Capítulo 25 #3
—Esto tiene que ver con la realeza. Sus padres y el monarca.
Le escribiré a mi padre para saber qué ocurre.
Tiene muchos contactos en la corte y podrá darnos una información que no esté cambiada.
Si le escribo a la princesa, le restará importancia a lo que digo —habló Sybil tocándose el mentón—.
Vivir libremente es su objetivo; sin embargo, ¿qué puede oprimirle a un hombre que no debería temer una sucesión del trono?
—No lo sé. Él habló de facciones cuando le comenté sobre el marqués de Dublín.
—No tiene sentido. Él no se involucra en política con frecuencia. Es más bien un conocedor de todo.
—Al parecer solo milord conoce el trasfondo del marqués.
—Un caballero que me corteja por un año, un matrimonio arreglado con un príncipe exiliado y este mismo que se niega a volver a Londres. Debe existir algo que una estos puntos.
—No lo había pensado de esa manera, milady. Tal vez la respuesta pueda estar en las cartas viejas que enviaba la princesa.
—¿Por qué después de tres años quieren encausar al conde? Es tan sospechoso. Él se esconde detrás de una fachada tan despreciable… no es lo que yo creía, no es como imaginaba. Mi misión es mucho más grande que solo reformar un rebelde.
—Es lo más probable. Haré la carta ahora. Andrew, pídele dinero a Ming para contratar obreros para la casa y renovar los muebles. Seguiremos el curso normal de lo que espera el conde, mientras averiguamos lo que realmente ocurre. Tengo el presentimiento de que esto no nos gustará.
Andrew asintió y se retiró para hacer lo que le había pedido la condesa. Mientras tanto, ella cogió papel y pluma para escribirle a su padre. Quería saber si tenía alguna forma de aclarar sus dudas y vivir tranquila, pues sentía que vivía en una verdadera farsa.
***
Reginald regresó sonriente para la hora del almuerzo y Andrew le entregó una carta del señor Matthews.
—Estoy seguro de que me preguntará si sigo con vida.
No sé por qué no lo estaría. Soy un verdadero experto en persuadir a las damas.
Esta noche busca mi mejor camisón, uno que me deje enseñar un poco de carne para atraer a la fiera —musitó el conde sobándose las manos con ansiedad. Ya quería volver a estar con su esposa.
—Hable con más respeto de ella, alteza. Si los demás lo oyen, sería malo para la reputación de milady. La suya está perdida, pero cuide la de su esposa.
—¿Qué hay de malo en compartir la felicidad? Todos saben lo que hago con ella por la noche. No es un secreto para nadie y tampoco somos niños para ocultarlo. No es algo que se pueda esconder bajo la alfombra.
—Su alteza, milady sospecha de usted. Tenga cuidado con lo que dice y hace.
—Estoy al tanto, pero no me preocupo. Es solo la zanahoria para que me deje tranquilo. Sabes que animal satisfecho no ataca a la presa. Seguir fingiendo ser inepto solo me traerá moretones de varios colores y muchos dolores de cabeza, y sabes que quiero evitarlos.
—A mí sí me preocupa, tengo un mal presentimiento.
—El momento de que se cumpla tu presentimiento aún está lejos. Vive sin miedo por ahora, ya después encontraremos una solución permanente.
Capítulo 26
Durante la tarde, él siguió holgazaneando como acostumbraba, su esposa estaba ocupada con Andrew para hacerse cargo de lo que les esperaba al distribuir los granos a los arrendatarios.
No había nada mejor que un buen descanso antes del desastre.
Debía acumular momentos de ocio y placer para tener fuerzas para cuando el cielo se cayera sobre la cabeza de un par y el secreto se supiera.
Vagar, leer y apreciar la vida era algo que deseaba para el resto de su vida, pero teniendo una esposa, ese era un mito, tarde o temprano tendría que tomar las riendas de las tierras que tenía.
El castigo solo se limitaba a no tener dinero físico, pero sí formas de obtenerlo.
Durante su primer año fue tonto e ingenuo, lleno de dolor, ira y molestia hacia sus padres, por eso no hizo nada útil, tampoco la naturaleza lo ayudó con la siembra.
La cosecha fue un fracaso absoluto por las condiciones climáticas de ese año en particular.
Debía admitir que nada le salió bien porque no había intentado hacer algo.
Estuvo sumergido en la pena de saber que su vida entera era una mentira.
Enterarse por partes lo destrozó; sin embargo, con el tiempo fue aceptando que muchas cosas no podían cambiar y para seguir era cuestión de no mirar atrás, por más que eso no significara aceptar su destino.
Lo único que le interesaba era tratar de evitar la calamidad, pero sabía que estar casado con la hija del general no era casualidad, era la estrategia de sus padres para luchar contra el monarca.
Un rey incompetente era un verdadero problema que ocultaban desde hacía años y estaban ansiosos por cambiarlo, para eso necesitaban alianzas con familias poderosas que pudiesen persuadir al ejército.
Las alianzas matrimoniales siempre eran la estrategia perfecta para sellar pactos de cooperación.
No importaba lo que dijeran él o Sybil, eran simples piezas de ajedrez para limpiar la basura del reino.
La corte era un lugar lleno de personas inteligentes, calculadores, ricos e influyentes, pero, sobre todo, era un verdadero nido de víboras que perseguían sus propios intereses.
Pronto el panorama general cambiaría y tendría que acomodarse a las circunstancias, pero mientras disfrutaría de todo.
—Lord Riverdale, su sirviente pidió que le trajera un té —dijo Ming entrando al salón de arte en donde él pintaba un paisaje. Le molestaba que aquel estuviese ahí tan plácido mientras su ama tenía que romperse la cabeza para idear estrategias para sacar adelante la propiedad.
—Andrew es eficiente en todo. Gracias. ¿Cómo está milady? ¿Le gusta encargarse de los asuntos de la casa? —preguntó burlón.
—Milady hace lo posible para que esta propiedad prospere y usted solo es capaz de estar aquí, relajado, sin hacer algo útil.
—Eres igual de cuadrada y sin horizontes que tu ama. Si yo estoy bien, milady también lo estará. Esto es lo que a mí me hace feliz y Sybil está haciendo lo que quería y que supongo también le dará felicidad. Esto es un intercambio justo e imparcial.
—Usted es malo, ¿sabe? Ayer dañó moralmente a milady y hoy ha vuelto a humillarla con su apuesta.
—Ella es quien aceptó sabiendo que jamás apuesto si no estoy seguro de que puedo ganar. Sybil es orgullosa y eso la lleva a hacer tonterías. Tiene talento para el látigo, debo aprenderlo por si acaso, pues no soy hábil con eso.
—Milady pregunta si no enviará alguna carta a Londres, pues tanto ella como Andrew tienen correspondencia pendiente.
—Ah, estos traidores comienzan a moverse.
Te aseguro que las respuestas que recibirán no son buenas y no llegarán pronto.
Milady me comentó que tú cuidarás los alrededores de la propiedad para no aburrirte con asuntos mundanos de esta casa.
Estoy satisfecho con tu trabajo contra los bandidos de la última vez.
Te pido que comiences con eso la próxima semana.
Me temo que podríamos tener visitas indeseables y no me refiero a los rufianes de siempre.
Han sido un dolor de cabeza, pero a la vez los toleraba porque serían los primeros en tratar con mis enemigos.
Quien asalta a mis enemigos es mi amigo.
—Ha sido libertino, milord, pero dudo que tenga muchos enemigos, salvo algunos esposos despechados.
—Jamás he tocado a una mujer casada, si tengo enemigos, son por otra parte que no es el libertinaje, es más bien un problema sanguíneo. Muchas personas no saben en dónde estoy, pero mueren por saberlo para cortar esta cabecita que tengo.
—Entonces no atacar a los bandidos es algo estratégico.
—Depende, porque también me han molestado al igual que a mis arrendatarios. Tengo límites para conservar a estas personas.
—Está bien, me encargaré de la seguridad.
—Pronto Andrew le dará sus responsabilidades a milady y podrá hacer ese trabajo contigo. Con ustedes dos vigilando estaremos seguros.
—Milady puede cuidarlo si es que está en peligro.
—El peligro es ella, pero también puedo defenderme. Corro bastante rápido. Pregúntale a tu ama si ya ha ordenado la cena en la cocina. Si no lo ha hecho, sugiere con sutileza que se me antoja algo ligero para poder atenderla bien esta noche…
Ming se sonrojó al entender lo que este hombre quería decir.
Ya sabía que Sybil estaría ocupada esta noche, por lo que tendría que estar despierta más tiempo para ayudarla después de salir de la habitación de su esposo luego de cumplir con los deberes maritales que dijo que no tendría.
Su ama era una verdadera sombra desde que llegó a esa casa.
Aquella pensó que su mala fama lo intimidaría, pero al final el conde parecía intimidar mucho más que una mujer que sabía de armas y tenía conocimientos que ninguna otra dama tenía.
Su ventaja en realidad no existía, se estaba convirtiendo en la esposa de un verdadero vago.
***
Semanas después…
Las respuestas a las cartas que enviaron Andrew y Sybil llegaron a la propiedad casi al mismo tiempo. Lo que decía en ellas no era algo que debieran tomar con ligereza, sino que tendrían que hacerlo con mucho cuidado y sentarse a conversar sobre el asunto.
Sybil tenía una mejor relación con su esposo, que todavía se negaba a hacer lo que ella pedía, pero se involucraba más.
Era atento y siempre la buscaba no solo para molestarla, sino también para sacarla a pasear.
La llevaba junto a los gansos y ambos les daban pan y semillas.
Era una vida tranquila y envidiable, justo como él lo describía siempre.
—Deberías dejar esa carta, esposa mía. Lo único que te dará es un disgusto que te impedirá ser feliz —habló Reginald, que fue a tocar el hombro de Sybil. Ella no se apartó.
—Lord Riverdale, esto es grave…