El Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales (Academia Darkblood 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

—Cillian, ¿se va a poner bien?

No podía dejar de temblar mientras iba de un lado a otro frente a la cama de Ryder, retorciéndome las manos.

El ángel estaba inclinado sobre él, inmóvil, mientras una luz cálida iluminaba la habitación oscura.

Ya había intentado curarlo varias veces con su luz, pero Ryder seguía con los ojos cerrados y parecía que respiraba con dificultad.

Al final, Cillian levantó la mirada, con el ceño fruncido.

—Pensé que mi luz angelical podría curarlo, pero no está funcionando —dijo, abatido. Sus alas se abrieron y una luz dorada empezó a brillar a su alrededor—. Voy a buscar el antídoto del que habló Luxora. Creo que sé dónde encontrarlo.

Levanté la vista hacia el reloj que había sobre la puerta y el corazón se me aceleró.

—Tienes que darte prisa, Cillian. No le queda mucho tiempo.

Asintió, con los labios apretados.

—Volveré lo antes posible.

Fue hacia la ventana, la abrió de un tirón y se lanzó. Desapareció en la noche.

Una corriente de aire frío entró en la habitación y se me pusieron los pelos de punta. Cerré la ventana, eché el pestillo y lancé un hechizo de protección, por si acaso. Luxora iba a volver; algo me lo decía. Lo sentía muy dentro de mí. Aquella noche solo era el principio.

¿Y Raine? ¿De verdad había estado trabajando para el Señor Oscuro todo ese tiempo? Cillian me había dicho que se ocuparía de ella en cuanto tuviera un segundo, pero me daba igual. No podía pensar en algo que no fuera Ryder. Sentía una ansiedad que me oprimía el pecho.

Volví a la cama y me acosté junto a él. Cillian tardaría en volver y no me importaba estar acurrucada con mi profesor. Le rodeé el torso con un brazo y me pegué a él.

Su olor a sándalo me llenó los sentidos y se me hizo un nudo en la garganta. No era justo. No podía perder a Ryder ahora, cuando por fin había decidido que quería intentarlo conmigo.

—Por favor, no me dejes —murmuré contra su pecho.

Noté cómo su corazón empezaba a latir más rápido.

—¿Ryder? ¿Me oyes?

Sus párpados temblaron y mi corazón dio un vuelco. Poco a poco, abrió los ojos. El negro abismal que tan bien conocía estaba apagado, pero seguía ahí. Soltó un leve gemido.

—Tranquilo, Cillian ha ido a buscar el antídoto. Te vas a poner bien. Todo va a ir bien.

Parpadeó y entreabrió los labios. Parecía que intentaba sonreír. Las lágrimas me corrían por las mejillas y escondí la cara en su pecho cálido.

—Yo...

Levanté la cabeza de golpe al oír su voz áspera.

—No, Ryder —dije, poniéndole un dedo en los labios—. Tienes que reservar fuerzas.

Le besé, y las lágrimas se mezclaron entre nosotros.

No entendía cómo podía estar pasando aquello. Pensaba que el veneno lo había dejado totalmente paralizado, pero quizá solo le afectaba del cuello hacia abajo. Sus labios apenas respondían, pero, aun así, podía sentir todo lo que había detrás de ese beso tan débil.

Al final me separaré. Debía descansar; no importaba lo que yo quisiera en ese momento. Le sujeté la cara con las manos y le acaricié la barba sedosa con el pulgar.

—Tengo muchas ganas de pasar las vacaciones de invierno contigo.

Sus ojos brillaron y aquel semblante triste pareció desaparecer por un instante.

—Luna, si pasa algo...

Tragó saliva. Apenas se le oía.

—No digas eso —susurré—. No va a pasar nada.

Sus párpados empezaron a cerrarse y entendí que estaba esforzándose por no dormirse.

—Shhh. Descansa.

Ryder me miró con un velo en los ojos y susurró:

—Te quiero, Luna.

Luego cerró los ojos. Y sentí que el corazón se me detenía.

—¡Ryder! ¡Ryder!

Apoyé la oreja en su pecho y solté un suspiro tembloroso.

Su corazón latía débil, pero latía. Le di vueltas a lo que había dicho, con las emociones a flor de piel.

¿De verdad acababa de decirme que me quería?

Miré su cara: sus pestañas negras, sus pómulos marcados y sus labios.

Se me hizo un nudo en el pecho. Creo que me enamoré de él desde el momento en que lo vi en Hitched .

Y luego volví a enamorarme cuando empecé a conocerlo de verdad.

—Yo también te quiero —susurré contra su camisa mientras me acurrucaba a su lado.

Debí de quedarme dormida, porque una ráfaga de aire helado me despertó y casi me hizo caer de la cama.

Cillian estaba de pie junto a la ventana.

Sus ojos azul cielo brillaban mientras observaba la situación incómoda en la que nos había encontrado.

O, mejor dicho, en la que me había encontrado a mí.

Ryder seguía completamente inconsciente.

Ignoré su mirada.

—¿Lo conseguiste?

—Sí.

Cillian suspiró y sacó un pequeño frasco del bolsillo interior de la chaqueta. Sentí tanto alivio que toda la tensión fue desapareciendo de mis hombros.

—Menos mal.

Pasó deprisa y se sentó junto a Ryder. Le abrió la boca y le vertió el contenido del frasco.

—Traga, sobrino.

Le pasó la mano varias veces por la garganta hasta que vimos que tragaba. Nos quedamos en silencio, tensos y observando sus latidos. Deseé con todas mis fuerzas que abriera los ojos.

—¿Debería hacer efecto enseguida?

—Sí.

Pasó otro minuto y me senté junto a él, al otro lado de la cama. Notaba la mirada de Cillian en la nuca, pero no me importaba. En ese momento, me daba igual lo que pensara.

Cogí la mano de Ryder y la apreté, concentrándome en nuestro vínculo mágico. Lo notaba. Era débil, pero seguía ahí. Ryder entreabrió los labios y suspiró lentamente. El vínculo reaccionó al instante. Lo sentí latiendo. Una chispa de energía recorrió el lazo que nos unía.

—¿Ryder?

Sus párpados temblaron antes de abrirse. Contemplé la negrura de sus ojos.

—Luna.

Su voz ronca hizo que mi corazón se acelerara. Esbozó una pequeña sonrisa y sentí un vuelco en el pecho. Respiré hondo mientras sus dedos se entrelazaban con los míos.

¡Qué alivio!

—Gracias a Dios que estás bien.

—¿Cómo te encuentras?

La voz de Cillian fue lo único que me impidió lanzarme sobre Ryder.

—Como si me hubieran arrastrado por los seis niveles del inframundo —masculló.

Cillian sonrió.

—Entonces me alegra saber que estás mejor.

Ryder intentó incorporarse, pero lo empujé suavemente hacia atrás.

—Tienes que descansar, Ryder —dije—. Podrías haber muerto.

La voz me temblaba. Él negó con la cabeza; tenía una expresión tranquila.

—Nah —sonrió—, hacen falta más cosas para acabar conmigo.

Ryder desvió la mirada hacia Cillian y se le tensó la mandíbula.

—Fue Luxora desde el principio —dijo—. Su oráculo vio a Luna en una visión o, al menos, cree que era ella. No va a parar hasta atraparla, tío.

La boca de Cillian se tensó.

—Entonces tendremos que impedirlo.

—Kimmie-Jayne dijo que las visiones podían ser engañosas —intervine—. Me advirtió que podían cambiar y que no debíamos interferir en el futuro.

Ryder y Cillian se miraron como si supieran algo que yo no, pero ninguno dijo nada.

—¿Qué?

—Puede que Kimmie-Jayne también haya visto algo —dijo Cillian—. No me dio detalles, pero fue una de las razones por las que te trajeron aquí.

¡Lo sabía!

Ryder se incorporó, y esta vez yo estaba demasiado alterada para detenerlo.

—Quizá ahora nos diga algo más, ya que el oráculo confirmó lo que sospechaba.

—No sabemos si han visto lo mismo.

—La única forma de saberlo es preguntándoselo —lo interrumpí.

Cillian asintió.

—La llamaré mañana temprano —dijo, y señaló la puerta con la cabeza—. Ya es tarde y los dos necesitáis descansar. Vamos Luna, te acompaño a tu habitación.

No me moví. No quería soltar la mano de Ryder.

—Esta noche no, tío —dijo él—. Luna se queda conmigo.

Le lanzó al ángel una mirada severa que me habría hecho temblar si hubiera sido para mí.

—Ryder...

—No me fío de Luxora; sigue rondando por ahí —dijo— y no te estoy pidiendo un favor.

—Pero las normas...

Ryder levantó la mano para interrumpirlo.

—Ya ha pasado la medianoche y, técnicamente, no hay clases —dijo—. Luna se queda aquí esta noche, y no voy a hablar más del tema. Buenas noches, Cillian.

El ángel sacudió la cabeza y murmuró algo para sí mismo. Parecía frustrado.

—Tened cuidado los dos —dijo Cillian, antes de cerrar la puerta.

No pude evitar soltar una risita.

—Vaya, has sido contundente —dije.

Ryder me cogió suavemente del brazo y me acercó a su pecho. Me acurruqué contra él.

—Te secuestraron y yo podría haber muerto. Ni de broma voy a perderte de vista esta noche. Ni esta noche ni en mucho tiempo.

Aquello me sacó una sonrisa tierna, pero escondí la cara en su cuello. Todo parecía irreal.

—Aunque mañana me voy con Cinder a pasar las vacaciones de invierno a Draeko, y se suponía que tú ibas a ir al Inframundo.

—Bueno, pues ese viaje se cancela —dijo Ryder—. Ahora que sabemos lo de Luxora, lo importante es que estés a salvo. Hablaré con Fenix y Flare, y veremos qué hacemos.

Sus brazos me apretaron más y levanté la mirada para encontrar la suya. ¿De verdad me había dicho que me quería? ¿Lo sentía de verdad o era por culpa del veneno?

Ryder se acercó poco a poco. Sus ojos abismales no se apartaban de los míos. Me besó lentamente, apenas rozando mis labios. Un momento después, nuestras lenguas se encontraron y sentí una llamarada en mi cuerpo. El beso se volvió urgente enseguida.

Me giré hasta quedar encima de él. Le rodeé el cuello con los brazos, le quité la camisa y la tiré al suelo.

Pasé los dedos por los tatuajes negros en espiral que le cubrían el pecho y bajaban por sus abdominales.

Por todos los demonios, era un hombre perfecto.

Cada línea y curva de su torso parecían esculpidas.

Él me sujetó la cara y acercó sus labios a los míos.

La dulzura había desaparecido. Lo único que quedaba era un anhelo desesperado que reflejaba el mío.

Me balanceé contra sus caderas mientras el fuego abrasador crecía dentro de mí.

Con lo que había pasado aquel año, lo único que quería era escapar, perderme en Ryder y en sus labios.

Mi mano bajó hasta su cintura y entonces él gimió contra mi boca.

—Luna...

—Por favor, Ryder —supliqué—. Déjame olvidarlo todo esta noche.

Ryder se mordió el labio y me lanzó una mirada tan intensa que encogí los dedos de los pies.

—No sabes cuánto he deseado esto, Luna, pero...

—Dijiste que querías intentarlo conmigo, ¿no?

—Claro que quiero. Más que nada en este mundo —dijo Ryder, besándome otra vez—. Pero nunca he sentido algo así y no quiero estropearlo antes de empezar. Debo controlarme...

—No lo vas a estropear nada.

Agarré su mano y la puse en mi pecho. Mi corazón latía con fuerza.

—¿Lo notas?

Él asintió.

—Yo quiero esto, Ryder. Te quiero a ti.

Ryder retiró la mano y me acarició la mejilla con el pulgar.

—Te quiero, Luna. Te quiero. He intentado resistirme durante mucho tiempo, pero ¿para qué luchar contra algo así? —dijo con sinceridad— Sé que no te merezco y, después de lo que te he hecho pasar, no espero que sientas lo mismo que yo. Pero es que necesitaba decírtelo.

Sentía que me faltaba el aire y que el corazón se me salía del pecho.

—Claro que te quiero —dije—. Quiero al demonio del que me enamoré en Hitched y al Ryder en carne y hueso, el que está conmigo desde el principio, protegiéndome y enseñándome.

Le sujeté la cara con las manos y acerqué mis labios a los suyos.

El calor me recorrió el cuerpo mientras nos besábamos con más intensidad.

Me quedé tumbada boca arriba, debajo de él.

Sus brazos me rodeaban y nunca me había sentido tan segura ni tan convencida de algo en toda mi vida: amaba a Ryder y él me amaba a mí.

No importaba que un oráculo hubiera predicho un futuro imposible ni que Luxora viniera a por mí.

Lo que importaba era aquello mismo: sentir los labios de Ryder y los latidos de su corazón contra el mío.

Me dejé llevar mientras Ryder besaba mi cuello y mi clavícula, haciéndome estremecer. Luego le rodeé las caderas con las piernas. Ya no soportaba la distancia entre nosotros.

Quería —no, necesitaba— sentirlo por completo. Mientras nos quitábamos las últimas prendas, eché la cabeza hacia atrás y me encontré con la mirada apasionada de Ryder.

—Siempre voy a quererte —susurró junto a mis labios.

—Siempre —respondí.

Antes de que terminara de decirlo, Ryder volvió a besarme y gemí de placer. Todo lo demás dejó de importar. Solo estábamos Ryder y yo, y el fuego que había entre nosotros.