, ¿crees que sabe que eres la persona que mató a su hermano desde el principio? Y que te ha estado, ¿qué?, ¿acosando? ¿Robando cosas de casa?

Alice se muerde el labio y asiente.

– Por favor, dime que has ido a poner una denuncia a comisaría…

Alice aparta la mirada y luego niega con la cabeza.

Estuvo a punto de llamar a Barnes después de encontrar la caja.

Habría sido un alivio contarlo todo. Hasta confesar que había ido a casa de Ezra una primera vez y le había mentido a Linda sobre quién era en realidad.

Se habría sentido tan aliviada… Barnes siempre había estado de su lado, o eso creía.

Obviamente se enfadaría, pero quizá por fin le haría caso con el tema de los mensajes de odio y las amenazas a su familia. Quizá podría detener a Jane.

Pero, cuando estaba a punto de marcar su número, los dedos se le habían quedado congelados sobre la pantalla del móvil.

¿Y si Barnes no tenía más remedio que arrestarla por haber incumplido con las condiciones de su fianza?

Le había dicho que la detendrían de inmediato.

Alice no podía arriesgarse a tener que pasar por todo eso otra vez. No podía.

Stella niega con la cabeza.

– ¿Planeas contárselo a Jamie?

Alice agacha la cabeza, los ojos anegados en lágrimas.

– Se enfadaría muchísimo – dice – . Le prometí que no volvería a ponerme en contacto con la familia de Ezra. Ojalá nunca lo hubiera hecho.

Alice se da cuenta de lo estúpida que ha sido al acercarse a la familia de Ezra. Ojalá hubiera hecho caso a Jamie.

Stella alarga el brazo para colocar la mano sobre la de Alice.

– ¿Cómo te puedo ayudar?

Alice sorbe por la nariz.

– No lo sé.

Stella duda un instante.

– ¿Sabes qué? Me molesta un montón que nunca lo hayamos descubierto.

– ¿Descubrir el qué?

– Cuál es la conexión entre Ezra y tú. Y qué narices hacía en tu casa, para empezar.

Alice asiente. Todos sus esfuerzos por acercarse a Jade y saber más sobre Ezra habían sido en vano. Lo único que había conseguido era darle aún más razones a Jade para odiarla, para desearle el mal.

Stella juguetea con el pie de su copa de vino.

– Aparte de Ezra y su familia – dice – , ¿podría haber alguien más que os guarde rencor? ¿Quizá por algo que sucedió en el pasado?

Alice se sorprende al escuchar la pregunta.

– Lo dudo mucho. ¿Por qué?

– Solo creo que vale la pena considerar todas las posibilidades – responde, encogiéndose de hombros – . Entonces, ¿no hay ningún ex desgraciado de algún lío pasado? ¿De Jamie o tuyo?

Alice niega con la cabeza.

– No.

– ¿De verdad? ¿Ninguno? – Se ríe – . Qué suerte tienes.

– No tengo muchos exnovios – le dice Alice – . Me pasé la mayor parte de mis veinte años saliendo con un chico que se llama Tag, pero no es mal tío. No nos llevamos mal. De hecho, seguimos siendo amigos en Facebook. – Mira a Stella con tristeza – . Si es que eso significa algo.

– Vale. ¿Y Jamie?

Alice niega con la cabeza.

– Nunca me ha dado demasiados detalles sobre sus relaciones pasadas. Me da la sensación de que siempre estuvo, eh, casado con su trabajo, o algo así.

Stella asiente y escribe algo.

– ¿Dónde trabajaba antes de Handhold? – pregunta sin levantar la mirada – . En algún sitio en el extranjero, ¿verdad?

– En Tanzania. – Alice le cuenta a Stella todo acerca de su antiguo puesto de trabajo en la organización benéfica contra la pobreza – . Obviamente, era una organización importante. Jamie era el gerente nacional en Tanzania y luego se convirtió en el gerente regional para África Oriental.

– Guau.

– Sí. Le encantaba África. No paraba de hablar del continente cuando nos conocimos… Acababa de mudarse a Londres por aquel entonces.

Stella da golpecitos con el bolígrafo en su libreta.

– ¿En qué año dejó su trabajo allí?

– En 2016. El año en que nos conocimos.

– Y os casasteis en…

Alice se aclara la garganta.

– Eso fue al año siguiente. En 2017.

– ¡Hala!

Alice es consciente de que fue rápido, pues todo el mundo lo había dicho, sobre todo la tía Sarah. Pero nunca tuvo dudas, y se sintió muy bien demostrándoles a todos que se habían equivocado por completo.

– ¿Tienes idea de por qué dejó su trabajo en África y regresó a Londres justo antes de conoceros?

Alice mira a Stella, preguntándose qué la ha llevado a centrarse en ese detalle.

– Creo que sintió que había llegado el momento de cambiar de aires – dice con cautela. Pero enseguida se da cuenta de que Stella no se lo cree, y a ella nunca se le ha dado bien mentir.

– ¿No pasó nada en concreto? – Stella se acerca un poco a ella.

Alice llevaba años sin pensar en el tema, y los detalles que tiene en mente son muy poco precisos. La chica. La voluntaria. La persona desaparecida.

Stella da un sorbo al vino y vuelve a colocar la copa con cuidado en el posavasos.

Algo le dice a Alice que sería mejor evitar hablar de eso con ella.

No porque piense que Jamie haya hecho algo malo, sino porque sabe que a su marido le cuesta mucho hablar del tema.

Podría interpretar como una traición que se lo cuente a Stella.

Además, no recuerda bien qué fue lo que le dijo al respecto.

– Solo quería empezar de cero – dice al cabo de unos instantes – . Ya tenía más de cuarenta… Creo que le pareció que ya era hora de regresar a casa y poner los pies en la tierra, ¿entiendes?

– Claro. – Sin embargo, Stella parece esperar algo más.

– Mira, Stella – dice Alice – . Te lo digo de corazón: no creo que nada de esto tenga relevancia, ni para Jade ni para Ezra. ¿Acaso tú sí?

– ¿Tiene fotografías de aquella época? – pregunta Stella, alzando un poco la voz – . En Tanzania. ¿Te ha enseñado alguna?

Alice sigue sintiéndose un poco desconcertada.

– Eh… Imagino que sí. No lo sé. Quizá estén en algún cajón. Tendría que preguntárselo a él. – Hace una pausa – . ¿Por qué lo preguntas, Stella?

– Solo quiero saber si pasó algo relevante en su pasado – Stella se encoge de hombros – . Dado que no he encontrado nada más que vincule a Ezra con vosotros.

– Ya… – Alice suspira – . Siento que todo esto haya sido una pérdida de tiempo, Stella.

– No, lo siento yo – dice Stella, negando con la cabeza – . Solo quiero ayudarte a resolver todo esto. Sobre todo, después de lo que me acabas de contar. Y también porque… Bueno, lo siento, Alice. Hay otra cosa que deberías saber.

Stella mete una mano en el sobre de cartón, saca un papel que parece un documento oficial y se lo entrega a Alice. Lo mira con atención.

– He hablado con mi contacto en la policía – dice – . No encontró nada sobre Ezra, pero le pedí que también investigara a Jade, como me pediste.

Alice clava la mirada en la hoja que Stella ha colocado delante de sus narices.

Hay cuatro encabezados: fecha, delito, uso de fuerza, resolución.

Debajo de cada uno se encuentran un puñado de palabras, poca cosa más.

Pero es más que suficiente para hacerse una idea.

Lo suficiente para que a Alice se le revuelva el estómago de puro terror.

Denuncia por acos o.

Solicitud y concesión de la orden de alejamient o.

De nuncia por incumplimiento de la orden de alejamient o.

De nuncia por daños a la propiedad y agresión .

De nuncia por acoso continuo/incumplimiento de la orden de alejamiento.

Allanamient o.

Presunta agresión .

– Hasta ahora se ha ido de rositas en casi todo esto por su edad – le explica Stella – , pero aún hay bastantes más cosas.

Alice deja la hoja sobre la mesa para que Stella no se dé cuenta de lo mucho que le tiemblan las manos. Piensa en el llavero, en la fotografía, en la gaviota muerta, en la caja.

– ¿Cómo conseguiste que tu contacto te diera esto?

Stella se encoge de hombros.

– Me debía un favor.

Alice traga saliva. Tiene la garganta tan seca que apenas consigue hablar.

– ¿Quién fue la víctima? ¿Siempre era la misma persona?

– Ni idea – dice Stella – . Pero sí que parece que es una única persona, ¿no? Algo así como una campaña de acoso hacia alguien. Supongo que a un novio. – Suelta una carcajada – . O exnovio, mejor dicho.

Alice recorre las fechas con los dedos y se detiene en la última. El último registro está incompleto.

– Este es el único que no tiene fecha. ¿Qué quiere decir eso?

– Por lo visto, ese delito todavía se está investigando. No me han podido decir mucho al respecto.

– Pone agresión.

– Presunta agresión – aclara Stella – . Algo doméstico. Creen que Jade empujó a alguien por las escaleras o algo así. ¿Te dice algo?

A Alice se le seca la boca. Linda.

Linda no se cayó por las escaleras. Jade la empujó. A su propia madre. Es violenta, peligrosa. Y tiene a Alice y a su familia en el punto de mira.

Alice se da cuenta ahora, al borde de las náuseas, del marrón en el que se han metido por su culpa.

Al final, es tal y como Jamie decía desde el principio: Ezra solo era un chico problemático.

El allanamiento y su muerte fueron algo terrible, pero fortuito.

Pero lo que Alice ha hecho ahora es diferente.

Ha ignorado por completo los consejos de su marido, de su abogada y de la policía…

, y ha atraído a una acosadora peligrosa a sus vidas.

Una persona con antecedentes por violencia, que tiene motivos para odiarla y querer verla muerta.

Si Jade es capaz de enviar al hospital a su propia madre…

, ¿qué será capaz de hacerle a la mujer que mató a su hermano?