El excéntrico lord Riverdale (Los solteros 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Después de que los desmayados se hospedaran en la residencia del general, Olive, la cuñada, fue a hablar con Sybil, que estaba en el salón sentada con una copa de jerez en la mano.

—¿Es cierto lo de tu matrimonio con el conde de Riverdale? Dime que no lo es. Una tribulación sería más fácil de soportar que la reputación que lo precede.

—¿Te sirvo un poco? —preguntó mirando su copa.

—Entonces es cierto. Si es así, necesito la copa…

Sybil sirvió un poco del líquido a su cuñada y siguió sorbiendo el suyo.

—¿Por qué aceptarías semejante cosa, Sybil?

—Por la recompensa. Al príncipe ni lo recuerdo. La princesa me ofreció ser comandante de la guardia real, lo que significa proteger al soberano. Es una tarea importante.

—¿Crees que te dará el puesto que le corresponde a un hombre?

No quisiera pinchar tu burbuja, pero no tenemos serpiente entre las piernas.

Te ha engañado de una manera asquerosa. Si las mujeres ni siquiera podemos heredar, ¿qué te hace pensar que podrías comandar una tropa?

Sé que los sueños no cuestan, pero tú pagarás un precio muy alto por una mentira.

—También he considerado eso que dices. Quizá muchos se nieguen a que me den ese puesto, por eso me ofreció el de princesa, lo que significa que le devolverán su estatus al príncipe. A través de su beneficio, termino beneficiada. Planeo convertirlo en mi títere para mandar detrás de bastidores.

—Eso solo te beneficiaría si él cambia radicalmente su comportamiento.

Eso no pasará. Lleva tiempo exiliado y no hay señales de que pueda regresar sin hacer algo útil.

Me parece absurdo enviarlo lejos a que descanse.

En el ejército estaría mejor, al menos intentando mantenerse con vida.

Debería agradecer por el aire que respira ese niño mimado.

—Lo conoceré y sabré cuáles son sus capacidades máximas.

No tengo buenas expectativas, solo la confianza de alguien que con un látigo puede hacer llorar a una piedra.

Se educará rápido. Lo que le faltó fue disciplina.

Tú no tuviste que pasar por eso con mi hermano; él siempre ha sido un caballero responsable y respetable, comprometido con las causas del país.

Hemos dado innumerables mártires para que esta familia siga en pie y lo seguiremos haciendo por mucho tiempo más. Aquí no hay lugar para la cobardía.

—Es posible que tengas razón y al príncipe solo le faltó que alguien le mostrara el camino. Nació en un ambiente protegido, ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Lo más probable es que ni siquiera esté enterado de la situación política nacional.

—No es heredero, por eso no se ha preocupado.

Solo tiene beneficios por haber nacido en un palacio.

Ese es un privilegio que cualquiera desea.

La mayoría anhela reencarnar para nacer en la realeza.

Pobres, no saben lo que quieren. Muchos dicen que se debe tener cuidado con lo que se desea.

Lo que para unos es privilegio, para otros es un infierno en la tierra, una cárcel sin salvación, una condena eterna.

La vida que nos tocó es la única que podemos vivir a conciencia.

—Su privilegio lo llevó a tomar el camino equivocado y ahora fue degradado y llevado a un condado olvidado.

—El privilegio es para el que sabe gestionarlo, lo que significa que no se abusa de él porque el castigo será brutal.

El príncipe lo aprendió a su costa. Debe llorar cada noche para volver a sus sábanas de seda.

Es entendible, nació en la extrema riqueza y ahora no sé cómo estará gestionando una propiedad. Dudo de que sepa sumar en dos cifras.

—Casarse con él representa un sacrificio, Sybil.

—Lo sé, pero no puedo negarme a la oportunidad. Prefiero soportar al príncipe antes que dormir cada noche y recordar que pude haber intentado destacar y no lo hice; eso sería digno de eliminarme.

—Sí que estás enfocada en conseguir lo que puede ofrecerte, pero sigo pensando que es demasiado, porque después tendrás que pagar con tu cuerpo cada vez que él quiera.

—Él no podrá tocarme hasta que sea mejor que yo; bueno, eso no se va a poder, pero con que aumente su inteligencia, me conformo. No recuerdo mucho al hombre, pero no era tan poco agraciado.

—¿Bromeas? Él es el sueño de muchas damas en Londres, y no solo porque sea de la realeza, sino porque es muy atractivo. Tú lo ofendes al llamarlo así. Si algo sabe hacer es atraer como la miel a las abejas.

—No me he puesto a pensar en qué pasaría si se convirtiera en buena esposa, ¿sabes por qué?

Porque lo dudo. Tuvo tres años para cambiar, pero ahora no puede hacer nada más que aceptar este matrimonio, le guste o no.

Yo gano algo, pero él pierde mucho si no sabe usar su inteligencia, no pido demasiado, cuñada, solo cooperación.

Eso es capaz de hacer que hasta la montaña más dura se ablande.

—No dudo de que puedas doblegar su espíritu, pero cambiarlo, no lo sé, no estoy segura de que en esta vida se pueda semejante milagro. Bien, regresaré junto a tu hermano. Tú deberías ir a ver a tu otra visita al menos por cortesía.

—Ya hemos pedido que envíen a gente de su casa para que se lo lleven.

Este hombre es un problema que, si no me lo quito de encima pronto, terminará asfixiándome.

Es intenso y sentimental; para mí es intolerable.

No tengo sentimientos y él está demasiado enamorado, tanto que pienso que se ha vuelto más estúpido que la última vez que lo vi.

No sé si es incapaz de digerir que no me guste o no tiene cerebro.

Me preocupa su situación. Debería darse cuenta de que no me agrada…

Bueno, no es que no me agrade, es solo que no siento nada por nadie y dudo que alguna vez pueda hacerlo.

¿Es tan difícil de entender que el afecto debe ser correspondido?

***

En su propiedad alejada del murmullo del mundo, Reginald comía una cesta de bayas silvestres, mientras observaba cómo el tiempo pasaba. Faltaba poco para que la paz de su propiedad se terminara.

—¡Baje de ahí, su alteza! Le dije que no volviera a subir a un árbol. Si se cae, puede morir —masculló Andrew, intentando alcanzar a su amo.

—No me pasan cosas tan buenas. Solo quedan un par de días para ser invadido. Supongo que estoy disfrutando de lo que queda de mí. Pronto ya no seré dueño de mi cuerpo y tampoco de mis acciones. Esa mujer vendrá a querer poner orden. No se lo pondré fácil, pero tampoco será imposible. Soy flexible.

—¿En verdad lo es?

—Por supuesto. ¿Quién no es flexible con una lanza en el cuello o una pistola en la frente?

—Tiene cierta lógica. Ya sabía que usted no es el ser más obediente del mundo, por eso le sería difícil seguir un par de indicaciones por una dama.

—Si ni a mi madre le hice caso por cuenta propia, lady Sybil puede olvidarse de conseguir algo similar conmigo.

—Es sensato, pero nada de lo que dice cambia el hecho de que debe bajarse del árbol o terminará mal.

—Tómalo como si estuviese practicando ciertas habilidades marciales, aunque no sé ninguna de utilidad para salvar mi existencia de una mujer; no ha servido de mucho. Tal vez tenga buena suerte y en esta ocasión no caiga de pie como un gato y la muerte me abrace tan fuerte que no quiera dejarme ir.

—Solo usted puede tomar esto como una broma insensata. Me quedaré aquí para ayudarlo a bajar.

—Como gustes, te daré un par de bayas para que no sufras por el hambre. Ah, y por este árbol está prohibido orinar. Los arbustos habilitados están en el pequeño bosquecillo de la derecha.

Andrew negó con la cabeza. Sabía que tendría que quedarse ahí a ser paciente, por eso había llevado el libro contable, comprobantes, tinta y una pluma. Pasaría el tiempo en compañía de su amo, pero haciendo algo útil, mientras escuchaba al conde susurrar frases, murmullos musicales y silbidos.

—¿No tienes miedo de que manche tus hojas? Desde aquí solo una gota de esto y parecerá una masacre contable —comentó el conde, aburrido.

—El libro es solo para nosotros; una mancha más no significa que entre o salga más dinero.

Lo único que sí pasa es que se necesitan más recursos para mantener la propiedad.

El asunto de los puentes caídos no ha sido resuelto y eso provoca el descontento de sus arrendatarios.

Debería pensar en eso antes de cantar las canciones de cuna de su niñera de la infancia.

—Eso lo uso para pensar mejor. Si no tenemos dinero es porque ellos no han hecho bien su trabajo, no han pagado su arriendo.

¿De dónde crees que sale el dinero para mantener todo?

Con las semillas que hemos comprado para la siembra, deberíamos comenzar a tener dinero después de la cosecha, pero lo conseguiremos solo si presionamos al igual que ellos lo hacen conmigo.

No fui a gritarles que eran inútiles cuando no trajeron un chelín para pagar lo que correspondía.

Es un periodo de gracia que estoy perdonando con lo poco que ha entrado.

No pido dinero a mi madre porque me lo negará.

No entiende cómo funcionan las cosas en este lado del país.

Ella creía que haría esto que hago y no la decepcioné.

Te aseguro que nunca pensó que yo podría ser un genio para calcular por hectáreas.

De hecho, tú tampoco crees en mí. Te he dejado hacer y deshacer solo porque me desgasta discutir.

—¿No es un inepto después de todo?

—No, pero ideas sin dinero no vuelan. ¿Crees que estoy equivocado?

Sé que necesito un préstamo, pero nadie me lo dará a título personal, porque estas propiedades no pueden ser garantía por estar ligadas a un título y, aún peor, pertenecen a la familia real.

Créeme, estoy atado de pies y manos, por eso prefería ya no pensar en ese asunto.

Que los puentes los resuelvan mis deudores.

—Estoy de acuerdo.

—Si vuelven quejándose de mí, saldré a quejarme de ellos. No se librarán de sus pecados. No solo ellos tienen boca, yo también, y mi lengua se afila de acuerdo con la cara del enemigo.

—Sí que está despertando un poco de su ingenio, su alteza. Su madre y su padre estarían orgullosos al oírlo hablar así.

—No, lo estarían. Solo quieren presumir de que tienen un hijo capaz.

¿Qué clase de personas no visitan a su más querido vástago para no decir que soy el único que tienen?

Además, soy el heredero del duque y ni él ha venido.

Es peor que mi madre; ella viene de una familia de hienas, pero este otro no tiene salvación.

—Ellos quieren que usted crea que son duros, su alteza. Lo quieren, estoy seguro de eso.

—Yo los conozco mejor que nadie y sé hasta el lugar en que les duele el zapato. Nací de dos víboras, no esperes que sea un pájaro.

El sirviente ya no se atrevía a intervenir, porque aquel guardaba cierto rencor hacia sus progenitores; sin embargo, Andrew entendía la postura de aquellos al mandarlo tan lejos para que se defendiera y comenzara a ver el valor de todo lo que había tenido y dejado ir por sus acciones pasadas.

Comprendía también que las acciones del príncipe eran consecuencia directa de la crianza que estos le habían brindado a lo largo de los años, solo con derechos y pocas obligaciones.

Curtirlo con un solo golpe no iba a funcionar, al menos no en el corto plazo, porque Reginald aprendió a ser libre de verdad y disfrutar de las carencias.

Era evidente que no era un joven ambicioso y frívolo, sino que era alguien que había extraviado su camino por falta de una guía adecuada.

Se dieron cuenta un poco tarde de que debieron haberlo corregido cuando era pequeño y no cuando se convirtió en adulto con las ramas torcidas.