Atta
Temblaba tan violentamente que apenas fue capaz de ponerse de pie o de sujetar el libro mientras corría hacia la Mansión Murdoch vestida solo con una de las camisas de Sonder.
Aunque estuvo a punto de resbalar con la capa de hielo que cubría el suelo frente a la puerta, consiguió entrar sana y salva.
Una vez dentro, tiró el libro sobre la encimera de la cocina y se precipitó a la ducha.