El Escudo de Cartago (Antes de Colón 1) Parte II. Los Navegantes de Tiro
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Parte II. Los Navegantes de Tiro

E n las costas de la antigua ciudad fenicia de Tiro, Arim y Hiram, dos jóvenes curiosos, trabajaban en el astillero de su padre, donde, desde temprana edad, habían aprendido el arte familiar de la construcción de barcos, soñando siempre con conocer los misteriosos horizontes que se extendían más allá de los mares, atraídos por los increíbles relatos de su abuelo, quien les había contagiado con su amor por las olas y el encanto por el océano, despertando su deseo de explorar y descubrir tierras desconocidas.

Los hermanos Arim y Hiram crecieron conociendo el culto de sus mayores hacia Él, padre de todos los Dioses, inicialmente la principal deidad en la religión fenicia, equivalente a Anu para los Sumerios o Ra para los egipcios, sin embargo, con el tiempo, su devoción hacia su hijo, el Dios Baal, llegaría a superar a la adoración por el primero, en las nuevas generaciones…

Baal empezó a erguirse como la principal deidad para los marineros fenicios, llegando a ser considerado como la principal fuente de inspiración y protección en sus travesías, dada su conexión intrínseca con las fases de la luna, rectoras de mareas y ritmos naturales en el océano.

Los hombres de mar dependían de las estrellas y la luna para navegar durante la noche, por lo que Baal, como patrono del tiempo, pasaría a ser venerado como el guía celestial que marcaba el paso de las estaciones y garantizaba la seguridad en los viajes, protegiendo a los navegantes de los mares tempestuosos.

En otras culturas Baal tomaría diferentes formas y nombres, adaptándose a las creencias y costumbres locales, siendo llamado Cronos por los griegos y Saturno por los romanos.