Capítulo 10
E mpecemos por lo básico, ¿le parece? —preguntó Tomek, intentando mantener un tono neutro, pero con un ligero deje de aspereza—. ¿Cómo se llama?
—Terry Nolan —fue la nerviosa respuesta. El hombre que tenía enfrente rondaba la cuarentena, tenía el pelo ralo y canoso y las mejillas regordetas. Su piel era del color de la tiza y daba la impresión de que solo se aventuraba a la luz del sol en los meses de invierno.
Habían traído a Terry poco después de su arresto. Con el resto del equipo centrado en otras prioridades, Tomek se había ofrecido para interrogarlo. Al fin y al cabo, era el inspector jefe de la investigación. Algo que iba a exprimir en cada oportunidad.
—Gracias, Terry —respondió Tomek—. ¿Le importaría decirme qué hacía en Cash’s Well, el escenario de un crimen?
—Yo… yo no sabía que era el escenario de un crimen —replicó con voz temblorosa.
—¿La carpa de forenses no era una pista bastante clara?
Terry jugueteó con los dedos, pellizcándose un pellejo de una uña. —A ver…, solo estaba mirando. No tenía intención de entrar.
—¿Que no tenía intención de que lo pillaran?
—No, no. Solo que… buscaba a mi amigo —dijo Terry lentamente, bajando la mirada hacia la mesa, incapaz de mantener el contacto visual con Tomek.
«¿Otro que busca a un hombre lagarto?», pensó Tomek.
—¿Quién es su amigo?
—Jason. Jason Wong.
Tomek hizo una pausa. —¿De qué conoce a Jason?
La mirada de Terry se desvió hacia su regazo. Se mordisqueó el labio inferior durante unos instantes antes de volver a levantar la vista. —¿No estoy metido en ningún lío, verdad?
—Eso depende de lo que usted…
—No quiero meterme en ningún lío. Solo fui a ver si estaba bien. —De repente, Terry se volvió incoherente; su boca se abría y cerraba rápidamente, como un pez boqueando fuera del agua. El pecho le subía y bajaba a toda prisa—. ¿Me puede dar un poco de agua?
Tomek no dijo nada. Se levantó, salió de la sala, llenó un vaso de agua en la cocina y regresó momentos después. Al entregárselo a Terry, notó el roce de sus manos sudorosas. Tomek se limpió la palma y el dorso de la mano en el pantalón y volvió a su asiento.
—Tómese su tiempo —dijo con amabilidad, aunque empezaba a agotársele la paciencia—. ¿De qué conoce a Jason?
Terry cogió el vaso con manos temblorosas y se lo llevó a los labios antes de decidirse a verter el contenido en su boca.
—Lo sigo en internet —explicó Terry, dejando el vaso sobre la mesa.
El agua se agitó dentro como si hubiera un terremoto—.
Nosotros… nos movemos por los mismos círculos en la red.
Hemos hablado un par de veces, pero nunca lo he visto en persona.
—¿Qué hacía en el pozo esta mañana?
—Me enteré de su directo —explicó Terry—.
No pude verlo en el momento porque estaba durmiendo, pero, cuando vi en sus otras publicaciones todos los comentarios de gente preguntando qué había pasado y si estaba bien, me preocupé y decidí ir a echar un vistazo.
Soy de la zona —vivo en Wickford—, así que pensé en ir a ver a qué venía tanto alboroto.
Nadie sabía nada de él en los foros, y creo que soy el único de por aquí que podría haberlo ayudado, pero entonces… entonces me encontraron ustedes.
Tomek se tomó un momento para asimilar la información, pasándola por su detector interno de patrañas.
—¿Cuál es su dirección? —preguntó.
Terry se la dio.
—¿Vive solo?
—Sí.
—¿Y dice que estaba en casa cuando esto ocurrió?
—Eso es.
—¿Alguien que pueda corroborarlo?
Terry cogió el vaso de agua y empezó a mordisquear los bordes del plástico. —No… Es que… No.
Tomek tomó nota.
—¿Está…? ¿Está…? —preguntó Terry, incapaz de terminar la frase.
Tomek le explicó entonces que Jason había fallecido y que su muerte se estaba tratando como un asesinato. En cierto modo, esperaba que Terry se derrumbara y rompiera a llorar. En lugar de eso, tras oír la noticia, soltó un lamento y, de repente, se puso a la defensiva.
—No he tenido nada que ver —declaró—. De verdad. ¡Solo intentaba ver si estaba bien!
—¿No sería que volvía a la escena del crimen para borrar sus huellas?
Terry se pasó la mano por el pelo; la frente le brillaba de sudor bajo la luz. —¡En absoluto! Ya se lo he dicho, solo he hablado con él por internet. Nada más.
—¿De qué hablaban? —preguntó Tomek—. ¿En qué foros participaban los dos?
Distraído por un momento por el repentino cambio de tema, Terry hizo una pausa para pensar. Luego, su mirada volvió a posarse en su regazo. —Nosotros… Puede que le suene estúpido y no espero que se crea nada de esto, pero hablamos de fantasmas… y de cosas.
—¿Gente lagarto?
Los ojos de Terry se abrieron de par en par por la sorpresa, como si oyera esas palabras por primera vez. —¿Cómo…?
—Sabemos que eso era lo que le interesaba a Jason. ¿Puede contarme algo más al respecto?
Un destello de luz cruzó el rostro de Terry, reemplazando el miedo de su expresión por regocijo.
Tomek intuyó que estaba a punto de recibir un discurso apasionado y un aluvión de información sobre un tema del que no sabía nada.
—Formamos parte de una comunidad marginada y muy unida que cree que hay personas que dirigen el mundo.
Personas que, en secreto, son lagartos disfrazados.
Tienen nuestro aspecto, visten como nosotros y se comportan como nosotros, pero son esencialmente inmortales.
Llevan aquí quinientos mil años. —Aunque Tomek no había dicho nada, Terry levantó una mano, un acto reflejo por tener que anticiparse a las reacciones cada vez que explicaba su teoría—.
Sé que suena ridículo, pero las pruebas existen y son demasiado extensas como para entrar en detalles ahora.
Pero Jason era otro creyente. Y, lo que es más, él la vio.
—¿A quién?
—A Lucerta.
Tomek lo miró con el rostro inexpresivo, confundido.
—Es una de la gente lagarto —explicó Terry—. La vieron por primera vez en Estados Unidos en los años setenta.
Claro que sí. ¿Por qué siempre es en Estados Unidos?
—¿Y resulta que, por casualidad, estaba en un parque cualquiera de un pequeño pueblo de Essex?
—Oiga, no tiene por qué burlarse —espetó Terry, cambiando de tono—. Usted puede creer lo que quiera, ¿por qué yo no?
Tomek se sintió obligado a disculparse. —¿Cuándo la vio? —preguntó después de hacerlo.
—A principios de este año. Ha estado volviendo al pozo, intentando encontrarla desde entonces. Por eso hace directos.
—¿Pero no ha vuelto a verla? A lo mejor se hartó de las vistas y se fue a un sitio más bonito… Escocia, quizá, las Highlands, o igual anda ahora de paseo por los Alpes.
Terry se cruzó de brazos y resopló. —¿Ha terminado? Hay miles de nosotros por todo el mundo que creemos en esto. No podemos estar todos equivocados, ¿o sí? Usted no lo ve porque le han mentido. Le han manipulado los principales medios de comunicación. Sencillamente, no lo entiende .
Una pequeña sonrisa, que Tomek se esforzó por reprimir, asomó a sus labios. —Tiene razón, no lo entiendo. Por desgracia, el Gobierno me paga el sueldo, así que tengo que creer lo que me dicen. En fin… ¿ usted ha visto alguna vez a Lucerta?
Terry, con el ceño ya fruncido, negó con la cabeza.
—Así que es algo bastante raro —dijo Tomek, intentando apaciguar al hombre poniéndose a su nivel—. Supongo que la gente le tendrá envidia.
Terry se encogió de hombros. —¿Sabe quién está detrás de esto, verdad?
Esto promete.
—¿Quién?
—El Gobierno —dijo Terry—. El Gobierno de Estados Unidos.
La CIA. Puede que incluso el MI5 o alguna operación gubernamental clandestina de la que ni siquiera sabemos nada.
Han visto que Jason ha estado hablando de Lucerta, intentando conseguir pruebas de su existencia, y lo han silenciado. Lo han matado por lo que vio.
Y ahí estaba.
Tomek inspiró hondo, recogió sus cosas y se levantó. —Creo que eso es todo por ahora —explicó—. Si pudiera darme sus datos de contacto, junto con sus huellas dactilares y las de sus zapatos, nos pondremos en con—
—No pienso darle mis huellas —exclamó Terry, alzando la voz—. No quiero que estén en ninguna de sus bases de datos. Colocarán pruebas y harán que parezca que hice algo. No… ¡No lo consentiré!
Tomek dejó escapar un profundo suspiro. —Es eso, o podemos detenerlo por obstrucción a la investigación y falsedad en la declaración. Usted elige. A mí me pagan igual por tener el cerebro lavado.