Alice
– Entonces – dice Stella, sumergiendo y sacando una bolsita de té de hierbas de la taza con la cuerdita – , ¿quieres que investigue un poco?
– ¿Dijo «él»? – Stella frunce el ceño – . Juraría que dijo «ella». «¿Ella está aquí?».
– Es que como no dejaba de balbucear… Es difícil de discernir.
– Ya. – Stella hace una pausa – . Ese balbuceo fue lo que me hizo pensar que estaba, ya sabes…, borracho, colocado o simplemente confundido.
– Parecía eso, sí… – Alice suspira – . Pero, yo solo…
– ¿Qué?
Alice se pregunta si de verdad es buena idea contarle a Stella lo que ha estado haciendo y pensando.
Pero la verdad es que ha llegado un punto en que se siente desesperada, y le da la sensación de que no tiene a nadie más a quien poder contárselo.
Yas cree que Alice debería olvidarlo todo y seguir adelante, y ninguno del resto de sus amigos le parece lo suficientemente cercano como para confesar algo así – sobre todo desde que Alice se ha dado cuenta de que las otras madres del colegio de Martha se han ido distanciando de ella últimamente, como si quisieran poner distancia con lo que hizo.
Parece que ya no invitan a Martha a tantas meriendas y fiestas…
¿O será cosa de su imaginación? Su antiguo jefe, Stanley, tampoco ha hablado mucho con ella desde que dejó su estudio, donde llevaba años trabajando.
Sus excompañeros no han mantenido el contacto con ella durante el verano, algo que le ha dolido bastante.
Eso le deja solo a la tía Sarah – que no lo entendería – y a Jamie…
Pero Alice sabe que se volvería completamente loco si supiera que ha ido a ver a la familia de Ezra.
Así que la última persona que le queda es Stella. Y ella es periodista. Quizá pueda averiguar cosas a las que Alice no tiene acceso.
– Stella. – Alice baja la voz – . Si te cuento una cosa, ¿me juras que te lo guardas para ti? Necesito contárselo a alguien. Empiezo a sentir que me estoy volviendo loca.
Stella parpadea, y Alice siente escalofríos, preocupada de haberla asustado desde el principio.
– Claro. Te lo prometo.
Stella parte el cruasán, dejando que el lado suave y mantequilloso se separe entre sus dedos.
Alice respira hondo, y entonces se lo cuenta todo.
La extraña llamada que recibió aquel día en la piscina.
Lo de ir a la casa de Ezra. Cómo terminó conociendo a Linda y luego a Jade.
El llavero. La fotografía. Una vez que empieza, se da cuenta de que no es capaz de parar.
Necesitaba con urgencia tener a alguien con quien desahogarse.
– Vale – dice Stella, inflando las mejillas – . Guau.
– Sé que parece una locura – admite Alice, entre suspiro y suspiro – . Seguramente pienses que estoy como una regadera. Como todo el mundo.
– No, no – dice Stella – . Es solo que… Bueno, todo esto es demasiado. Y extremadamente extraño. ¿Qué dijo la policía sobre la llamada que recibiste? ¿No pueden rastrearla?
Alice baja la mirada hacia la mesa. Stella alza las cejas.
– Ah – dice – . No se lo has contado. Nada de esto.
Por la voz de Stella, no parece que la juzgue. Alice se muerde el labio.
– ¿Tampoco a Jamie? ¿Ni a Yas?
Alice niega con la cabeza. Stella se limita a asentir.
– Entiendo.
Se quedan en silencio un momento. Stella parece sumida en sus pensamientos.
– Mira – dice Stella despacio – . Supongo que podría hacer algunas investigaciones en el trabajo, si crees que eso podría ser de ayuda.
Alice levanta la vista.
– ¿De verdad?
– En lo que respecta a Ezra – continúa Stella – , puedo intentar encontrar alguna pista que nos ayude a explicar todo esto, y a saber quién era y qué podría haberle pasado. A fin de cuentas, a mí también me pica la curiosidad. Sobre todo ahora.
Alice se remueve en la silla, incómoda.
– ¿Qué harás exactamente?
Stella se encoge de hombros.
– Lo típico que solemos hacer los periodistas: buscar información sobre él en bases de datos públicas y en redes sociales.
Ver si aparece relacionado con otros delitos.
Cualquier cosa que pueda sugerir una conexión, una razón por la que estaba allí.
Un motivo por el que podría haberte tenido a ti como objetivo.
Por supuesto, puede que no haya ninguno.
Pero si te ayuda a tranquilizarte un poco, quizá valga la pena intentarlo, ¿no?
Alice mira al otro lado del agua, luego agacha la cabeza hacia su café, todavía intacto.
Piensa en las noches que ha pasado despierta hasta las tres de la mañana, con la ansiedad todavía revolviéndole el estómago, las imágenes de lo sucedido repitiéndose en su cabeza una y otra vez.
Los horribles comentarios en internet. La sensación de miedo que todavía persiste, incluso ahora que han retirado los cargos en su contra.
La manera en que su casa le resulta extraña y poco acogedora, la desconexión que siente de su marido, de Martha, de todo.
– Sí – dice – . Sí, por favor, Stella.
COMENTARIOS (5 NUEVOS)
@mamaowl
Soy consciente de que él no debería haber entrado en la casa, pero me parece una locura que lo matara y no haya ninguna consecuencia.
@southoftheriver
Seguro que aquí hay algo más, ella me da muy mal rollo.
@hatchetjob
Los Rathbone son escoria humana.
@hatchetjob
Alice Rathbone es una puta asesina.
@hatchetjob
Nunca olvidaré lo que hiciste.
@hatchetjob
No te preocupes, ya te llegará lo que te mereces.
@hatchetjob
Sé dónde vives, zorra.