El estafador Uno #3
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Uno #3

—No sé mucho del tema.

—El que tiene en la muñeca es uno de los más sofisticados del mundo. Tiene doce complicaciones... ¿Puedo explicarle lo que significa complicaciones ? Igual ya lo sabe, no se ofenda.

No, Fabio no tenía ni idea.

—Digamos que indicar la hora no es una complicación, sino simplemente la función propia de un reloj.

Obviamente, esto ya no es verdad desde que existen los teléfonos móviles.

Las personas quieren un reloj, ya no para consultar la hora, sino más que nada por costumbre, porque les hace sentirse a gusto o más elegantes. ¿Entiende a lo que me refiero?

Fabio asintió.

—Pues bien, las complicaciones son todas las funciones adicionales. Mire, este modelo tiene calendario perpetuo, aguja retrógrada de la fecha, indicador de año bisiesto, indicador de fases lunares y repetición de minutos.

—No sé de qué me está hablando —bromeó él.

—Pero lo quiere porque lo ha impresionado su belleza. —La chica le dedicó una sonrisa cómplice—. Los clientes como usted son los mejores: empiezan por curiosidad, y luego se convierten en los mayores apasionados y expertos.

Estaba funcionando. Ya estaba funcionando.

— Retrógrada —prosiguió— quiere decir que cuando la aguja correspondiente llega al final del arco, regresa rápidamente a su punto de partida para empezar un nuevo ciclo.

Cuando la aguja llega a los sesenta, retrocede y vuelve a empezar de cero: en la práctica, se mueve en un arco de ciento ochenta grados y no de trescientos sesenta.

Sepa que fueron ellos, la empresa Patek Philippe, los que lo inventaron.

Calendario perpetuo , en cambio, quiere decir que tiene en cuenta la duración distinta de los meses y los años bisiestos: durante los próximos cuatrocientos años, no debería haber problemas.

Imagínese que, para cada una de estas funciones, hay una ruedecita minúscula que tiene que estar presente en su reloj sin interferir con las demás... ¿Lo estoy aburriendo?

—En absoluto.

Miró en el espejo al yo de pocos minutos antes que ahora llevaba en la muñeca cuarenta y ocho mil euros.

—Todo el mundo cree que Patek Philippe es un apellido y un nombre, en orden inverso, quién sabe por qué.

Pero en realidad son dos relojeros, Antoni Patek y Adrien Philippe; un noble polaco que se afincó primero en Francia y después en Ginebra, y un francés, que se asociaron en Suiza a mediados del siglo  XIX .

En 1851, llevaron sus creaciones a la Exposición Universal de Londres y se convirtieron en proveedores oficiales de la reina Victoria y del príncipe Alberto...

—La empleada se interrumpió—. Estoy hablando demasiado, disculpe...

El reloj le queda muy bien. Pero no tenga prisa por decidirse.

Hay también otras correas, si quiere probárselas, de colores distintos.

Era buena en lo suyo, pero Fabio tenía ganas de marear un poco la perdiz.

—He cambiado de idea.

La empleada luchó consigo misma para no perder la cordialidad.

—No me veo con algo tan lujoso —dijo Fabio mientras tanto—. Pero le aseguro que no le he hecho perder el tiempo. Quiero regalarle a mi pareja un anillo de compromiso. ¿Se elige primero el diamante o el engaste? ¿O un anillo ya montado?

Se percató de que un hombre vestido de gris, probablemente el dueño, lo estaba vigilando: a él y, sobre todo, a la empleada. Otro cliente se volvió hacia ellos.

—Sígame —dijo la empleada, dejando traslucir una leve tensión.

Fabio la siguió y escuchó otra breve lección de historia de las joyas, desde la Edad Media hasta nuestros días.

Les daban formación, y tanto que se la daban.

A nadie con dos dedos de frente se le habría ocurrido hacer el payaso allí.

Podías probarte algo y cambiar de idea, pedir que te lo enseñaran y marcharte.

Pero se darían cuenta si entrabas con la intención de divertirte sin comprar y encontrarían la manera de hacerte sentir un miserable.

—¿Quiere decirme algo sobre la señora a quien va destinado? No me malinterprete, es solo que, a veces, algún dato extra nos ayuda a aconsejar mejor...

—Trabaja en una galería de arte, le gustan las cosas modernas.

—¿Escucha música?

—Nada que tenga más de cinco o seis años. Se cansa enseguida...

—¿Tal vez esta serie de diamantes de inspiración botánica? Este, por ejemplo, recuerda las características de una rosa. Este, de una azucena...

Fabio no entendía nada, pero era bonito estar allí. Hizo trabajar a la empleada hasta que se consideró satisfecho.

—Me gusta este.

Eligió un diamante varias veces más caro de lo que nunca habría imaginado.

Luego le tocó el turno al engaste.

Salió de la joyería una hora después con una sensación que nunca había experimentado. Al cabo de una semana, el anillo sería suyo. Pero no se trataba de eso: era sentir que había superado la barrera. Más todavía: la había hecho literalmente añicos.

—Le juro que era como jugar a la ruleta. Pero cuando sabes que puedes jugar indefinidamente, un número detrás de otro, y que saldrá siempre el tuyo.