Atta
L os días que siguieron a aquel encuentro se convirtieron en una vorágine de victorias. Incluso Imogen había empezado a ayudarlos con la organización, tan sana como una manzana. A salvo.
Emmy dejó otra hada en la estantería de la bodega, cogió una botella de absenta por el cuello y se volvió con una sonrisa.
—Creo que nos merecemos una pequeña celebración.
—Estoy segura de que Sonder tendrá por ahí una encantadora cuchara antigua y terrones de azúcar. —Emmy meneó las cejas de arriba abajo con rapidez, y por fin consiguió arrancarle una sonrisa sincera a su amiga.
—Lo someteremos a votación popular —dijo la otra, quitándole la absenta de las manos.
Sonder había dejado a la primera hada que habían atrapado, la que se le había escapado a Atta, al lado de esa misma botella.
—Me parece bien. Puedo llegar a ser muy persuasiva —se pavoneó Emmy.
Subieron a la cocina y cerraron con llave la puerta de la bodega.
Los demás se encontraban repartidos por la casa, y Sonder acababa de llegar de dar clase.
El pobre parecía tan agotado como ella; le estaba costando mantenerse al día con sus deberes como profesor.
Entre las consecuencias derivadas de haberse quitado las máscaras, se contaban los periodistas apostados ante su casa y los estudiantes del Trinity que lo atosigaban; pero ninguno de los peces gordos de la universidad o de la Agamenón había tenido el valor de echar a Sonder.
Al fin y al cabo, eso habría tirado por tierra su fachada.
Emmy se las arregló para reunir al extenuado equipo en el porche trasero con la excusa de que la luna llena estaba preciosa.
Sonder sacó un precioso juego de cucharas antiguas y un platito para los terrones de azúcar; mientras tanto, Gibbs preparó una bandeja con vasos llenos de hielo.
Hacía frío y la bebida resultaba empalagosa, pero la conversación les calentó tanto el corazón como las mantas con las que se cubrieron y el fuego que Sonder había encendido.
Sin embargo, el viejo espino de tronco retorcido no dejaba de entonar su nombre, de llamarla para que se adentrara en la niebla.
Y Atta no podía evitar sentir que se le estaba acabando el tiempo.