Chapter 33
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La sala permaneció en silencio después que Irene dejara lentamente la ficha de Julián Ferrer sobre la mesa.
La lluvia había cesado por completo y, al otro lado de los ventanales de la Brigada, una luz gris comenzaba a extenderse sobre Madrid. Era una de esas mañanas en las que la ciudad parecía despertar despacio, ajena a las vidas que acababan de cambiar durante la noche.
Irene permanecía de pie frente al panel de investigación.
Su mirada recorría lentamente las fotografías.
Laura.
Alicia.
Marta.
Clara.
Y, finalmente, la suya.
Ahora comprendía algo que hasta ese momento solo había intuido.
El caso nunca había girado alrededor de los asesinatos, estos tan solo eran la consecuencia.
El verdadero centro de todo había sido siempre una pregunta.
¿Por qué unas personas y no otras?
Durante semanas habían buscado la respuesta en las víctimas.
Ahora comprendía que debían buscarla en Julián Ferrer.
—Hay algo que todavía no encaja.
La voz de Hugo rompió el silencio.
Irene volvió lentamente la cabeza hacia él.
—¿Qué?
El subinspector señaló la fotografía de la librería.
—Si Samuel descubrió tan pronto que Ferrer confundía comprender con controlar... ¿por qué no lo echó?
Nadie respondió inmediatamente.
Lucía abrió una de las cartas personales de Samuel y comenzó a pasar varias páginas con calma.
Después levantó la vista.
—Creo que sí lo intentó.
Todos la miraron.
La analista les mostró un breve fragmento subrayado en uno de los márgenes.
"No puedo expulsarlo por pensar distinto. Solo puedo esperar que el tiempo le enseñe aquello que todavía no ha comprendido."
Irene dejó escapar lentamente el aire.
Aquella frase describía perfectamente a Samuel.
Había confiado y creído que el diálogo terminaría corrigiendo aquello que empezaba a desviarse.
Nunca imaginó que, mientras él esperaba, Julián ya estaba aprendiendo otra lección completamente distinta.
La del poder.
La inspectora volvió otra vez hacia el panel.
Algo seguía incomodándola.
No era una duda concreta.
Era la sensación de que aún faltaba una pieza, una sola.
La más importante de todas.
¿Por qué ella?
¿Por qué después de tantos años observándola había decidido convertirla precisamente a ella en el centro de aquella historia?
No era suficiente decir que la admiraba.
Tampoco bastaba con pensar que era policía, había cientos de policías.
Había decenas de personas que habían pasado por El Umbral , sin embargo, solo Irene aparecía escrita años atrás en aquel libro.
Solo Irene había sido seguida durante tanto tiempo. Solo Irene recibía mensajes dirigidos exclusivamente a ella.
Aquello tenía que responder a una decisión mucho más antigua.
Se acercó lentamente otra vez a la carpeta marcada con su nombre.
La abrió.
Pasó varias hojas.
Observaciones.
Fechas.
Cambios de destino.
Ascensos.
Casos importantes.
Y entonces encontró una nota distinta.
No estaba escrita con la caligrafía habitual.
Parecía añadida mucho después.
Apenas ocupaba tres líneas.
"Hoy ha vuelto a hacerlo."
Nada más.
Sin fecha.
Sin explicación.
Irene frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué significa esto?
Iván tomó la carpeta y comenzó a revisar las páginas anteriores.
Después las posteriores.
No encontró ninguna referencia.
Hasta que, al llegar al reverso de una hoja, descubrió una anotación escrita con letra mucho más pequeña.
Leyó despacio.
— "Ha vuelto a detenerse junto a una víctima cuando todos los demás ya se habían marchado."
El silencio cayó inmediatamente sobre la sala.
Irene sintió un escalofrío lento.
Aquella escena acudió a su memoria casi sin esfuerzo.
El caso antiguo de una mujer asesinada, cuando todos habían abandonado ya el lugar ella permaneció unos minutos más, no investigando, simplemente incapaz de marcharse dejando a aquella mujer completamente sola.
Recordaba incluso haber colocado sobre el cuerpo la manta térmica que un sanitario había dejado a un lado, no porque sirviera de nada, solo porque le pareció insoportable que permaneciera allí completamente expuesta mientras esperaban la autorización judicial.
Nunca habló de aquello con nadie.
Ni siquiera Hugo lo sabía.
Levantó lentamente la cabeza.
—Eso no aparece en ningún informe.
Lucía negó despacio.
—No.
La analista comprendió la misma idea exactamente al mismo tiempo.
—Solo podía saberlo alguien que estuviera allí.
La habitación quedó completamente inmóvil.
Irene dejó que aquel pensamiento terminara de abrirse paso lentamente dentro de ella.
Julián Ferrer no había comenzado a observarla desde lejos.
Había estado presente y muy cerca desde el principio.
En antiguos escenarios, calles, funerales, lugares donde nadie repara en un hombre silencioso que simplemente permanece observando.
Entonces abrió la última hoja de la carpeta.
No había informes.
Solo una frase.
Una única frase.
"Ella sigue creyendo que permanece junto a los muertos para acompañarlos."
Debajo, con una tinta más reciente.
"Todavía no ha comprendido que hace exactamente lo mismo que Samuel hacía con los vivos."
Irene permaneció inmóvil, no sentía miedo.
Lo que acababa de descubrir era mucho más perturbador, por fin entendía por qué Julián Ferrer la había elegido.
No porque fuera la mejor inspectora ni estuviera más cerca de descubrirlo, tampoco porque hubiera entrado una tarde cualquiera en la librería El Umbral .
La había elegido porque, durante años, la había observado detenerse una y otra vez allí donde los demás continuaban caminando.
Porque veía en ella la misma necesidad de permanecer junto al sufrimiento que había admirado en Samuel Echevarría.
Solo que Julián llevaba décadas intentando demostrar algo que Samuel siempre rechazó.
Que comprender el dolor de los demás otorgaba el derecho a decidir qué hacer con él.
Y desde el primer día había querido convencer a Irene de una única cosa, que ambos eran iguales.
La inspectora cerró lentamente la carpeta.
Después levantó la vista hacia las fotografías distribuidas sobre el panel.
Por primera vez desde el inicio del caso comprendió cuál era realmente la batalla que llevaba semanas librando sin darse cuenta.
No consistía en detener a Julián Ferrer, se trataba de impedir que él consiguiera convencerla de que compartían la misma manera de mirar el mundo.
Y esa batalla todavía no había terminado.