Parte III. La Odisea de los hijos de Aribas.
E staban llenos de sentimientos encontrados, aun así, primaban la valentía y la determinación en los corazones de los hermanos Arim y Hiram, a pesar de la adversidad que les rodeaba.
Recién acabando de concluir sus estudios en la academia naval de la isla de Tiro, se encontraban en duelo por la muerte de su padre Aribas, el más grande constructor de barcos que Tiro y Sidom habían conocido en toda su historia.
Con la herencia de su padre, decidieron financiar y liderar una gran expedición hacia las misteriosas tierras más allá de las columnas de Merkalt, que años atrás habían visto en aquel mapa esculpido sobre la roca de la gruta marina junto a su amiga Elisa, tiempos que aun recordaban con nostalgia.
Especialmente Arim no había podido superar la noticia del matrimonio de la princesa con Siqueo, del cual se había enterado, a pesar del claustro de la academia, por la última carta que había recibido del palomo mensajero de la princesa, por medio del cual se comunicaban, pero que caería ese mismo día, victima de una flecha, lanzada mientras volaba, por uno de los espías de Pigmalión.
Esa noticia, combinada con la muerte de su padre, creó un fuego interior en Arim, una determinación férrea de encontrar un propósito más allá del horizonte conocido…