El Espíritu de la Muerte (Detective Sargento Tomek Bowen 11) Capítulo 13
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Capítulo 13

MIÉRCOLES

A la mañana siguiente, una cosa estaba clara: no volverían a pedir la ternera «tigre que llora».

No si iba a causarle tantos estragos en el estómago como aquella mañana.

Era la segunda vez que iba al baño en menos de dos horas, y sentía que se le avecinaba otra, como el impacto ineludible de un misil.

Una sensación de opresión y retortijones le atenazó el estómago, que seguía dando volteretas mientras cruzaba la oficina y se dirigía a la cocina.

Ignoró a Chey, que se estaba preparando un café en silencio, y fue directo al botiquín de la esquina.

Lo alcanzó, sacó la bandeja de pastillas, tiritas, analgésicos —en su mayoría para las migrañas— y comprimidos de cafeína de uso común, y se puso a rebuscar.

Su contenido se había ido acumulando a lo largo de los años; cada miembro del equipo aportaba remedios para sus respectivas dolencias antes de que pasaran de ser de uso personal a común.

—Buenos días, sargento —dijo Chey desde el otro lado de la cocina—. ¿O ya debería llamarte inspector?

—Con jefe me vale —replicó Tomek, sonriendo—. O rey. Cualquiera de los dos, no me importa.

Chey bufó mientras el agua terminaba de hervir.

—¿Le apetece un café al rey esta mañana?

Tomek dejó de revolver en la caja. —Prefiero que me llamen el rey a «rey» a secas, desde luego.

Pero no, si me meto más laxantes en el cuerpo —o cualquier cosa que pueda causar «efectos laxantes»—, creo que tendremos que llamar a los fontaneros y a los pintores.

Y hablando de eso, ¿sabes si tenemos Imodium por ahí?

Chey se giró hacia él, vertiendo el líquido hirviendo en su taza, y miró a Tomek sin comprender.

—¿Qué?

—Venga ya, tienes que saber lo que es el Imodium.

Chey abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera hacerlo, el agua rebosó la taza y se derramó sobre la encimera.

El líquido marrón se extendió rápidamente por la superficie y goteó hasta el suelo.

Su consistencia y color no eran muy distintos de lo que él había visto en el baño momentos antes.

Tomek observó cómo Chey cogía el rollo de papel de cocina, se agachaba y limpiaba la superficie, empapando el líquido y formando un montón de papel marrón y pringoso. Cuando terminó, recogió la masa de papel y se encaró con Tomek.

—¿No te ha apetecido ayudar ni un poquito? —preguntó Chey, con un tono cargado de acusación.

—El rey no se ocupa de los asuntos de sus vasallos —dijo Tomek, con intención de bromear. Pero enseguida se dio cuenta de cómo había sonado y lo enmendó sujetando la papelera abierta para que Chey tirara el montón de servilletas.

—Gracias —dijo el agente, aunque por su tono quedó claro que no agradecía el débil intento de apoyo.

Justo cuando Tomek iba a decir algo, Martin apareció en la puerta.

—Sargento, hay algo que creo que podría interesarte.

—Ya me lo imagino, agente. Adelante.

Martin tragó saliva con fuerza y su nuez subió y bajó por su garganta. —¿Has oído hablar alguna vez de los Paranormalistas de Essex?

Tomek negó con la cabeza. —¿Es una de esas nuevas bandas de chicos que podría conocer mi hija?

—No exactamente, sargento —Martin dio un paso hacia la cocina—. Son un grupo de cazafantasmas con sede en Bicknacre. Tienen muchos seguidores en las redes sociales y organizan rutas de cazafantasmas por el condado.

—Suena a una idea genial para una cita, pero no estoy seguro de que yo pudiera soportarlo.

Martin ignoró el comentario y continuó: —Vi que anoche publicaron algo en las redes sociales sobre lo que le pasó a Jason.

El humor de Tomek desapareció al instante. —¿Y cómo saben ellos eso?

Martin se encogió de hombros. —O hablaron con Terry Nolan o conocen a Jason por la comunidad de cazafantasmas.

—¿Qué decía la publicación?

Martin sacó el móvil, buscó la publicación y leyó: «Ha llegado a nuestro conocimiento que el prolífico cazafantasmas, firme creyente en lo sobrenatural y amigo de los Paranormalistas de Essex, Jason Wong, fue descubierto en Cash’s Well después de que una retransmisión en directo diera un giro trágico el lunes por la noche.

Por lo que sabemos, Jason fue víctima de un incidente sospechoso.

Aunque no conocemos todos los detalles, es importante no descartar la posibilidad de que un elemento sobrenatural fuera el responsable.

Como sabrán muchos de sus seguidores, Jason creía firmemente en Lucerta, y a menudo se le había visto cerca del pozo en las últimas semanas intentando vislumbrarla.

Aconsejamos encarecidamente a nuestros seguidores, y a los suyos, que se mantengan alejados del pozo durante este tiempo, mientras la policía lleva a cabo sus investigaciones.

Nos hemos puesto en contacto con la policía para recabar más información y, en cuanto la tengamos, por supuesto, la compartiremos con vosotros».

Tomek abrió la boca, incrédulo. Sacó su móvil, lo desbloqueó y comprobó rápidamente su bandeja de entrada. —Pues a mí no me ha escrito ni dios. ¿Habéis visto algo?

Martin negó con la cabeza.

—¿Tú?

Chey hizo lo mismo.

—Entonces se lo están inventando —continuó Tomek—. ¿Quiénes se creen que son para obtener información de nosotros como si necesitáramos que fueran el conducto entre nosotros y sus fans? De todas formas, ¿cómo han conseguido toda esa información?

—A lo mejor se lo han preguntado a los espíritus —apuntó Chey.

—Que les jodan a los espíritus —Tomek se giró hacia Martin—. ¿Dónde has dicho que tienen la sede?

—En Bicknacre.

—De acuerdo. Gracias. Envíame la dirección, iré a hacerles una visita.

—Sí, sargento —Martin inclinó la cabeza y se dispuso a marcharse, pero Tomek lo llamó—. Por cierto, Martin, antes de que te vayas: no tendrás Imodium por casualidad, ¿no?

—¿Imodium, señor?

Tomek desestimó el comentario con un gesto de la mano. —Olvídalo, ya compraré de camino. Si no, capaz soy de acabar uniéndome a su club solo para poder usar su baño.