Capítulo 24
Dejé el lápiz sobre el pupitre, cogí el examen y corrí al escritorio del profesor Arcana.
—¡Terminado!
Le entregué el último folio de la semana, notando que me ponía contentísima.
—Muy bien, señorita Hallows —sonrió el profesor Arcana—. Los resultados se publicarán al final de la semana. Te deseo unas felices vacaciones de invierno.
—¡Gracias, igualmente!
Cinder levantó la vista cuando pasé a toda velocidad para recoger mis cosas. Tenía el ceño fruncido porque estaba especialmente concentrada.
—Nos vemos después de clase —le susurré lo más rápido que pude.
Ella asintió y volvió a inclinarse sobre el examen.
Salí al pasillo, que estaba a rebosar de estudiantes. La emoción se notaba en el ambiente. Era una de las pocas cosas en las que coincidían todas las especies sobrenaturales: la típica euforia por haber terminado los exámenes y lo que eso significaba: vacaciones de invierno.
Hasta entonces, había aprobado todas las asignaturas y creía que también me había ido bien el último examen, el de Hechicería.
Al día siguiente tocaba el baile de fin de curso y, luego, Cinder y yo pasaríamos dos meses de vacaciones en Draeko.
Me había invitado K.J. y me hizo muchísima ilusión.
De lo contrario, habría tenido que pasar las vacaciones sola en Darkhen.
—¿Qué tal te ha ido? —preguntó Drake.
Él y Triston se acercaron y caminaron a mi lado mientras nos abríamos paso entre la gente.
—¡Bien! —dije, animada— Estoy convencida de que he aprobado.
—Perfecto —replicó Triston, con los ojos ámbar brillantes, llenos de ilusión—. Tengo unas ganas que me muero de salir esta noche.
Aquella noche habría luna llena y siempre sabía cuándo a Triston le entraban ganas de cazar.
—¿Vas a salir con la manada esta noche?
El chico asintió y, por un momento, me recordó a un cachorro emocionado.
—Así que ya lo sabes —añadió—, que no se te ocurra meterte en el bosque esta noche.
—Por favor, ya aprendí la lección la primera vez —dije—. No volveré a cometer ese error.
Triston no paraba de moverse y hasta a mí me contagiaba sus ganas de transformarse.
—Bueno, me voy, chicos. Nos vemos mañana por la noche en el baile.
—¡Que te lo pases bien! —grité mientras se alejaba casi dando saltos por el pasillo.
Yo también sentía esa inquietud. Con Garrix desaparecido por asuntos presidenciales, llevaba semanas sin cambiar de cuerpo. Lo echaba de menos y eso me asustaba.
—A veces lo noto —dijo Drake, acercándose un poco más.
—¿Notar qué?
—Cuando te entran ganas de cambiar de cuerpo.
—¿En serio?
Asintió.
—Es parecido a lo que sentimos cuando Triston tiene ganas de transformarse o cuando Scarlett necesita alimentarse.
Sabía exactamente a qué se refería.
—¿Crees que los demás también lo notan?
—Probablemente, pero como no saben que esa es una de tus habilidades —supuso Drake—, tampoco son capaces de entender lo que sienten al cien por cien.
—Hablé con Ryder sobre contarle el secreto al resto del equipo —confesé—. Dijo que lo hablaría con Cillian, así que quizá pronto todos lo sepan.
Drake puso una cara escéptica.
—Lo dudo. Ryder nunca se arriesgaría a que le pasara algo a su mascotita humana.
Le di un pequeño puñetazo en el hombro y los nudillos se me resintieron. No fue tan doloroso como golpear a Ryder, pero Drake también estaba bastante fuerte.
—Yo no soy su mascota —me quejé.
—Tengo motes más originales, si quieres oírlos.
Sonrió con aire bromista.
—No, gracias. Prefiero no saberlos.
Sacudí la cabeza mientras seguíamos caminando. Ni siquiera quería pensar en lo que él opinaba sobre Ryder y yo. El príncipe de hielo era demasiado perspicaz.
Era hora de cambiar de tema.
—¿A quién vas a llevar al baile?
—A nadie. Llevar a una chica al baile es algo serio. Prefiero ir solo y ahorrarme el drama.
No pude evitar reírme.
—Qué duro tiene que ser ser tú, Drake.
—Desde luego, no es fácil —contestó él, orgulloso—. ¿Y tú? ¿Vas a llevar al vampiro al baile?
El sonido de unos pasos apresurados nos hizo girarnos y cortamos la conversación. Cinder apareció dando saltitos por el pasillo con una sonrisa enorme.
—¡Hemos terminado! ¡No me lo puedo creer!
Me envolvió en un abrazo y las dos dimos vueltas en círculo mientras nos reíamos.
—Y esa es mi señal para irme —dijo Drake—. Nos vemos mañana por la noche, señoritas.
Siguiendo nuestra tradición para el baile de Darkhen, Cinder y yo nos arreglamos juntas en mi habitación la noche siguiente. A Scarlett nunca le había gustado mucho eso de arreglarse, así que tener una persona más no hizo que compartir el baño fuera mucho más complicado.
Además, necesitaba apoyo para aguantar las miradas de odio de Raine. Me puse al lado de mi compañera de habitación, la bruja, frente al doble lavabo mientras ella se ponía rímel. Su vestido verde ajustado resaltaba el color de sus ojos y su melena larga, con reflejos rojizos.
Se giró de golpe cuando nos miramos en el espejo y casi me da con el brazo en toda la cara.
—Raine, espera.
Estaba harta de esta pelea absurda entre nosotras. Ryder tenía razón: no era bueno para el equipo. Se volvió hacia mí y me miró fijamente, con las manos apoyadas en las caderas.
—¿Qué?
—¿Qué tengo que hacer para que entiendas que no hay nada entre Drake y yo? No quiero terminar nuestro primer año así. Creía que este semestre estábamos llevándonos bien.
—Convénceme, Luna —dijo—. Porque cada vez que te veo, lo único en lo que pienso es en los labios de Drake sobre los tuyos delante de toda la academia y de la Corte de Invierno.
Entonces, de repente, lo entendí.
—¿Y estás tan enfadada por eso? ¿Porque todos los nobles feéricos lo vieron?
A Raine se le hundieron los hombros y parte de la rabia desapareció de su cara.
—Sé que Drake está prometido con la princesa de la Corte de Primavera —dijo—.
No soy estúpida. Pero llevamos dos años viéndonos de vez en cuando y siempre nos ha mantenido en secreto ante los demás feéricos.
Y luego va y te besa así, delante de todo el mundo...
—negó con la cabeza y apretó la mandíbula— Sentía que estabas ocupando mi lugar.
Di un paso al frente y le agarré los antebrazos.
—Todavía puedes ser tú, Raine —le dije—. Te juro que no hay nada entre nosotros, de verdad. Drake Wintersbee no me interesa en absoluto.
Raine me quitó de encima y se cruzó los brazos.
—Ya veremos, Luna —replicó, muy seria—. Se te olvida que todos estamos vinculados. Puede que seas tú la que no conoce a Drake tan bien como yo.
Acto seguido, se giró y se fue. Sus palabras me habían dejado de piedra. Yo no había notado nada romántico a través del vínculo; de hecho, me costaba bastante percibir sus emociones.
—¿Ya estás lista? —gritó Cinder desde mi habitación.
—Sí, salgo en un segundo.
Me quité aquello de la cabeza y terminé de maquillarme.
El vestido negro de cuello halter que Cinder había elegido para mí era nada menos que de Skye Lair, en Draeko.
Esa chica tenía más vestidos de diseño de los que podría usar en toda una vida.
Después de ponerme un poco de brillo de labios, me miré en el espejo y sonreí.
La señora Sanderson, del Hogar Astor, nunca me habría reconocido.
Cuando salí de la habitación, Scarlett silbó.
—¡Vaya, estás guapísima, Luna!
—Gracias —sonreí—. Pensé que te gustaría el color.
Scarlett iba, como siempre, vestida de negro. Llevaba un vestido ajustado de estilo victoriano, con mangas largas de encaje y cuello alto. Le quedaba de maravilla.
Cinder dio una vuelta sobre sí misma y su largo vestido rosa flotó a su alrededor.
—¿Crees que a Raf le gustará?
—Creo que le gustarías aún más sin él —dije, guiñándole un ojo a mi amiga. Entonces noté que las mejillas se le iban poniendo del mismo color que el vestido.
—¡Ay, ya vale!
Scarlett no pudo evitar hacer un gesto sarcástico.
—No olvides que estamos atadas, Cinder. Antes o después nos enteramos de ciertas cosas.
Cinder puso cara de asco, como si estuviera a punto de vomitar.
—No la asustes, Scarlett —le recriminé. Me volví hacia mi amiga, que estaba cada vez más pálida—. Ya se nos da bastante bien bloquear lo que hacen los demás.
—Ah, menos mal, porque tengo ganas de que llegue esta noche —dijo con un tono travieso. Suspiró aliviada—. Raf madruga para entrenar y nunca se queda a dormir, así que esperaba...
—Disfruta de tu noche de amor angelical, guapa —dijo Scarlett—. Las demás lo bloquearemos mientras nos divertimos con nuestros planes —luego se volvió hacia mí—. Yo tampoco pienso volver a la habitación esta noche, por si tú tienes algo que hacer.
Negué con la cabeza sin dudarlo.
—Nop. Esta noche mi único plan es acurrucarme con la manta.
Cinder me dedicó una sonrisa cómplice.
—Ya veremos. Conozco a alguien que tiene facilidad para besarse con alguien en los bailes.
La miré ofendida. Seguía siendo la única que sabía de mis encuentros esporádicos con Ryder.
Scarlett se volvió hacia mí con los ojos muy abiertos.
—¿Quién? No puede haber sido Des; ni siquiera estaba aquí el semestre pasado. ¡Cuenta!
Justo entonces sonaron dos golpes en la puerta que me hicieron correr rápido y me libraron de las preguntas indiscretas de mi compañera de habitación.
—¡Ya voy!
Abrí la puerta y me encontré con un Raf guapísimo, enfundado en un esmoquin negro.
—Hola, Raf. Pasa.
—Estás muy guapa.
—Gracias, y tú también.
Su mirada pasó por encima de mi hombro hasta detenerse en Cinder. Al momento esbozó una enorme sonrisa que iluminó su rostro angelical. Cruzó la habitación y le entregó la bonita rosa que escondía detrás de la espalda. Ella se rio y le dio un beso tierno en la mejilla.
Madre mía, aquellos dos eran empalagosos y adorables a partes iguales.
—Bueno, no me vendría mal una copa —dijo Scarlett, pasando a toda prisa junto a mí.
—Te apoyo, compañera.
La seguí mientras Cinder y Raf salían detrás de nosotras.