Capítulo 23 #2
—Tuve que pedirle un favor al profesor Arcana.
—¿Abrió un portal a la ciudad?
—No, fui yo.
Fruncí el ceño.
—¿Te has tomado tantas molestias solo para traerme una pizza?
Ryder se encogió de hombros.
—No ha sido para tanto —dijo—. Además, siempre te quejas de lo mala que es la pizza feérica, así que pensé que te gustaría comer una de verdad esta noche.
—¿Y por qué tanta amabilidad? ¿Es mi última cena o algo así?
Sonreí, aunque seguía teniendo un nudo en el estómago. ¿De qué quería hablarme?
Ryder soltó una risita. Sus ojos oscuros brillaron con alegría.
—No, nada de eso. Te merecías darte un capricho y quería hacer algo especial por ti.
Me crucé de brazos y lo miré con recelo.
—Vale, ¿dónde está el verdadero Ryder? ¿Qué has hecho con él?
—Siéntate y sírvete antes de que se enfríe —dijo—. Yo voy a por las bebidas.
Ryder se dirigió a la cocina y yo me lancé sobre la caja gigantesca. Ya estaba babeando antes de darle el primer mordisco a aquella pizza rebosante de queso.
—Madre mía, qué buena está —gemí.
Ryder volvió con un vaso en cada mano y un gesto de satisfacción.
—Si hubiera sabido que una pizza bastaba para hacerte gemir —sugirió—, habría abierto un portal a la ciudad hace ya meses.
Tragué el enorme bocado y lo miré con expresión sarcástica.
—Muy gracioso.
Ryder sabía totalmente cómo hacerme gemir, y pensarlo hizo que me diera un escalofrío. Se sentó a mi lado en el sofá, me tendió un vaso y chocó el suyo con el mío.
—Salud. Por sobrevivir a tu primer año en la Academia Darkhen.
—No nos adelantemos. Aún no he aprobado —dije. Le di un sorbo a la bebida y arrugué la nariz—. ¿Champán azariano? ¿El señor está intentando emborracharme un día de clase?
—Solo es una copa para brindar.
Recordé la última vez que habíamos compartido aquella bebida que hacía que uno se soltara más. Habíamos acabado besándonos apasionadamente en mitad del pasillo de la academia.
Me pregunté si era Ryder quien intentaba relajarme a mí o si en realidad era él quien necesitaba calmar los nervios antes de aquella conversación. Más me valía sacar el tema del que quería hablar con él antes de que soltara la bomba que parecía estar preparando.
—He estado hablando con Drake y creo que deberíamos contar lo de mi parte bruja.
—¿Drake lo sabe?
Ryder abrió los ojos como platos, reflejando un abismo sin fin.
—No, no lo mío exactamente, pero sí sabe que Garrix es mi padre. Lo descubrió cuando me ayudaba a investigar mis tendencias oscuras. Ah, y sabe que puedo cambiar de cuerpo.
Ryder negó con la cabeza, murmurando algo para sí.
—No me gusta, Luna. Cuanta menos gente lo sepa, mejor.
—Pero es nuestro equipo, Ryder. Tenemos que depender los unos en los otros, ¿y cómo puedo pedirles confianza si llevo meses mintiéndoles? Además, ¿cuánto tiempo podremos ocultar el hecho de que puedo abrir portales? Si domino ese poder, ayudará al escuadrón.
—Tienes razón; sería un poder útil —dijo Ryder, mordiéndose el labio. Casi podía ver el humo que salía de su cabeza mientras maquinaba algo—. Lo hablaré con Cillian y te daré una respuesta. Pero, hasta entonces, esto es algo que debe quedar entre nosotros, ¿vale?
—Vale —dije entre dientes.
Sabía que convencerlo no iba a ser fácil, pero al menos Ryder se lo estaba planteando, así que ya era algo. Le di otro sorbo al champán. Él no dejaba de observarme.
—Bueno, el suspense me está matando —protesté, dejando a un lado el plato vacío, pero manteniendo el vaso bien sujeto—. ¿De qué querías hablarme exactamente?
Ryder soltó un largo suspiro y se volteó completamente antes de hablar.
—Es por Luxora. Está tramando algo gordo, según se rumorea en el Inframundo —dijo—. Me lo ha contado mi padre en persona, así que es de idiotas no tomármelo en serio. Después de lo que dijeron aquellos demonios que te atacaron en la ciudad, estoy preocupado.
El corazón me latió con fuerza y le di un trago a la bebida para calmar los nervios.
—¿Crees que viene a por mí?
—No lo sé —respondió Ryder con honestidad—, pero tengo que averiguarlo.
—¿Y qué piensas hacer?
—Quizá sea hora de hacerle una visita.
Aquella contestación no me gustó un pelo y me puse aún más nerviosa. La última vez que Ryder había ido al Inframundo, había estado fuera días, y yo casi no sobrevivo sin él. Me recordé que ahora las cosas eran diferentes. Yo ya no era débil ni indefensa. Estaría bien.
—Si crees que es la única manera…
—Creo que es nuestra mejor opción —asintió Ryder—. Quiero pensar que puedo llegar a algún entendimiento con mi hermana. O, al menos, averiguar qué se trae entre manos.
—¿Crees que confiaría en ti?
Se le ensombreció la expresión.
—Luna, hay cosas que no sabes de mi pasado. Ya te he dicho antes que no siempre fui bueno . Mi lado demoníaco se siente muy atraído por el poder que encarna Luxora —dijo, mirándome fijamente—. Digamos que ella y yo no siempre estuvimos en bandos opuestos.
—Ah.
La magnitud de sus palabras me golpeó como un mazazo. Sabía que había vivido en el Inframundo un tiempo, pero nunca le había preguntado qué había hecho allí. Siempre había sido muy evasivo. Ahora sabía por qué. Me aclaré la garganta y tragué saliva, titubeando.
—¿Y aun así te arriesgarías a ir a verla? —le pregunté.
Ryder puso su mano encima de la mía y me la apretó.
—Arriesgaría lo que fuera para mantenerte a salvo.
Al soltarme aquello, sintiendo el calor de su piel en mi piel, el corazón me dio un vuelco. No me lo esperaba.Llevaba tanto tiempo ignorando lo que sentía por Ryder y enterrándolo en lo más profundo de mi ser, que ahora todos esos sentimientos estaban a flor de piel. Susurré:
—No quiero perderte.
Ryder me contempló con sus ojos penetrantes y nocturnos.
—No vas a perderme, Luna. Te lo prometo.