Alice
Alice
Alice sirve la pasta en dos platos, uno para ella y otro para Jamie, y los lleva al salón. Jamie está de rodillas, recogiendo los juguetes desperdigados.
– Gracias – dice Jamie – . ¿Martha ya está acostada?
– Sip. Se quedó roque en el sofá.
Para cuando Alice regresó al dormitorio de Martha con la leche, después del momento extraño con Becca, su hija ya estaba roncando de nuevo, extendida sobre las sábanas con motivos de sirenas. Alice la arropó con el edredón, regresó a la cocina y tiró la leche por el fregadero.
Alice se sienta en el sofá, con el plato de pasta sobre las piernas. En cuanto alza el tenedor, empieza a vibrarle con fuerza el móvil en el bolsillo. Lo mira automáticamente y, de repente, se sobresalta. Hay un WhatsApp de un número que no tiene agendado.
Gracias de nuevo por encargarte de las cosas por mí. Nos vemos mañana. ¿A qué hora quedamos? Jade
Alice había olvidado que le dio su número a Jade.
¿Había sido una tontería? ¿La policía podría llegar a monitorear su teléfono?
Alice vuelve a sacar el móvil, borra el mensaje de Jade y luego se lo mete en el bolsillo de la chaqueta donde lleva el llavero, con tanta fuerza que casi se le cae, mientras el plato de pasta se tambalea sobre sus piernas.
– ¿Quién era? – le pregunta Jamie.
– Eh… Solo era Yas. La ha llamado su abogado para informarla de que habían retirado los cargos. Dice que tenemos una cena pendiente en su casa para celebrarlo.
Yas le había enviado un mensaje un rato antes, así que tampoco era una mentira. Stella también le había mandado un mensaje, acompañado de una serie de emojis de celebración.
– Suena bien.
Jamie se incorpora con esfuerzo y se sienta a su lado. Alice se queda mirando el plato de pasta, pero se da cuenta de que no tiene hambre.
– ¿Estás bien? – le pregunta Jamie – . Creí que estarías la mar de contenta por lo de los cargos.
– Lo estoy. Es una buena noticia. Solo estoy cansada.
Parece que a Jamie le convence la explicación. Pincha un macarrón con el tenedor y se lo mete en la boca.
– Deberíamos celebrarlo, como bien dice Yas. Salir a cenar o algo así. Tenemos que aprovechar ahora que todavía tenemos a Becca.
– Ajá…
– No pareces muy animada.
A Alice le encantaría sentirse aliviada y contenta, como a Jamie le gustaría. Pero una parte de ella se siente irritada. La cosa es: ¿cómo puede él estar de tan buen humor?
– Es que siento que todavía no tenemos ninguna respuesta – suelta Alice, aunque sabe que el tema pondrá de mala leche a Jamie.
Se fija en cómo su expresión se hace pedazos.
– No hay más respuestas que obtener, Alice. Solo tenemos que ser mucho más cuidadosos con la seguridad de nuestra familia, eso es todo.
Alice no dice nada. Sabe que Jamie se equivoca al decir que no hay respuestas, pues todavía hay demasiadas cosas que no encajan. Tampoco comparte su entusiasmo por reforzar la seguridad de la casa. Sin embargo, le parece inútil ponerse a discutir de nuevo.
– ¿De qué hablaste con Becca hace un rato? – pregunta Jamie.
«Buena pregunta», piensa Alice. Está segura de que Becca se refería a ella cuando dijo «Está arriba». ¿Con quién habría estado hablando sobre ella?
– De nada importante – responde Alice – . Solo le dije que se lo pasara bien en casa de sus padres. Se va de finde largo. – Alice frunce el ceño y añade – : La escuché teniendo una conversación un poco rara por teléfono.
– ¿Ah, sí?
– Sí. No dejaba de repetir que no quería hacer algo. Le dijo a la persona con la que hablaba que dejara de llamar, y luego añadió algo así como «Estoy aquí ahora mismo… Ella está en casa». Parecía que hablaba de mí.
Jamie frunce el ceño.
– Seguro que solo se refería a que no podía hablar en ese momento porque su jefa estaba presente, ¿no?
– Sí, supongo – responde Alice, aunque le había parecido más extraño que eso.
Jamie da otra pinchada.
– ¿Te ha contado algo más acerca de sus planes?
– No.
– ¿Nada sobre el motivo de por qué se va?
– No, no mucho.
Jamie pone los ojos en blanco.
– Genial. Así que nos toca buscar una nueva niñera, ¿no? Tú empiezas el nuevo trabajo pronto.
– Sí… – Alice suspira – . Me dijo que seguirá trabajando durante estos dos meses de preaviso. Quizá podamos alargarlo hasta tres. Después de eso… supongo que podríamos buscar una niñera solo para las horas después del cole.
Muchos otros padres del colegio de Martha tienen contratados como canguro a estudiantes locales que tienen algunas horas libres. Pero Alice no quiere que una estudiante cualquiera cuide de Martha. Quiere a Becca, encantadora y responsable.
– ¿Por qué crees que ha decidido irse? – le pregunta Alice a Jamie.
– Ni idea.
Jamie mueve la pierna de arriba abajo; parece distraído.
– ¿Crees que puede ser por culpa del allanamiento?
– No lo sé, mi amor. Tú fuiste la que habló con ella. ¿No se lo preguntaste?
– Claro que sí, pero no me lo dijo. Me pareció que había algo que la había molestado, pero no sabría decir el qué.
Jamie suspira.
– Es una pena – dice – . Pero supongo que en algún momento tendría que marcharse. ¿Sigue en sus planes venir a Rye con nosotros?
– Me dijo que sí.
– ¿Qué te parece si reservo en algunos restaurantes para que salgamos a cenar solo los dos las noches que ella haga de niñera?
– Vale.
Alice no le ha dado muchas vueltas a que pronto se van de vacaciones. Jamie parece muy animado con la idea.
– ¿Qué?
Alice pone una mueca.
– Es solo que… ¿No te parece un poco absurdo irnos de vacaciones, Jamie? Todavía tengo la cabeza hecha un lío. No sé…
– La verdad es que creo que es exactamente lo que necesitamos – dice Jamie; su voz desprende una pizca de frustración – . Algo que esperar con ganas. Un respiro de todo esto.
– Sí, supongo.
Alice coge el plato y se mete un poco de pasta en la boca a modo de acto de voluntad, luego lo vuelve a dejar sobre sus piernas. Algo le hace runrún en la cabeza. Le lleva unos segundos darse cuenta, pero entonces lo recuerda.
– Por cierto, Jamie… He encontrado una bolsa de basura con ropa vieja en el desván. Una sudadera negra grande y unos pantalones de chándal.
El tenedor de Jamie se detiene en el aire sobre el plato de pasta.
– ¿Ah, sí?
Alice espera que diga algo más, pero él se limita a dejar el tenedor en el plato, coger el mando y empezar a navegar por Netflix.
– ¿Tenías intención de tirarla o algo?
– ¿Tirar el qué? – le pregunta, confundido.
– La bolsa de basura con ropa vieja… ¿Me estás escuchando?
Jamie desvía la atención del televisor para mirar a Alice.
– ¿Que si tenía intención de tirar ropa vieja? Creo que no. ¿Puede que sea de Becca?
Alice lo medita durante un instante.
– No sé. A mí me pareció ropa de hombre. Todo negro.
– Vale. Pues no sé, puede ser.
– La he puesto a lavar.
– Vale. Ya le echaré un vistazo. – Hace una mueca, a medio camino entre preocupación y diversión – : ¿Todo bien?
– Sí, perdón. Estoy bien.
Alice esboza una sonrisa que parece tranquilizarlo.
– Ha sido un día intensito – dice, dándole un apretón en la rodilla.
– Sí.
– Deberíamos acostarnos temprano.
– Ajá.
Alice intenta fijar su atención en la televisión, pero no logra concentrarse.
Cuando termina el programa, echa un vistazo a Jamie.
Todavía sostiene el mando. De hecho, lo agarra con fuerza.
Sus muñecas están tensas, los nudillos blancos.
Y aunque mira en dirección a la pantalla, Alice tiene la sensación de que tampoco ha prestado atención a lo que se reproducía en la tele.