El Escudo de Cartago (Antes de Colón 1) Parte I. La Leyenda del Tiempo #2
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Parte I. La Leyenda del Tiempo #2

Con el pasar del tiempo, la memoria de Thutmose y su legado como el "hijo de Thot" se mantuvo vivo entre aquellos sabios que encontraron refugio en Tiro, aunque su nombre fue cambiando y transformándose conforme la leyenda se transmitía de una generación a otra, la esencia de dicha sabiduría no se perdió en el exilio, por el contrario, evolucionó gracias a la sinergia que esta tuvo con la cultura de los navegantes fenicios y sus conocimientos astronómicos y geográficos...

Mientras tanto, en Egipto, el breve reinado de Akenatón tuvo consecuencias devastadoras, su adoración exclusiva a Aton provocó el rechazo de las clases sacerdotales y de gran parte de la población.

A la muerte de Akenatón, su sucesor Tutankamón restauró el orden y la adoración tradicional a los antiguos dioses, tratando de borrar cualquier rastro del reinado de su predecesor, incluso destruyendo muchos de los monumentos y registros de su gobierno.

Tutankamón suplicó a los sabios y sacerdotes de Thot, regresar a su tierra, prometiendo construir una capilla en honor a Thot, en reemplazo del templo destruido.

Los sabios y sacerdotes, ahora asentados en las tierras de Canaán, enfrentaron una difícil decisión.

Aunque apreciaban el gesto de Tutankamón y valoraban su deseo de preservar el legado de Thutmose, la mayoría estaba ya profundamente arraigada a su nueva vida en Canaán, especialmente Sennefer quien había formado una familia con la princesa Elissa de Tiro, con varios hijos, fruto de esta unión.

La gente de Tiro les había acogido con generosidad, compartiendo su sed de conocimiento y más que eso, ¡contagiando su amor por el mar y sus misterios!

El mar, en particular, había ejercido un encanto irresistible sobre los exiliados, llevándolos a aprender de los fenicios, el arte de la navegación.

Canaán les brindaba una libertad intelectual y una tolerancia que Egipto, en aquellos tiempos convulsos, no podía ofrecerles.

Se habían enamorado de las vastas extensiones de agua azul, de los secretos escondidos en las profundidades del mar y los horizontes sin límites que prometían aventuras y nuevos descubrimientos.

Finalmente, solo unos pocos sabios y sacerdotes, los más nostálgicos, decidieron regresar a Egipto. Agradecidos por el gesto de Tutankamón y el rey de Tiro, volvieron, llevando consigo los escritos y conocimientos que habían preservado y enriquecido en Canaán.

La nueva capilla construida en honor a Thot no pudo igualar la magnificencia del antiguo templo y a pesar de sus buenas intenciones, dada su corta vida, el joven faraón, nunca lograría verla concluida.

Los egipcios adoptaron el sistema de medición del tiempo de 24 horas, basado en la rotación completa de la Tierra, y lo utilizaron para organizar sus actividades diarias y rituales religiosos.

La medición del tiempo se convirtió en una herramienta esencial para su sociedad, debido a la estrecha relación con el Nilo y la gran dependencia que tenían de su generosidad, para con la agricultura y la vida cotidiana.

La investigación de la medida de los ciclos del tiempo continuó, inicialmente desarrollando un calendario basado en la observación del Sol y las estaciones, por lo que dividieron el año en 12 meses de 30 días, para un total de 360 por año.

Este calendario, aunque reflejaba aproximadamente el tiempo que tardaba la Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol, tenía una desviación con respecto al año solar real, aproximadamente de 5.26 días.

Con el tiempo, los egipcios notaron que el calendario astronómico y el calendario solar no estaban en sincronía, por lo que surgieron problemas para planificar adecuadamente las temporadas agrícolas y los rituales religiosos.

Para corregir esta discrepancia y mantener la alineación con los ciclos celestiales, introdujeron cinco días adicionales al final del año, llamados "días epagomenales", que no pertenecían a ningún mes en particular.

Estos días se asociaron con deidades egipcias y se consideraron de importancia ritual y espiritual.

A partir de esto, los años empezaron a ser de 365 días, con la posterior adición del día bisiesto cada 4 años, tal como en nuestro calendario actual.

Capítulo II III. El Reloj de Sennefer.

En las tierras de Canaán, los sabios y sacerdotes exiliados, liderados por Sennefer de Menfis, continuaron con su búsqueda de conocimiento y sabiduría.

La fascinación de Sennefer por el tiempo no disminuyó, y se dedicó a estudiar los cielos y los astros, así como las estaciones y los ciclos naturales que influían en la vida cotidiana de los fenicios.

Durante las fiestas en honor a Baal, a pesar de los gruesos muros del palacio, Sennefer no lograba concentrarse con tanta algarabía.

Sus años en Tiro y el contacto con tantas culturas y civilizaciones a lo largo de sus viajes, le habían cambiado profundamente en sus creencias, convirtiéndole en alguien completamente agnóstico, por lo que rechazó la invitación de su esposa Elissa para unirse al jolgorio y prefirió salir de la ciudad junto con su hijo Hiram, para ver las obras en el puerto.

Al llegar a la construcción del nuevo Muelle, Hiram advirtió a su padre que uno de los sacos de arena estaba roto y que poco a poco se estaba vaciando sobre las rocas del acantilado...

Ambos se quedaron en silencio, viendo como la arena fluía lentamente por una pequeña abertura, a lo que el joven Hiram afirmó: (viendo como la arena se deslizaba sobre las rocas) se me parece a tus relojes de agua padre...

¡Sabio eres hijo mío! Respondió Sennefer.

Tras esta inspiradora señal, Sennefer ideó un nuevo dispositivo para medir el tiempo, basado en los relojes de sol y agua, inventados por el antiguo maestro Thutmose.

Este nuevo artefacto, lo llamó reloj de Arena, a secas, tal y como le llamamos en la actualidad, pues no quería entrar, según él, en rimbombancias teológicas como sus antepasados.

El Reloj de Arena ideado por Sennefer consistía en dos recipientes de cristal unidos por un estrecho tubo.

Uno de los recipientes estaba lleno de arena fina, mientras que el otro estaba vacío.

Al darle la vuelta al reloj, la arena comenzaba a fluir lentamente a través del tubo de un recipiente al otro.

Sennefer ajustó cuidadosamente la cantidad de arena y el tamaño del tubo para que el tiempo que tardara en vaciarse completamente coincidiera con un intervalo específico, como una hora o un día.

El Reloj de Sennefer se convirtió entonces en una herramienta invaluable para los fenicios, ya que les permitía llevar un registro más preciso del tiempo durante sus expediciones comerciales y marítimas.

También lo utilizaron para medir el tiempo en festividades, actividades agrícolas y otras tareas cotidianas.

El legado de Sennefer y su Reloj de arena se extendió mucho más allá de las tierras de Canaán.

La invención del reloj de arena tuvo un impacto significativo en la medición del tiempo en muchas culturas antiguas y medievales, y su uso persistió durante siglos hasta la invención de relojes mecánicos más precisos.

Capítulo III III. El Calendario Fenicio.

Cada civilización encontró su propia manera de medir el tiempo y ajustarse a los cambios del mundo que les rodeaba.

Sin embargo, cabe resaltar a los fenicios, que si bien, inicialmente fueron alumnos de los egipcios, en el arte de la medición del tiempo, perfectamente se ajustan dentro del viejo adagio que reza: “los alumnos superan a sus maestros”.

Los fenicios, como expertos navegantes y comerciantes que dependían del conocimiento preciso del tiempo y la posición en el mar, se enfocaron en el estudio detallado de los ciclos lunares para desarrollar su calendario.

Observando los cambios en las fases de la luna, determinaron que un mes lunar duraba aproximadamente 28 días.

Basándose en esta medida, conformaron un calendario de 13 meses de 28 días lunares, lo que resultaba en un total de 364 días al año.

No obstante, con 364 días, el calendario fenicio aún tenía una desviación aproximada de 1,26 días con respecto al año solar real.

Para resolver esta discrepancia y mantener la precisión, introdujeron una "semana bisiesta" cada 5 años.

Esta semana adicional de 7 días permitía que su calendario se ajustara al ciclo solar con mayor exactitud.

Debido a la importancia de la navegación y el comercio en su estilo de vida, la cultura fenicia se expandió por latitudes y longitudes más amplias que ningún otra en su época, haciendo que su calendario evolucionara de forma tal, que luego demostraría incluso ser más preciso que el egipcio, para la medición de los ciclos celestiales, con una alineación más cercana a las estaciones y eventos astronómicos.

Extraordinario perfeccionismo y atención por los detalles, nunca antes vistos, logrando así un manejo del tiempo aún insuperable hoy en nuestros días.

Así, mientras los egipcios encontraron una solución práctica para ajustar su calendario con la introducción de días epagomenales, los fenicios adoptaron un enfoque más riguroso, basado en el estudio de los ciclos lunares, por su imperante necesidad de mantener una mayor precisión, en sus travesías por los mares, ¡e incluso el mismo océano atlántico!

- Números Fenicios

Analizando los números fenicios vemos que algunos números tienen una configuración similar a los números en el francés actual, donde, por ejemplo: ochenta se dice quatre-vingt (cuatro veces veinte) y noventa quatre vingt dix. (cuatro veces veinte más diez).

- Calendario Fenicio