El excéntrico lord Riverdale (Los solteros 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Reginald miró la daga en su cuello y se quedó quieto y en silencio.

—Mi… milady, ¿no estará pensando en abusar de su futuro esposo? Nunca más la invitaré a jugar y mucho menos a beber de mi buen whisky. Es la peor perdedora de la historia —habló intentando salvar su vida.

—No le haré daño, la daga es para cortar su ropa y darme más facilidad. No maltrataré su piel tan valiosa, es un príncipe de esta gran nación.

—Me estaba asustando… ¿Qué? ¿Me quitará la ropa?

—Solo quédese quieto, no querrá que le rebane la hombría por accidente…

—¡No, no, no! Una roca me tendrá envidia, milady. Me quedaré más quieto que la misma quietud.

Era la primera vez que rogaba a una mujer y no era por el motivo correcto, sino para que se detuviera en su locura. Aquella era otra persona cuando bebía. La próxima vez solo le ofrecería una copa de vino y haría desaparecer todo el alcohol de la residencia.

A los pocos minutos ella ya había cortado su camisa y después el pantalón.

Estaba expuesto de manera indecente. Si eso seguía de esa manera, terminarían juntos sin remedio.

No había nada de malo en ello porque pronto serían esposos; no obstante, la forma era incorrecta.

Él solo había querido un beso, pero a fin de cuentas terminó de otra forma: en un intento de ultraje por parte de una dama.

Esta era una situación escandalosa que, si alguien lo sabía, terminaría con su reputación y la ruina social completa.

Tantos años construyendo su escape de la ciudad para terminar siendo sepultado por un pésimo cuento.

Antes de que Sybil siguiera avanzando, se desplomó sobre él, quedándose rendida en un momento. El sueño y la borrachera lo habían salvado.

—¡Gracias, Dios! —expresó sacándola de encima.

La puerta del despacho se abrió un poco y la figura de Andrew se asomó.

—¿Está bien, alteza? —indagó. Luego abrió los ojos con sorpresa al ver a la joven desplomada sobre aquel.

—¡Por supuesto que no! Ella quiso violentar mi inocencia.

—¿Su inocencia? Ay, usted no es inocente en nada. ¿Qué le hizo a milady?

Reginald separó a Sybil y se levantó con autoridad.

—Es una ebria demente. ¿No ves lo que me hizo? Casi ataca el nido y mata al pájaro. Le gustan las dagas cuando está ebria. Solo la invité a jugar ajedrez y perdió el control. Es la peor perdedora de la historia.

—Usted también, alteza. Es un maestro de ajedrez, ¿por qué se desquitó con una simple jugadora novata?

—Es una estratega del ejército, ¿en dónde es una novata? Me preocupa que esta nación esté en manos de esta clase de personas irracionales e iracundas. Menos mal que viniste a salvarme.

—Ella ya estaba inconsciente cuando entré. Debemos llevarla a su habitación, su doncella podría venir y dejarnos como picadillo si no la encuentra. Quedaremos peor que esos bandidos.

—No podemos ocultar este hecho. Llama a su doncella, alguien tiene que llevarla, supongo…

—Sí, con permiso.

El conde caminó junto a la figura durmiente de su prometida.

—Vaya fiera salvaje. Por poco y terminas con tu cometido de ver mi gusano, pero todavía eres débil —pronunció con un poco de alivio.

La doncella de Sybil llegó al sitio con prisa, al ver tendida a su ama en el suelo y al conde junto a ella con la ropa cubriendo lo mínimo, sacó su arma y le apuntó.

—¡Oye, oye! Ella solo tomó demasiado, no merezco la muerte por la ineptitud de esta mujer. Contrólate, sabes quién soy —masculló Reginald con presteza.

—Si le hizo algo a la pureza de milady, lo mataré y no me importará que sea el mismo rey de este país —lo amenazó.

—Lleva a milady a mi habitación, yo dormiré en la suya.

—Ni lo sueñe…

—Harás lo que te digo porque es mi techo y ella es mi prometida, me pertenece. Obedece.

El sirviente de Reginald le colocó su pistola en la frente a Ming para que bajara la suya y se rindiera ante la orden del conde.

—Haz lo que te dice el conde, mujer. No dudes, si no le hizo daño aquí, menos se lo hará en su habitación. Llévala —ordenó Andrew con autoridad.

A Ming no le quedó más remedio que obedecer. Para su buena fortuna, podía cargar el peso de su ama por las escaleras, no necesitaba de ninguna ayuda, aunque ellos tampoco se la ofrecieron.

—¿Por qué lleva a milady a su habitación, milord? —curioseó Andrew.

—Por nada en particular, es una apuesta. Le dije que ella terminaría en mi cama y gané.

—Usted provocó a milady para que lo atacara. Mañana tendrá un mal día con ella.

—Puede ser, pero es porque no sabe perder.

Ahora está perdida porque le gané la apuesta.

Las dos que hicimos las he ganado. Aquí la gaviota quiso ser águila y terminó mal, aunque yo casi terminé peor.

Fue horrible, solo quería un beso. Mi idea era esa.

Primero deseaba emborracharla para dejarla en mi cama y ganar la apuesta, pero me sentí tentado por sus labios y ella se descontroló.

Mira, mira cómo me ha dejado. Soy una víctima de las emociones discordantes de una mujer con la fuerza y el pensamiento de un hombre.

¡Me arrojó al suelo y me estiró de una pierna!

Pensé que me habían convertido en algo útil: una escoba.

—Con razón escuché sus gritos; sin embargo, debió ser más inteligente y aprovechar esta oportunidad.

Ya sabe que cuando ella recobre la conciencia, usted estará vetado de su cama por el resto de la eternidad.

Este asunto es un arma de doble filo si quiere ganar el favor de milady.

Está atrapado entre parecer un inútil y ser feliz o mostrar su potencial y que lo envíen a Londres para tomar un cargo importante y servir al imperio.

—Fingir ser un tonto es mil veces mejor. Admito que en estos días he salido un poco de mi papel, pero regresaré con fuerza, si tengo suerte, milady me acusará de hacer trampa y entonces me creerá un inútil, aunque astuto.

A la mañana siguiente, Sybil despertó con un tremendo dolor de cabeza. Apenas podía abrir los ojos y cuando lo hizo no supo en qué lugar se encontraba, puesto que no era su nueva habitación. Solo distinguía la figura de Ming de pie junto a ella.

—Esta no es mi habitación —declaró tomándose de la cabeza.

—Milady, por fin despertó, ¿qué le hizo ese rufián?

—¿Rufián? —preguntó confundida, pero después comenzó a recordar lo que hizo anoche y cómo ese hombre intentó escapar mil veces de su agarre—. Ay, no me hizo nada, al menos es lo que presumo. No siento dolor en otra parte de mi cuerpo excepto en la cabeza. ¿En dónde estamos?

—Es la habitación del conde, milady. Él me dijo que la trajera aquí, me negué, pero me encañonaron a traición.

—¿Su habitación? ¡Su habitación! ¡Sinvergüenza! No fue suficiente con ganarme en ajedrez, sino también la maldita apuesta.

—¿Una apuesta?

—Sí, él apostó a que yo terminaría en su cama, pero no especificó cómo.

Lo subestimé, en verdad que fui una tonta.

No pensé que de verdad ocultara talento, debo probarlo mejor.

Esta humillación la cobraré y no será barato.

Es hábil para mentir y engañar. Este hombre es astuto como un zorro.

Las piezas van encajando lentamente. Me engañaron para casarme con un verdadero engendro de las tácticas, pero no me ganará.

A toda estrategia le pondré trabas disciplinarias.

O muestra de lo que es capaz o saco su capacidad a golpes.

—Él debió engañarla, milady. El conde no parece ser el más lúcido de los caballeros. La bebida le ha jugado en contra.

—No, no es así. Perdí el control.

—El conde hasta había rasgado su propia ropa para aprovecharse de usted. Es un crimen, deberíamos darle una lección.

—No es cierto. La ropa se la corté yo con una daga. Es que necesitaba conocer algunas cosas y aliviar un poco la tensión, qué mal…

—No puedo creer que usted hiciera eso. Lo defiende porque teme que lo mate y que esto desencadene la muerte de toda su familia, ¿verdad, milady?

—Qué incrédula eres. Lo que te digo es cierto. Estaba empeñada en verle… en verle el asunto —declaró avergonzada.

Ming quedó pasmada al oír a su ama decir semejante cosa. No podía reaccionar por la impresión.

—Milady…

—No me juzgues. El alcohol hizo que lo viera más atractivo al príncipe. Es muy guapo y encantador cuando quiere.

—¡Vino a domar a esa bestia y no a caer en sus garras, milady! ¡Reaccione!

—Lo sé, pero no volverá a ocurrir. No pienso caer en sus artimañas. De esta experiencia aprendí a no subestimar al enemigo que parece débil, puede esconder muchas habilidades que no necesariamente me maten, pero me tendrán ocupada intentando desentrañar su forma real de operar.

—Si todo lo que usted dice es cierto, la astucia del conde es admirable. Esto no parece tan fácil como habíamos pensado en un principio que sería.

—Salimos de Londres y llegamos aquí con la mentalidad equivocada, solo estamos teniendo una lección necesaria que después dará sus frutos. Si nosotras aprendemos, él también aprenderá.

—¿Desayunará con milord o prefiere quedarse aquí, coger valor y evitar verle la cara hasta el día de la boda?’

—El desayuno aquí y pide que preparen una sopa fuerte para levantar a los muertos, al igual que alguna medicina para el dolor de cabeza.

—Eso lo puedo solucionar con acupuntura, milady. Usted sabe que soy excelente para curar por ese método.

—Es cierto, pero la sopa sí es necesaria.

Ming fue a la cocina para ordenar que se hiciera lo que ordenó su ama.

El conde aún no había despertado, pero Andrew estaba en la entrada conversando con personas.

Al acercarse, notó que eran los proveedores para la boda.

Había olvidado esos preparativos y que debían invitar a los terratenientes y arrendatarios de la zona.

Fue a su habitación para buscar su estuche de agujas y poder mejorar la salud de Sybil cuanto antes, necesitaba que estuviese repuesta en el menor tiempo posible por lo referente al evento.

Al llegar a la habitación de la joven, se dispuso a tratarla con presteza.

—Milady, quédese quieta, no querrá perder un ojo antes de que nos convirtamos en esposos. Ah, por cierto, los proveedores están frente a la residencia, supongo que han venido a traer lo que faltó de ayer, también vi a los artesanos de los muebles que ha pedido.

—Hazlo rápido, tengo mucho que hacer. El príncipe no se encargará de esto ni en su próxima vida, además, no confío en que pudiese hacer bien. En lugar de vino, quizá nos sirva agua de charco. Él parece bastante razonable a veces, pero no me atrevo a asegurar que lo sea en todos los aspectos.

—Parecerá un muñeco vudú, milady, pero solucionaremos esto con los puntos de presión correctos.

—¿Extrañas tu hogar?

—Un poco, tal vez sea más por la comida que por las personas.

Llevo muchos años sirviéndole y sé que a esta edad en mi país ya estaría muerta.

Lo mejor que me pudo ocurrir fue convertirme en su protectora.

Desde el primer día me ha tratado como si fuese alguien de su familia, al igual que su padre, madre y hermano.

Me siento cómoda y feliz, la cuidaré siempre, incluso del sinvergüenza que será su esposo.

—Ten respeto por él, ser sinvergüenza no le quita el estatus.

Respetar a las personas es importante y más a la realeza, no queremos perder la cabeza por una pequeñez.

Sé que eres de sangre caliente cuando se trata de ofensas hacia mí; sin embargo, es bueno contenerse, a milord lo controlaré tarde o temprano y tendré lo que deseo.

—¿Y lo que él desea? Por ejemplo: hijos.

—No pienso en eso. Por como habla creo que eso no está entre sus prioridades, quizá ni siquiera desee compartir la cama conmigo. Creo que estoy de suerte con este matrimonio.