Parte I III. La Ciudad Nueva de Qart-Hadašh
C on las bodegas de sus barcos llenas de tesoros y productos exóticos, Arim y Hiram emprendieron el viaje de regreso a Tiro, cargados de conocimientos sobre técnicas agrícolas innovadoras y exquisitas artesanías olmecas en oro y bronce que maravillarían a todos los fenicios.
Sin embargo, al llegar a Tiro, se enteraron de una gran noticia: Elisa, la princesa de Tiro, ahora viuda, había escapado de la ciudad, huyendo de la opresión de su hermano, el Rey Pigmalión, y se ha establecido en una fortaleza en el norte de África, con la protección de los libios.
Lleno de esperanza y determinación ante la noticia, Arim decidió seguir el rastro de Elisa. Tras varios días de navegación, finalmente avistaron las murallas de la fortaleza de Birsa, que se erguía majestuosamente frente al mar.
Capítulo I III ¬. La Fundación de Cartago
Como les venía diciendo, la astuta Elisa, cortó la piel en finas tiras y delimitó un vasto territorio en las tierras del Rey Jarbas y en aquel lugar, fundó una fortaleza llamada Birsa, que con el tiempo crecería:
Finalmente, Arim fue recibido en Birsa por Elisa con lágrimas de alegría y emoción en sus ojos. Se abrazaron con fuerza, sabiendo que habían superado obstáculos y distancias inimaginables para reunirse nuevamente y ahora nada ni nadie podría separarlos.
Arim compartió con la princesa, los tesoros y conocimientos de las tierras olmecas, y juntos, planearon construir Qart-Hadašh, que en fenicio significa ciudad nueva, o Cartago en nuestra lengua.
Dido, como le llamaban los nativos de la región a la princesa Elisa y como se la conocería de aquí en adelante, fue entonces proclamada reina de esta nueva ciudad ubicada en la actual Túnez.
Gracias al comercio con remotas regiones a lo largo y ancho de los mares, desde la India hasta África y Yucatán, Cartago se convirtió en faro de progreso y sabiduría, al igual que la ciudad más poderosa y próspera del mediterráneo y quizás del mundo occidental.
Con el tiempo, la historia de Elisa y Arim pasó a ser una leyenda, transmitida de generación en generación, como un testimonio del poder de la perseverancia y la voluntad ante la adversidad.
Capítulo II III ¬. El Escudo de Cartago
Rodríguez: Estuvo muy interesante la historia profesor, pero aún no me queda claro ¿en qué momento se enlaza con la reliquia que estamos buscando, el Escudo de Cartago?
¿Recuerdas el reloj que obsequió el Chamán de las montañas a Sennefer, Arim y Hiram? Respondió el profesor con otra pregunta, para luego agregar, antes de que el joven respondiera: pues los fenicios creyeron que se trataba de un escudo…
Los sacerdotes fenicios, ahora llamados cartaginenses, asombrados por el arte y la aleación única del escudo, reconocieron su valor y misterio, por lo que decidieron mantener en secreto el conocimiento sobre la procedencia del escudo.
La Reina Elisa (Dido) vislumbraba que Cartago sería un importante lugar de intercambio cultural y comercio, por lo que afirmó con contundencia: ¡el escudo entregado a nuestros héroes, por los hijos de Tanit, será el símbolo de protección y guía de la ciudad nueva!
Con el paso del tiempo, el escudo se convirtió en mucho más que un simple emblema de Cartago, su sola presencia ejercía un poderoso magnetismo sobre los habitantes de la ciudad, especialmente sobre las sacerdotisas del templo de Tanit.
Aquellas mujeres sagradas, conocidas por su sabiduría y conexión con lo divino, atribuían misteriosos poderes mágicos al magnífico emblema de la ciudad.
Las sacerdotisas creían fervientemente que el escudo había sido imbuido con energía proveniente de las tierras, de los hijos de Tanit, otorgándole un poder casi divino.
En las ceremonias religiosas, el escudo era adorado y reverenciado, y su imagen se tallaba en los altares junto a las estatuas de los Dioses.
La leyenda de que Cartago era indestructible gracias al escudo se propagó rápidamente por toda el mediterráneo. Los ciudadanos se sentían fortalecidos por la creencia en esta protección sagrada y se enorgullecían de la historia de los valientes navegantes que lo habían traído desde lejanas tierras.
Cartago se trasformó en la mayor potencia comercial y marítima del Mediterráneo.
Su riqueza y poder atrajeron tanto admiración como envidia de otras ciudades y reinos cercanos, sin embargo, la creencia en la indestructibilidad de Cartago y su escudo mágico provocaron que algunos la llegaran a considerar invulnerable.
Los enemigos de Cartago intentaron en varias ocasiones atacar la ciudad, pero la creencia en el poder del escudo y la protección divina de Tanit infundían en los ciudadanos la valentía y determinación para defender su hogar con “uñas y dientes”.
Las sacerdotisas, custodias del escudo, participaban en rituales especiales donde pedían la protección de Tanit y del escudo para la ciudad y sus habitantes. La fe en el escudo mágico era tan fuerte que se creía que su sola presencia dentro de las murallas de Cartago ahuyentaría los enemigos.
Bueno, pero si era supuestamente tan poderoso el escudo, ¿porque fue destruida la ciudad de Cartago por los Romanos en el 146 AC, durante la tercera guerra púnica? Preguntó Rodríguez.
Muy buena pregunta, afirmó el profesor Mendoza, mañana te daré la respuesta, ya que debo partir, pues tengo una cena familiar en una hora, lo único que te voy a anticipar, es que el escudo no se encontraba en la ciudad durante el asedio…
De repente suena el celular del profesor y este responde: Si Elisa, ¡ya salgo para allá!
Continuará…