Alice
– Voy a comprobar que Martha no se haya asustado con el trueno.
Alice lo dice más por ganas de levantarse que por cualquier otra razón. Se vuelve hacia la habitación donde están Becca y las niñas. Pero entonces Yas dice algo.
– ¿Qué…? ¿Qué coño?
Su voz cambia la atmósfera. Alice se da la vuelta para mirar a Yas y ve que está pálida, contemplando hacia la ventana que tiene enfrente.
Alice sigue su mirada.
Hay un hombre – más tarde recordará que creyó que era un hombre, no un chico – en la ventana delantera de la cocina ubicada en el sótano.
Con una capucha negra sobre la cabeza, los ojos en la penumbra, pero la parte inferior de su rostro se mantiene a la vista.
Una boca abierta y jadeante con dientes pequeños y amarillentos.
El hombre está plantado justo contra el vidrio.
Alice grita y deja caer su copa de champán. Y entonces, como si no fuera una persona, sino algún tipo de animal, el hombre – o el chico – se abalanza sobre la puerta del sótano de Alice.