El Espíritu de la Muerte (Detective Sargento Tomek Bowen 11) Capítulo 47
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Capítulo 47

E l silencio pareció durar una eternidad mientras el equipo al completo asimilaba el vídeo. Había tanto que procesar. Tanto que asimilar en tan poco tiempo. Primero la explosión, luego las noticias sobre Victoria y ahora esto.

Un solo hombre era el responsable.

—¿Qué hacemos con esta información? —preguntó Chey, paseando la mirada por la sala. Al no recibir respuesta, miró a su alrededor como un cachorro angustiado antes de bajar los ojos a la mesa.

—Nada —afirmó Tomek finalmente.

—¿Y eso por qué, sargento? —preguntó Martin, confuso.

Tomek se volvió hacia el agente. —No cambia nada, al menos en lo que respecta a Jason Wong.

—Pero ¿podría estar colaborando con alguien más?

—preguntó Martin, tamborileando con el dedo sobre el escritorio—.

Hemos visto lo jodidamente loco que está este tío.

Y sabemos que es popular en la comunidad, así que a lo mejor están empezando a coger ideas, si no lo han hecho ya.

¿Y si se alzan todos en armas como él dice?

Tomek hizo una pausa, escogiendo las palabras con cuidado para calmar los ánimos.

—Sinceramente —dijo—, no creo que eso vaya a ser un problema.

Cierto, ha detonado una bomba y ha matado a tres personas, incluido a él mismo.

¿Pero cuánto tiempo le ha llevado? —Se giró hacia Rachel—.

¿Cuánto tiempo dijo el vecino de Peabody que había estado entrando y saliendo de la autocaravana mientras la tenía en la entrada de su casa?

Ella frunció los labios, haciendo memoria. —Meses, años.

—Exacto. Y no hemos visto nada que sugiera que se lo haya comunicado a nadie por internet; de lo contrario, lo habríamos visto y lo habríamos encontrado.

—Podría haberlo enviado en una carta, igual que hizo con Jason Wong.

Tomek lo sopesó un momento. —Es una posibilidad.

Y si ese es el caso, entonces no tenemos ni idea de con quién se comunicó, ni cuándo, ni qué se dijo.

Del mismo modo que no sabíamos que le había estado escribiendo cartas a Jason.

Pero incluso si es así y se lo ha contado a gente, ese es un trabajo que escapa por completo a nuestras competencias, a nuestro sueldo y a nuestro alcance.

Por eso vamos a entregarle todo al Mando Contraterrorista, al MI5, a la NCA y al GCHQ —a todos esos cabrones—, porque ellos son los que tienen los recursos, la tecnología y la capacidad para encontrar a los insurgentes, si es que los hay.

Aquello pareció calmar la preocupación inmediata de Martin, pero la flor de la duda, que florecía con rapidez, seguía grabada en su rostro. Tiró de su coleta, apretándosela contra la cabeza, como si se estuviera preparando para algo.

—¿Qué hacemos con las cartas? —preguntó Rachel.

—¿Qué cartas?

—Las que se intercambiaron Jason y Perry.

Tomek abrió y cerró la boca varias veces, formulando una respuesta. —No creo que Perry matara a Jason, así que no nos ayudan en nuestra investigación de asesinato.

—No. Pero podrían explicar quién más podría estar fabricando bombas en este país o en el extranjero.

Piénsalo: tal vez Perry y Jason se habían comunicado para intentar llamar la atención de las masas.

Jason eligió buscarla por segunda vez en una retransmisión en directo, mientras que Perry decidió cortar las comunicaciones de los medios haciendo estallar The Echo .

Y en esas cartas, Perry podría haber dado información sobre el ejército de gente a sus órdenes.

Podría haber nombres en esas cartas que podemos compartir con el MI5 y el CTC.

Tengo algunos contactos en la Met que podrían echarnos una mano y acelerar parte del proceso.

Tomek se rascó la nuca, sumido en sus pensamientos. Ella tenía razón. Pero nada de aquello lo acercaba a lo que de verdad quería: al asesino de Jason Wong. Unos instantes después, alzó la vista hacia el equipo.

—Está bien —dijo—. Venga, vamos. A ver si encontramos esas cartas.